Creatividad actualizada puede más que nostalgia retrógrada: Toy Story 4 triunfa sobre El rey león

A pesar de que el nuevo estreno de Disney tuvo un buen debut en los cines de nuestro país, los números de sus tres primeros días en cartelera quedaron por debajo de las expectativas. La anquilosada versión live action de "El rey león" no podrá soñar con empatar las cifras del vaquero Woody y sus aliados. Dos modelos dependientes de la factoría Disney enfrentados. Dos tipos de plateas diferenciadas: la atrapada en el pasado que aplaude el cuento conocido por el solo hecho de que vuelve a llorar igual que un cuarto de siglo atrás, y los espectadores más inquietos que no se conforman con ser tratados como entes receptores de una historia repetida. Quedar en el pantano de un esplendor que no tiene correlato con el presente, o abrazar la chance de renovar el pacto con el asombro.

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Disney conquista su año récord en Argentina

A través de diferentes compañías que dependen del dominio de Disney, el gigante del entretenimiento ha logrado colocar en Argentina las únicas seis películas que en lo que va del año han superado el millón de espectadores: Toy Story 4, Avengers: Endgame, Aladdin, Dumbo, Capitana Marvel y WiFi Ralph. Pero no solo eso. los dos títulos más vistos de 2019 hasta este momento son de Disney: el capítulo que cierra toda una era de Avengers ha superado los 3.900.000 espectadores, mientras que la producción de Pixar comandada por el vaquero Woody y sus aliados va camino a superar las 5.700.000 entradas vendidas. Además, Toy Story 4 logró desbancar hace más de una semana a Minions como la película más vista en la historia de los cines argentinos, un récord que El rey león según algunos pronósticos podría aspirar a homologar. Aunque a juzgar por la performance de taquilla en las salas nacionales durante sus primeros tres días en cartelera, parece que el rugido del felino no es lo suficientemente poderoso.

Obviamente, los números no son para nada malos. Las vacaciones de invierno están terminando en gran parte del país, mientras que en otra están en plena marcha o recién empezando, por lo tanto la versión live action del clásico del cine de animación podría amasar una buena cantidad de espectadores. De momento, según lo que reporta Ultracine, El rey león convocó entre el jueves y el sábado inclusive a 529.806 personas. Un debut considerable, aunque seguramente por debajo de las expectativas de mercado si tenemos en cuenta que el flamante tanque de Disney se está proyectando en 572 pantallas del país. En el mismo lapso, es decir en tres días, Toy Story 4 congregó a 1.177.339 espectadores, una cifra que está por encima del doble 

Más allá de que el exponente de Pixar tuvo a su favor el hecho de que se estrenó durante una jornada de feriado nacional como la del 20 de junio, las causas de su furor parecen remitir a algo más vinculado con su nobleza y actualización, más que a alguna estrategia de mercadotecnia.

Tanto el episodio fundacional de Toy Story como la película original de El rey león datan de la misma era, mediados de los '90. Pero mientras en el film de Pixar, la evolución tecnológica de la factura de animación va acompañada de una actualización en sus fórmulas narrativas y en su contenido ideológico, el refrito leonino solamente esgrime entre sus logros el ultra preciso trabajo visual, con una impronta tan detallada como realista. Aunque claro, eso no alcanza para dar con una buena película.

Atrapados en la nostalgia:

Varios teóricos sostienen que la diferencia entre el nostálgico y el melancólico radica en que el primero está anclado en una era de oro que quedó atrás en el pasado, mientras que el segundo observa con cierta añoranza algunos acontecimientos distantes en el tiempo, pero desde una perspectiva que siempre está ubicada en el presente. Los fans más incondicionales de El rey león están claramente dentro del club de los nostálgicos. Para ellos, el solo hecho de que la nueva versión del clásico de Disney los haya hecho llorar como cuando eran pequeños hace un cuarto de siglo, ya es motivo suficiente para alabar a un producto enarbolado desde las anquilosadas premisas de un sermón culpógeno repleto de "lecciones de vida", cuyo discurso atrasa más que el original de 1994. 

Interpelar al pasado para actualizar la mirada:

Es sabido que gran parte de nuestro paraíso sensible está relacionado con aquellas experiencias que nos gratificaron durante nuestra infancia y adolescencia. En el caso de las expresiones artísticas, en general no importa si tal película o tal disco fueron buenos en su momento, ni mucho menos si sobrevivieron dignamente al paso del tiempo. Sin embargo, es bastante triste asistir a un show en vivo de aquella banda de la que fuimos tan fanáticos y ver a sus integrantes en estado decadente. No precisamente por el envejecimiento físico, sino más bien porque suenan a una suerte de acto tributo de un esplendor que no tiene ningún tipo de correlato con el presente.

El rey león, aún con su ultra tecnológico despliegue de imágenes realistas, es un cover desganado de su versión original.  El director John Favreau había aprendido hace unos años el arte de actualizar un clásico como El libro de la selva, con algunos oportunos giros narrativos con respecto a la versión animada de 1967 y una hipnótica atmósfera de tono sombrío. Sin traicionar la esencia del relato original, Favreau supo recrear en ese caso una joyita. En cambio con el hito que quedó inmortalizado por éxitos como Hakuna matata, no logró remover absolutamente nada. Un ejercicio totalmente mecánico de melancolía. Un producto a la medida de aquel sector de la platea mundial que escapa de lo novedoso con una mezcla de temor y rechazo.

Toy Story 4 en cambio, logra potenciar sus logros del pasado a través de una mirada emplazada en el presente. Comprende que se puede ser fiel al universo lúdico que trazó su eslabón inicial de 1995, que además fue la primera película de la historia del cine realizada completamente por animación digital, y aggiornar su contenido para no atrasar en el tiempo e invitar a su público a actualizar su mirada con planteos que van más allá del cuentito conocido. De hecho, sobre su cierre se atreve a colocar al vaquero Woody frente al desafío de un rotundo cambio de paradigma. 

Una buena para Argentina: el asombro factura más que la fotocopia

De momento, los números de Toy Story 4 enfrentados a los de El rey león, muestran en nuestro país una tendencia del público a abrazar aquello que le dio una gratificación en el pasado, pero que también depara alguna sorpresa en el presente. En un contexto industrial en que el cine apuesta cada vez más a la fotocopia desteñida, que la gran platea argentina se haya volcado masivamente al cuarto capítulo de la entrañable saga de juguetes, habla de una saludable inquietud. Millones de almas que vuelven a depositar su confianza en sus admirados personajes, no solo para que los traten como entes receptores de una historia repetida, sino para que les brinden la chance de renovar su pacto con el asombro. Así, mientras El rey león funciona como una cápsula estática de un pasado que fue, Toy Story 4  coquetea con la melancolía para finalmente darle al espectador una fresca bocanada en la que confluyen la remembranza y la expectativa.

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