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“X-Men: Días del futuro pasado”, volviendo a las raíces

En la entrega más ambiciosa de la saga, todos los mutantes vuelven para evitar su propia extinción en un futuro apocalíptico.
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X - Men: Días del futuro pasado fue la película más visto de la semana, con lo que no sólo salda una deuda económica de producción, sino también una histórica con uno de los cómics más importantes de las últimas décadas.

 El film de los mutantes logró récords de ventas en las taquillas de Estados Unidos, Argentina y Mendoza, convirtiéndose en uno de lo estrenos más exitosos del año.

Estamos ante la séptima entrega de la franquicia basada en los populares personajes creados por la editorial de cómics Marvel en la década del sesenta. También es la más cara hasta el día de la fecha, con un presupuesto que ronda los 275 millones dolares, debido al gran trabajo en efectos especiales que demandó de parte de la empresa Digital Domain.

Dirigida por Bryan Singer (que llevó al grupo mutante al cine por primera vez en el 2000), el nuevo film logra poner en escena a un elenco de 22 personajes centrales. Reuniendo a figuras de la primera trilogía ( Hugh Jackman, Patrick Stewart e Ian McKellen) con las de la precuela X-Men: Primera generación (Michael Fassbender, James McAvoy y Jennifer Lawrence).

Con un guión muy sólido, acción para todos los gustos, escenas formidables (como el rescate de Magneto en el Pentágono, donde Quicksilver supera todas las expectativas), no pierde las referencias políticas en torno a las luchas por los derechos civiles, idea básica y solapada que cimenta la trama de los mutantes desde que los creó Stan Lee, en los sesenta.


X Men: Días del futuro pasado nos presenta una historia que se desarrolla en un futuro apocalíptico en el que la raza mutante está siendo exterminada o sus miembros están confinados en campos de concentración. Ante este contexto desalentador, un grupo de mutantes sobrevivientes decide enviar al pasado al personaje de Wolverine (Hugh Jackman).

El objetivo es cambiar el curso de la historia. Se entiende que la idea de los viajes en el tiempo es modificar lo establecido en el presente. Si este presente es apocalíptico, no queda otra alternativa que volver al pasado y solucionar “eso” que generó el caos en la realidad actual.

En ese pasado, ambientado en los años setenta, Wolverine se reunirá con unos jóvenes Charles Xavier (James McAvo), Magneto (Michael Fassbender) y Mystique (Jennifer Lawrence). Allí descubrirá que el gobierno norteamericano se siente amenazado por los mutantes y necesita una solución definitiva para esta problemática. Entonces, recurre a un científico, Bolivar Trask ( Peter Dinklage), quien desarrollará el arma perfecta, los temibles “centinelas”. Invento que solucionará en parte el problema inicial, para generar un verdadero caos mundial en el futuro.

Esta entrega va a dejar todo “armadito” para un nuevo capítulo de la saga en 2016, X-Men: Apocalipsis (durante los créditos finales de X-Men: Días del futuro pasado hay un avance especial de lo que vendrá). Pero también se sumarán dos spin-off ya anunciados, una tercera película sobre Wolverine para 2017 y la primera sobre Gambito, otro personaje del cómic original.

X-Men: Días del futuro pasado tiene la oportunidad de redimir todos los errores que la franquicia de Fox en la pantalla grande tuvo durante esta última década. En algún sentido, creo que esa es la gran razón de ser del film, poder amigarse con un público que, en algún momento, dejó de lado una de las historias más importantes de la cultura popular de las últimas décadas... y los realizadores cumplieron, la deuda quedó saldada.