Los gestos de la Selección argentina llaman la atención sobre un cambio cultural
Desde hace un mes, no se habla de otra cosa que de fútbol. Y la intensidad fue subiendo con el paso de los días. Más aun, esta semana en la que Argentina ganó la semifinal y espera para enfrentar a Francia en el último match del Mundial de Qatar 2022. Entre todo lo que se dijo, desde las costumbres del país musulmán hasta las vidas que se cobró la organización de esta copa del mundo en suelo qatarí, pasando por formaciones, camisetas y jugadas, claro está.
Pero ya pasada la fase de grupos y luego de escuchar en múltiples ocasiones las declaraciones de los jugadores de la Selección argentina algo llamó la atención de los más observadores: las formas que el equipo capitaneado por Lionel Messi elige para comunicarse, los modos que tienen de expresarse y la naturalidad con la que dejan al descubierto aspectos de la vida cotidiana que en otro momento hubieran sido tabú.
"La Selección más deconstruida de la historia", comentó alguien en Twitter como respuesta a un mensaje en el que alguien compiló expresiones de cariño de los jugadores entre sí bajo el título de "homoerotismo". Los textos están entre los comentarios a un posteo de Emiliano Martínez, el Dibu, que celebra haber llegado a la final del Mundial de Qatar 2022.
Las reacciones son las esperadas: mucho aliento, muchas palabras de amor y un mundo de corazones, un emoji clásico en Instagram. Sin embargo, lo que parece tan habitual en redes sociales no lo es en la vida cotidiana (o no hasta ahora, al menos). Pasaron apenas unos años desde que los estudiosos del fútbol caracterizaran ese deporte como machista, homofóbico y racista. Pero, a juzgar por los hechos, algo está cambiando.
Hace años, justificando haber elegido el fútbol como materia de análisis de la sociedad, Pablo Alabarces --licenciado en Letras, magister en Sociología y cultura y doctor en Filosofía- decía que "el fútbol ocupa un lugar central en la vida cotidiana, en la subjetividad, en la sociabilidad, en la economía y en la política". Teniendo esto en mente es esperable que si hay cambios sociales se vean en el ámbito futbolístico.
El psicólogo Miguel Espeche reconoce que la idea de que los hombres no expresan sus emociones tiene cierto asidero. "Una proporción importante de hombres no se expresa mucho", dice y agrega: "No siempre se trata de una cuestión patológica o una mala funcionalidad, sino más bien con experiencias que ha tenido". Para ejemplificar, prefiere una escena macro. "La humanidad ha tenido muchas guerras en las que los hombres fueron protagonistas y en ese contexto expresar emociones no era lo adecuado", señala y acota: "Ahora los contextos sociales y culturales se modificaron y se abre el camino hacia una mayor expresividad emocional sin que ello obre en detrimento de otras actividades masculinas. A eso se suma que hombres y mujeres solapan tareas mucho más que antes y eso hace que se mezclen más las idiosincrasias y eso también abre en beneficio de la expresividad".
Sostiene que "ha habido una legitimación del mundo expresivo". Y, en esta línea, destaca que "la masculinidad no se ve ya tanto en términos de beligerancia o capacidad de blindaje sino de ductilidad y funcionalidad en otras áreas que no están ligadas a la hipercompetencia o a la demostración de dominio sobre los demás. Eso ha permeado en muchas capas y se ha traducido en que un hombre pueda decir lo que siente sin que se vea menoscabada su identidad".
Cree que esto es clave y es lo que está impactando en la sociedad y, por supuesto, también en la Selección argentina. "También se comprueba que pudiendo expresarse emocionalmente muchas veces la persona mejora su performance, como está pasando en el medio futbolístico donde los muchachos de la Selección argentina se expresan afecto y emociones, hablan de su mundo emocional, y eso -al revés de lo que se hubiera pensado- desata la energía como para que pueda mejorar el desempeño".
"Se ha visto que la expresión adecuada de las emociones potencia a los varones en su actividad", remata Espeche reforzando la idea de que, más allá de ser un reflejo de un cambio social, la forma en la que los jugadores expresan sus emociones y se expresan afecto tiene un fuerte impacto en su desempeño.

