Comida cosmética: belleza que se come
A las pruebas me remito al decir que hoy por hoy la ciencia, la alimentación y la belleza generan un vínculo cada vez más fuerte. Pruebas de laboratorio intentan dilucidar los efectos que generan los diferentes nutrientes sobre las células de la piel... y se encuentra ahí, a la orden del día.
Algunos alimentos desempeñan un papel fundamental: entregan al organismo elementos activadores de enzimas o sustancias, aseguran el mantenimiento de la elasticidad y de su función de barrera protectora y reparadora. De ahí la importancia en preservar el "pool" de nutrientes de la piel y sustancias elementales que la componen, esas que se ven claramente disminuidas por la edad, las agresiones externas y, por supuesto, las dietas carentes, desequilibradas o deficientes.
Lo decía la abuela: "De lo que se come, se cría". Lo que no hace referencia a que todo lo que se come es bueno, o que hay que comer un poco de todo. Un rastreo por los supermercados nos llenaría la cesta de marcas enriquecidas para mantener la juventud y la belleza: yogures con fibras y bacterias con efectos asombrosos; jugos y barritas de cereales con 12 vitaminas; leches con hierro, fibra y efecto bifidus para controlar el peso; leche con Omega 3 para bajar el colesterol; té verde y limón, antioxidantes y anticelulíticos; néctar con vitaminas C, E; bebidas energizantes que brindan bienestar; batidos bajos en calorías y reguladores del tránsito intestinal, y la lista se hace interminable...
Pero aquí no termina todo, es sólo el comienzo de lo que podemos descifrar como alimentos prometedores o promotores de belleza.
Justamente la comida cosmética hace hincapié en aquellos alimentos "súper antioxidantes", y lo ideal es entenderlos en su fórmula natural y en su envase genuino, tomando el alimento tal cual es o tal cual lo entrega la naturaleza.
Algunos de estos alimentos son los tomates y su pigmento, el licopeno, diez veces más antioxidante que la vitamina E y dos veces más eficaz contra los radicales libres que el resto de los carotenos (casi nada); los alimentos en su variedad de colores y por ende sus diversos beneficios de acuerdo a la paleta; los cítricos y el kiwi con su vitamina C, otro potente antioxidante; las semillas de las uvas y su fruto cargado de polifenoles, que sin ser vitaminas demuestran hoy los efectos beneficiosos y protectores cardíacos.
En esa búsqueda de modificar en el tiempo la edad biológica y detener esos mecanismos que hacen notar el paso del tiempo, la alimentación irá remando como pilar fundamental, y será un recurso natural y definitivamente una belleza que se come.
Por María José Molina, Lic. en Nutrición