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Vitaminas para la belleza: cuáles son y cómo incorporarlas

Cada vez se presta más atención a la relación de las vitaminas con la salud del cabello, piel y uñas. Sin embargo, su consumo no controlado puede traer problemas. Enterate de los sí y los no a la hora de obtenerlas.
Foto: Web
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No es ningún secreto que la alimentación es una de las claves a la hora de mantener nuestro cabello, piel y uñas en óptima condición. Sin embargo, cada vez más mujeres optan por el consumo de suplementos vitamínicos con este fin, lo cual genera una polémica: ¿es verdaderamente necesario consumir productos sintéticos? Y más grave aún: ¿pueden estos traer problemas para la salud?

Para responder estas preguntas, consultamos a la Dra. Gabriela Maschi, especialista en dermatología, quien nos contó toda la información a tener en cuenta al respecto.

 Para comenzar, Maschi respondió la pregunta básica: ¿Qué son las vitaminas?  

Las vitaminas son catalizadores biológicos, absolutamente indispensables para que nuestro cuerpo funcione correctamente. Pero como no podemos producirlas en su mayoría, debemos incorporarlas con nuestra alimentación diaria.

"Lo nuevo en cosmética se llama nutracéuticos, y su uso consiste es incorporar vía sintética suplementos nutricionales -principalmente antioxidantes- que mejoren las estructuras de la piel, pelo y uñas. Mejorar la capacidad del organismo de defenderse y eliminar radicales libres, es el principal objetivo", agregó Maschi.

Según la Dra., con estas sustancias se intenta detener el efecto oxidativo, que daña y envejece la piel y que da como resultado principalmente la disminución y síntesis del colágeno, que luego se expresa en arrugas y flacidez de la piel. Las más empleadas hoy en día on licopeno, aceite de onagra, luteína, extracto de granada, y vitaminas E, y C, que son fuertes antioxidantes y pueden revertir el proceso de degradación que producen los radicales libres.

Una de las dudas principales que suelen consultar los interesados, es si el uso de suplementos de vitaminas puede generar aumento de peso. Maschi lo desmiente, aunque explica que “las vitaminas no aportan energía o calorías a nuestro cuerpo y por lo tanto no nos pueden engordar, y tampoco son las responsables de abrir el apetito; lo que pasa es que una falta de vitaminas puede generar falta de apetito, y al suplementar dicho déficit, se recupera el estado en general del individuo y con ello el apetito. Es decir al incorporar un suplemento vitamínico el cuerpo mejora su metabolismo, la absorción de nutrientes y su utilización y con ello pueden aumentarse algunos kilos, pero son situaciones excepcionales”.

Entonces, ¿conviene tomar estos suplementos?

Ante esta pregunta, Maschi sostiene que siempre es mejor la respuesta y absorción del organismo a nutrientes de origen natural, es decir incorporándolos con una dieta equilibrada, ya que así el organismo selecciona libremente y toma lo que necesita, evitando excesos. Los suplementos sintéticos, aún teniendo muy buena estrategia de manufacturación, deben incluir estabilizantes, antioxidantes, conservantes y demás componentes en sus formulaciones para poder ser comercializados.

Sin embargo los hábitos actuales, y las exigencias de la vida cotidiana nos crean en muchos casos la necesidad de agregar estos productos de origen sintético para potenciar y sinergizar los efectos antioxidantes naturales que ya tiene el cuerpo. Pero siempre deben estar indicados por un profesional médico o nutricionista, que sabrá luego de un buen diagnostico qué vitaminas pueden estar faltando.

Las vitaminas indispensables para mantener la belleza de la piel, el pelo y las uñas son:

Vitamina A: Presente sólo en los alimentos de origen animal, como hígado, grasas lácteas, crema y manteca, yema de huevo y lácteos completos. El retinol tiene un papel esencial en la renovación de la piel y de las mucosas.

Los derivados de la Vitamina A como los betacarotenos o los licopenos, los encontramos en una multitud de alimentos como las verduras de hoja verde -como la espinaca- y de coloración roja, anaranjada o amarillenta, como la zanahoria, calabaza, tomates, y en algunas frutas como los duraznos, cerezas, melón, sandía, papaya, pomelo rosado y damasco, entre otros. Estas sustancias destacan por su efecto antioxidante y fotoprotector, además de ser vital para la regeneración de los tejidos.

Sin embargo, hay que ser muy cuidadoso a la hora de consumirlos, ya que un exceso de vitamina A puede ocasionar fatiga, náuseas o dermatitis. Además, lo que puede ser beneficioso para la piel puede tener repercusiones negativas en otras enfermedades, como lo demuestra un artículo del New England Journal of Medicine, que publicó un estudio realizado con pacientes fumadores en los que, tras la administración de suplementos de betacarotenos y vitamina A, se observó un incremento del 28% de desarrollar carcinoma de pulmón y un aumento del 17% de la mortalidad asociada a eventos cardiovasculares.

Vitamina D: Es esencial para la piel. Hay que recordar que su activación se produce en la piel por el efecto de la luz (por lo que es recomendable pasar unos minutos al sol todos los días, siempre con protección). Tiene un papel fotoprotector, antiinflamatorio y modulador. Sin embargo, hay publicaciones de estudios en los que la toma de suplementos de esta vitamina ocasionó un aumento en la incidencia de ciertos tumores digestivos como el de esófago y también de cáncer de próstata.

Vitamina C: Se puede incorporar a través de frutas y verduras frescas como pimientos, kiwi, cítricos, melón, frutillas y tomate, ya sea en ensaladas, batidos o jugos. Tiene una potente acción antioxidante siendo cofactor y activador de enzimas y otras vitaminas. Es fundamental para la piel porque interviene en la formación del colágeno, necesario en la cicatrización, reparación y mantenimiento de los tejidos; es decir ayuda a mantener la piel tersa y sin arrugas. Además la vitamina C es necesaria para mantener la estructura y resistencia de los capilares sanguíneos y el buen funcionamiento de la vitamina E, y contribuye a prevenir el envejecimiento.

Vitamina E: Presente en aceites vegetales y frutos secos, en el germen de trigo, en el aceite de oliva y prímula, en el germen de cereales o cereales integrales y en algunos vegetales de hoja verde. La vitamina E, de acción antioxidante, neutraliza la acción dañina de los radicales libres, que son una de las causas de las denominadas "manchas de envejecimiento”.

Vitaminas del grupo B: Intervienen en el buen estado de la piel y en los procesos de renovación celular. Aparecen en la mayoría de alimentos de origen vegetal: verduras, fruta fresca, frutos secos, cereales, legumbres, levadura de cerveza, y en los de origen animal: carne y vísceras, pescado y marisco, huevos y lácteos.

Ácido fólico o vitamina B9: Está relacionada con la renovación celular y se encuentra mayoritariamente en las verduras de hoja verde, las legumbres verdes, diversas frutas, los cereales de desayuno enriquecidos, el hígado y la levadura de cerveza.

Vitamina B2 o riboflavina: Actúa contra la seborrea, y se encuentra en la leche y sus derivados (como yogur y queso) huevos, carnes, pescados, hígado, legumbres y frutos secos como almendras y nueces.

Vitamina B3 o niacina: Participa en la síntesis de la queratina. Se encuentra en: carnes, pescados, vísceras y cereales integrales y frutas desecadas como damascos, orejones, higos, dátiles, pasas.

Vitamina B5 o ácido pantoténico: Desempeña un papel destacado en la salud de la piel, fundamentalmente a la hora de tratar pieles seborreicas y con acné y en alopecias. Está ampliamente distribuido en la naturaleza y es muy raro que surja una carencia.

Vitamina B6 o piridoxina: Está relacionada con el metabolismo correcto del cinc, mineral que forma parte de la epidermis. Abunda en: pescados azules, carnes, huevos, frutos secos, cereales integrales, plátano, espinacas, levadura de cerveza y germen de trigo.

Vitamina B12 o cianocobalamina: Se encuentra en vísceras, mariscos, carnes, huevos y leche.Esta vitamina es indispensable ya que su deficiencia puede provocar anemia y graves daños al sistema nervioso. Es un nutriente que ayuda a mantener los nervios, las células sanguíneas y el material genético sano. Sin embargo, esta puede modificar las bacterias de la piel, lo que puede llevar a desarrollar acné, según un estudio en el que se confirmó que la ingesta de vitamina B12 promueve la producción de precursores químicos llamados porfirinas (cromoproteínas), que causan inflamación en la piel y dan lugar a las espinillas y barros.

Las vitaminas ingeridas en forma oral no siempre llegan a la piel en cantidad suficiente, por mala absorción, envejecimiento, metabolismo acelerado etc. por eso se recomiendan aquellas de uso tópico, para mejorar la apariencia estética de arrugas, cicatrices y eritemas.

Como conclusión, Maschi sostiene que no hay todavía evidencias científicas suficientes sobre la necesidad de administrar suplementos a la dieta, ni sobre la dosis precisa. Por otra parte, la existencia de estudios que muestran que el contenido de un determinado nutriceútico en nuestra dieta es eficaz no implica que necesariamente la ingesta de este por separado vaya a lograr los mismos resultados. Por lo tanto, son necesarios más estudios antes de poder dar recomendaciones sobre el consumo de un determinado nutriceútico. De momento, Maschi recomienda la ingesta sana a través del consumo de frutas y hortalizas hasta que haya más conocimientos confirmados.