Y... ¿Dónde quedó el macho argentino?
En la antigüedad, se consideraba que la mujer era, a lo largo de toda su vida, propiedad de un hombre, tanto del padre, a temprana edad, como del marido, cuando el mismo padre entregaba la mano de ésta en matrimonio, logrando que las hembras dependiesen totalmente de los varones para poder sobrevivir.
Hoy en los espacios ganados en todo ámbito ya sea político, social, laboral, cultural, religioso, etc., y a pesar de los muchos obstáculos y las barreras impuestas por la sociedad claramente dominada por varones, las mujeres han demostrado la igualdad de condición.
Antes, ellas sólo tenía obligaciones en el hogar impuestas por el marido, actualmente las mujeres son consideradas totalmente multifuncionales; además de labores de madre y esposa, como es el caso de miles de mujeres en todo el mundo, se desempeñan como jefas del hogar y sustentadoras de una familia con el fruto de su propio trabajo.
Entonces, ¿qué pasó con el hombre? ¿Cambió la forma de relacionarse con la mujer? MDZ Femme charló con Mariela Telsern Hansen, especialista en sexualidad.
-Vivíamos en mundo de patriarcado, pero cuando la mujer salió de su casa todo cambió. ¿Alguna vez el hombre se adaptó a eso?
-¡Todavía no tanto! Hay un gran revuelo con respecto a los vínculos. Más allá de la igualdad entre hombre y mujer, las féminas fueron adoptando además actitudes que se le asignaron por mucho tiempo al varón, lo que hizo que aún hoy se esté replanteando la pareja. Tanto desde el lado femenino como desde el masculino: ¿Quiero que un hombre me abra la puerta? ¿Quiero que el hombre me espere en casa con la comida? ¿Quiero que una mujer me encare? ¿Hasta dónde sí, hasta dónde estaba mejor antes?
Por supuesto que es bastante subjetivo también, pero aun los hombres más felices con el cambio, no tienen del todo claro (y muchas mujeres tampoco) dónde están los límites de cada género o si los límites realmente existen o sólo es cuestión de probarse en nuevos roles.
-¿Cuál es la forma de encontrar el equilibrio?
-La mejor manera es comenzando a escuchar nuestro disfrute. Tratar de comenzar a accionar en función a lo que nos gusta y hace bien. Eligiendo el bienestar siempre. Quitarnos el peso de pensar si está bien o mal y dejarnos ser en función a lo que vamos probando y eligiendo. El equilibrio se logra también con comunicación. El acuerdo de la pareja tiene que ser constante si se convive.
Nos elegimos cada día; ese es nuestro desafío al elegir estar juntos.
-¿El hombre ya no decide?
-Sí, claro que si. Lo que sucede es que ahora existen más acuerdos. La mujer también opina, intercambia pensamientos y ambos se permiten este juego de dos tomando decisiones sobre lo que desean.
-¿En qué aspectos somos diferentes?
-Nuestra naturaleza es distinta. Es importante saberlo para aceptar al otro y no intentar cambiarlo a nuestro gusto y semejanza. Es muy común que lo que nos enamoró cuando nos conocimos justo sea lo que luego queremos cambiar.
Hay infinidad de libros que explican nuestras diferencias reales. Está muy bien conocerlas para que principalmente, que por naturaleza somos complejas y enroscadas, no nos compliquemos con pensamientos que muchas veces son muy simples.
-¿Cuáles son las diferencias que debemos respetar?
-Para que una pareja funcione debe haber respeto, compromiso, compañerismo, comunicación, proyectos. Si le sumamos complicidad, diversión y seducción y valores similares a lo largo de los años, obtendremos un combo perfecto.
Con cariño amor y ganas, las diferencias se respetan. Las propias del género y las propias del ser individual.
Si esperamos que el otro se nos asemeje en todo, estamos complicadas.
Podemos enriquecernos y mucho con un compañero diferente. Lo interesante es verle el lado positivo y saber que el otro también puede tener razón.
-¿Qué consejos se les puede dar a una pareja totalmente igualitaria donde ambos trabajan, tienen hijos y mantienen el hogar?
-Mucha comunicación. Sabiendo primero lo que nos gusta y queremos, estar abiertos a escuchar y ceder en lo que haga falta. Hablando sinceramente con el otro, acordando tareas, entendiendo que si los dos trabajamos, ambos estamos cansados y queremos relajar al llegar a casa. Que indefectiblemente hay tareas que hay que hacer aunque no se tangan ganas porque forman parte del día a día del hogar. Que podemos turnarnos, compartir o definir en función a los gustos personales las tareas rutinarias.