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El Fiat 600 y su legado de 65 años en la cultura automotriz argentina

El modelo no solo representó un hito en la industria automotriz argentina, sino que también dejó una huella imborrable con más de 294.000 unidades producidas en el país durante más de dos décadas.

En 1959, con la aprobación del régimen de incentivo para la industria automotriz, Fiat ya ostentaba una sólida implantación industrial y comercial en el país. Desde mediados de los años 50, la empresa italiana había iniciado su aventura industrial local con tres plantas en Ferreyra, Córdoba, dedicadas a fabricar maquinaria agrícola, motores diésel y equipos ferroviarios y tranviarios. 

Fiat Someca Construcciones Córdoba, Grandes Motores Diesel y Materfer formaban la base firme desde la cual la compañía se lanzaría a conquistar el ambicioso desafío de producir automóviles.

Ese año, Fiat expuso ante las autoridades nacionales su proyecto para fabricar vehículos, destacando al pequeño 600 como pieza central. Según el plan, en 1960 se producirían 2.900 unidades del Fiat 600, un número que crecería hasta las 7.500 en 1964. 

Asimismo, el porcentaje de componentes nacionales pasaría del 55% en 1960 al 90% en 1964. Para cumplir con este objetivo, Fiat abrió una nueva fábrica en Caseros, Buenos Aires, enfocada en el ensamblaje, la carrocería y los acabados.

Fiat 600

El 8 de abril de 1960, un Fiat 600 gris claro marcó el inicio de la producción nacional, dando el primer paso en una trayectoria industrial que se prolongaría por más de dos décadas.

El Fiat 600 llegaba con un prestigio internacional impecable. Debutó el 10 de marzo de 1955 en el Salón del Automóvil de Ginebra, con la tarea de suceder al popular “Topolino”. Creado por el ingeniero Dante Giacosa, fue el primer Fiat con carrocería autoportante. Lo impulsaba un motor de cuatro cilindros y 633 cc, refrigerado por agua, con 22 hp y una transmisión de cuatro velocidades. 

La ubicación trasera del motor y la caja permitió diseñar un interior capaz de acomodar a cuatro adultos en solo 3,30 metros. Contaba con suspensión independiente en las cuatro ruedas y frenos de tambor hidráulicos. Con un peso de apenas 580 kg, alcanzaba los 95 km/h y consumía 5,7 litros cada 100 km. Aunque era un vehículo accesible, ofrecía calefacción y desempañador.

En Argentina, los primeros Fiat 600 se conocían simplemente como “600”, sin letras distintivas, y se armaban con carrocerías desmontadas importadas desde Italia. A partir de 1963, tras la apertura de una nueva sección de estampado, estas piezas comenzaron a fabricarse localmente. El motor, la transmisión y otros componentes mecánicos se producían en las instalaciones de Córdoba.

Fiat 600

Durante los 60, la producción del Fiat 600 creció con la demanda: de 4.700 unidades en 1961 a más de 13.600 en 1966. En 1967, con 17.817 ventas, lideró el mercado argentino, catapultando a Fiat como marca al primer puesto en producción y comercialización.

En los 70, el Fiat 600 dominó su categoría y algunos años el mercado total. En 1976 alcanzó las 250.000 unidades, récord histórico en Argentina. La versión “R” duró casi siete años hasta julio de 1977, cuando llegó el 600 “S” con un motor de 843 cc del Fiat 133, con giro inverso del cigüeñal. Exteriormente, adoptó paragolpes en “U” con topes de goma, eliminó cromados y cambió el escudo a negro con detalles cromados.

A partir de 1980, SEVEL asumió la representación de Fiat en el país, introduciendo en 1981 los últimos retoques: aros de ópticas y escudo en negro satinado. Con la Ley de Reconversión Automotriz, el ciclo del 600 cerró el 9 de abril de 1982, con 294.197 unidades producidas.

Su legado perdura como ícono de la movilidad social y la industrialización argentina, ligado al sector automotor y a Fiat. Recientemente, un museo abrió para preservar su historia y la de la planta que lo vio nacer, un hito único en la industria local.