Lo bueno y lo malo de la inauguración: una fiesta histórica con algunas sombras
La Copa del Mundo más grande de la historia arrancó con música, color y emoción, aunque también dejó críticas por los precios, la organización y algunas decisiones de FIFA.
Un aficionado agita una bandera de México previo a la inauguración del Mundial de la FIFA 2026 este jueves.
EFELos Mundiales siempre empiezan mucho antes del primer pase. Comienzan cuando una ciudad se viste de colores, cuando miles de camisetas invaden las calles y cuando el fútbol logra algo que pocos fenómenos consiguen: detener el reloj del mundo por unas horas.
La Copa del Mundo 2026 ya está en marcha y su inauguración dejó imágenes que recorrerán el planeta. También abrió algunos debates que acompañarán al torneo durante las próximas semanas.
Porque fue una fiesta. Pero no una fiesta perfecta.
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Lo bueno: el Mundial volvió a sentirse Mundial
La primera gran victoria de la inauguración fue la atmósfera.
México volvió a demostrar por qué es uno de los países más futboleros del planeta. El histórico Estadio Azteca, convertido en el primer escenario en albergar partidos de tres Mundiales diferentes, aportó un marco que transmitió historia, identidad y pasión.
Las tribunas llenas, las calles repletas de hinchas y el color de las distintas delegaciones devolvieron una sensación que muchas veces se extraña en los grandes eventos modernos: la de un Mundial con alma popular.
Una celebración verdaderamente global
Por primera vez en la historia hubo ceremonias de apertura distribuidas entre los tres países anfitriones: Estados Unidos, Canadá y México. FIFA apostó por un formato inédito para reflejar la magnitud del torneo más grande jamás organizado.
La idea puede discutirse desde lo tradicional, pero logró mostrar la diversidad cultural de Norteamérica y convertir la inauguración en un evento continental.
El espectáculo artístico
Shakira volvió a convertirse en uno de los rostros del fútbol mundial. Su presencia, junto a artistas de distintos países y géneros musicales, le dio a la ceremonia un perfil internacional que acompañó el espíritu multicultural del torneo.
La mezcla de música latina, pop y sonidos regionales generó una puesta en escena moderna y pensada para una audiencia global.
Lo malo: el precio de las entradas
El tema que más críticas generó entre los aficionados fue el costo de los tickets.
Muchos hinchas denunciaron valores excesivos para partidos de fase de grupos, con ubicaciones que en algunos casos alcanzaron cifras que tradicionalmente estaban reservadas para instancias decisivas.
El riesgo es evidente: que el Mundial se convierta cada vez más en un espectáculo accesible para turistas y empresas, y cada vez menos para el hincha común.
Un torneo cada vez más comercial
La inauguración confirmó una tendencia que viene creciendo desde hace años.
Más pantallas, más sponsors, más espectáculos paralelos y más marketing alrededor del evento principal. Nadie discute la necesidad de generar recursos, pero algunos aficionados sienten que el fútbol empieza a ocupar menos espacio dentro de su propia fiesta.
Es una crítica recurrente hacia FIFA y que volvió a aparecer durante las primeras horas del torneo.
Las polémicas fuera de la cancha
Mientras el mundo miraba la ceremonia, también surgieron cuestionamientos vinculados a problemas migratorios, dificultades de ingreso para algunos aficionados y otras controversias organizativas que acompañaron la previa del torneo.
No alcanzan para empañar la magnitud del evento, pero sí recuerdan que organizar un Mundial de 48 selecciones y tres países anfitriones implica desafíos inéditos.
El balance
La inauguración del Mundial 2026 dejó más aciertos que errores.
La energía de México, la expectativa que genera la presencia de Lionel Messi en su último gran desafío mundialista, el color de los hinchas y la sensación de estar ante un evento histórico terminaron imponiéndose sobre las críticas.
Claro que hubo detalles discutibles. Los habrá durante todo el torneo.
Pero cuando rueda la pelota, los debates suelen quedar en segundo plano.
Y esa sigue siendo la mejor noticia para FIFA.
Porque después de los shows, las luces y las ceremonias, el Mundial vuelve a ser lo de siempre: millones de personas mirando la misma cancha y soñando exactamente lo mismo.




