Vendimia en el fin de la dictadura: así se vivió la edición de 1983
Entre censuras que empezaban a caer y una apertura política inminente, el acto central “Vendimia huarpe” marcó un antes y un después en el Frank Romero Day.
La Vendimia de 1983.
El tema que atravesó la Vendimia de 1983 no fue solamente la cosecha o la coronación. El 5 de marzo de ese año, mientras el país todavía procesaba la herida abierta que había dejado la guerra con el Reino Unido, la efervescencia institucional se respiraba en cada rincón. La derrota precipitó la necesidad de una apertura política y el anuncio del acto eleccionario para octubre. Argentina empezaba a asomarse, otra vez, a la democracia, y Mendoza, con su calendario vendimial intacto, ofreció un escenario donde esa transición se sintió.
Eliseo Vidart Villanueva, dirigente demócrata, quedó en la historia como el último gobernador de facto que presidió los actos vendimiales. Dio los tradicionales golpes de reja en la Bendición de los Frutos realizada en el Prado Gaucho del Parque San Martín y acompañó a autoridades nacionales, provinciales e invitados especiales en los palcos de la Vía Blanca, el Carrusel y el acto central.
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En el Teatro Griego Frank Romero Day se llevó a cabo el acto central denominado “Vendimia huarpe”, con línea argumental de la profesora Miriam Armentano y dirección general de Pedro Marabini. La propuesta artística puso en escena a los pueblos originarios, a los primeros labradores y a los trabajadores de la viña como columna vertebral de la identidad mendocina. Durante setenta minutos, más de setecientos artistas desplegaron cuadros coreografiados bajo la supervisión de Jesús Vera Arenas, en una noche de nubes amenazantes que pareció acompañar el clima de época.
En cuanto a la banda sonora, se mezclaron sonidos folclóricos, pop y clásicos con nombres como el grupo mendocino Markama, Alberto Ginastera, Camerata Bariloche, Hilario Cuadros, Alberto Rodríguez, Armando Tejada Gómez, Sergio Denis, Damián Sánchez y Pocho Sosa, entre otros. En un contexto de relajación del régimen militar y palpitando la nueva etapa que se avecinaba, se utilizó música de autores que habían sido censurados.
Ese detalle artístico funcionó como síntoma de apertura, como anticipo de la democracia que asomaba. El toque distintivo llegó con la inclusión de danzas de distintos países latinoamericanos, ampliando la mirada y conectando la Vendimia con una identidad regional más amplia.
En la coronación, fue elegida Reina Nacional de la Vendimia Nuri Nilda Aro, representante de Rivadavia, mientras que el título de Virreina recayó en Sandra Elizabeth Amprimo, representante de San Martín. En medio de un país que comenzaba a redefinirse, la elección mantuvo intacto el ritual vendimial, con sus atributos y la imagen de una reina que, más allá de su rol simbólico, encarnó la continuidad de una fiesta que supo sostenerse incluso en los años más complejos.




