Sobre la Ruta 40, este pueblo sorprende con termas, arqueología y un paisaje rojizo
Hualfín es un pueblo de Catamarca atravesado por la Ruta 40, con viñedos de altura, aguas termales, sitios arqueológicos y montañas rojizas.
Hualfín es un pueblo de Catamarca donde una iglesia rosada se destaca entre viñedos y montañas.
Una pequeña iglesia de color rosado anuncia la llegada a Hualfín. Detrás aparecen los viñedos, los árboles y una sucesión de cerros áridos que rodean a este pueblo del departamento Belén, ubicado sobre uno de los tramos más atractivos de la Ruta 40.
La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario es una de las construcciones más importantes de la localidad. El templo fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1967 y su fachada sencilla se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de Hualfín.
El pueblo se encuentra en un valle enmarcado por las sierras de Hualfín y Alumbrera, a unos 1.860 metros sobre el nivel del mar. En sus alrededores se alternan montañas, quebradas, campos cultivados y formaciones de arenisca rojiza conocidas como los Castillos de Hualfín.
La producción agrícola también forma parte del paisaje. Las condiciones secas, la amplitud térmica y la disponibilidad de agua proveniente de los ríos cercanos favorecieron el cultivo de la vid y del pimiento, dos actividades que todavía sostienen buena parte de la identidad local.
Los viñedos de altura rodean distintos sectores del pueblo y alimentan una pequeña producción vitivinícola. Las hileras de plantas, el suelo claro y las montañas del fondo crean una postal que cambia según la época del año, especialmente durante la vendimia.
Hualfín también conserva una historia mucho más antigua. Las investigaciones arqueológicas muestran que el valle estuvo habitado desde siglos antes de la llegada española y que sus poblaciones mantuvieron vínculos con el Imperio inca. El sitio Hualfín Inka se encuentra sobre una de las mesetas cercanas a las sierras.
A ese patrimonio se suman las artesanías textiles. Hualfín integra la Ruta del Telar de Catamarca, un circuito que reúne a tejedoras y tejedores que trabajan con fibras de oveja, llama y vicuña, conservando técnicas transmitidas entre generaciones.
Otro de los motivos para detenerse son las aguas termales de la Quebrada de Hualfín. El complejo se encuentra en un entorno de montaña y amplía la propuesta de un destino que muchas veces queda reducido a una parada breve sobre la Ruta 40.
La iglesia rosada, los viñedos, las termas y los vestigios arqueológicos hacen que Hualfín tenga mucho más para mostrar de lo que se ve desde la ruta. Este pueblo catamarqueño reúne paisaje, producción e historia en un rincón todavía poco explorado del norte argentino.