Qué representan los trapos rojos al costado de la ruta: la fe popular que crece en Mendoza
Aunque no hay un santuario oficial, el Gauchito Gil se manifiesta en más de 500 ermitas a lo largo de las rutas mendocinas.
Se estima que en Mendoza hay cerca de 500 instalaciones del Gauchito Gil.
Aunque no tiene un santuario oficial, la figura del Gauchito Gil convoca en Mendoza a cientos de promeseros que lo veneran en pequeñas ermitas marcadas por telas rojas. El fenómeno, tan visible como enigmático, es una de las expresiones más vivas de la religiosidad popular.
A lo largo de las rutas mendocinas, los viajeros suelen encontrarse con pequeñas construcciones decoradas con trapos o cintas rojas flameando al viento. Muchas veces ubicadas junto a árboles o estructuras improvisadas, esas instalaciones no son casuales: marcan la presencia de una figura que forma parte del imaginario devocional más profundo de la Argentina. Se trata de Antonio Mamerto Gil, más conocido como el Gauchito Gil, un santo popular cuya fe también se extiende fuera de Argentina.
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Unas 500 instalaciones rinden tributo
A diferencia del culto oficial de los santos católicos, la devoción al Gauchito Gil se configura dentro del fenómeno de la religiosidad popular y se expresa en formas muy particulares. En Mendoza, no existen santuarios en sentido estricto como el de Mercedes, Corrientes, epicentro del culto nacional. Sin embargo, sí hay una intensa actividad devocional, marcada por la presencia de unas 500 instalaciones dispersas en rutas nacionales y provinciales, según estimaciones compartidas por César Panella, promesero y estudioso de los santos profanos.
“Las ermitas son signos de fe levantados por promeseros, que agradecen los favores que el Gaucho les ha cumplido. Se trata de estructuras sencillas, pero cargadas de sentido simbólico”, explica Panella y detalla que un ritual sencillo para pedirle protección para los viajes es tocar bocina cuando se pasa por enfrente de una de estas instalaciones.
A diferencia de los devotos tradicionales, quienes siguen al Gauchito Gil son denominados promeseros, término propio del norte argentino y especialmente usado en Corrientes. En este tipo de devoción, la relación con el santo no es unilateral: cuando el pedido se cumple, el promesero debe devolver el favor. Esa devolución se conoce como exvoto, y puede ser tan simple como una flor, una cinta, una oración o incluso un objeto que represente el pedido realizado: carpetas escolares, yesos, cuadros, velas o elementos personales.
En Mendoza, una de las expresiones más reconocidas ocurre cada 8 de enero en Barriales, Junín, donde una familia local organiza una celebración en honor al Gauchito. Si bien no se trata de un santuario institucionalizado, ese espacio cumple un rol de encuentro y reafirmación de la fe.
¿Qué representan las telas rojas?
“Las telas rojas, uno de los signos más visibles de esta devoción, tienen una carga simbólica potente. Representan la sangre inocente del Gauchito, quien fue degollado injustamente”, comenta Panella, Y agrega que según la creencia, su sangre no llegó a tocar el suelo y por eso muchas de estas cintas se atan a los árboles sin que lleguen a rozar la tierra: un gesto que traduce una historia en símbolo visual.
Más allá del pedido particular - salud, trabajo, protección en los viajes, problemas familiares o personales-, el gesto más importante para el Gauchito Gil es la memoria activa de su figura. Panella lo resume así: “A los santos profanos no les interesan las grandilocuencias. Lo esencial es que su presencia sea visible, que estén en el pensamiento de quienes creen en ellos”.
Ese acto de visibilización tiene múltiples formas. Desde la limpieza de las ermitas, hasta su ubicación en las puertas de las casas rurales o en espacios donde circula mucha gente. Allí, el Gauchito se manifiesta como protector, testigo y figura de resistencia popular. Una presencia que, aunque fuera del canon religioso oficial, tiene un arraigo profundo en la cultura popular argentina y en el paisaje emocional de Mendoza.



