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Qué le pasa al cuerpo si tomás alcohol todos los días en el almuerzo y la cena

Los especialistas advierten que el consumo diario de alcohol puede generar efectos acumulativos sobre distintos órganos y aumentar el riesgo de enfermedades.


Para muchas personas, acompañar el almuerzo o la cena con una copa de vino, una cerveza o una bebida alcohólica forma parte de un hábito cotidiano. Sin embargo, cuando ese consumo se repite todos los días, incluso en cantidades moderadas, el organismo puede comenzar a experimentar cambios que muchas veces pasan desapercibidos.

En los últimos años, diversas investigaciones científicas han puesto en discusión la idea de que existe una cantidad de alcohol completamente segura para la salud. Aunque los efectos varían según la edad, el sexo, el peso corporal y las condiciones médicas de cada persona, los expertos coinciden en que el consumo diario tiene consecuencias que vale la pena conocer.

El hígado es uno de los primeros órganos afectados

Cada vez que una persona consume alcohol, el hígado debe trabajar para metabolizarlo y eliminarlo del organismo. Cuando la ingesta es frecuente, este órgano puede comenzar a acumular grasa, una condición conocida como hígado graso alcohólico. Con el tiempo, el daño puede progresar hacia cuadros más complejos como hepatitis alcohólica o cirrosis.

Lo preocupante es que durante años estas alteraciones pueden desarrollarse sin síntomas evidentes.

Aumenta el riesgo cardiovascular

Aunque durante décadas se difundió la idea de que una copa de vino podía ser beneficiosa para el corazón, las investigaciones más recientes muestran un panorama más complejo.

El consumo habitual de alcohol puede elevar la presión arterial, aumentar el riesgo de arritmias y favorecer enfermedades cardiovasculares, especialmente cuando se mantiene durante largos períodos. Además, el alcohol aporta calorías que pueden contribuir al aumento de peso y al desarrollo de factores de riesgo metabólicos.

Puede alterar el sueño

Muchas personas creen que una bebida alcohólica ayuda a relajarse y dormir mejor. Sin embargo, los especialistas explican que ocurre exactamente lo contrario.

Si bien el alcohol puede facilitar el inicio del sueño, suele afectar la calidad del descanso durante la noche, generando despertares frecuentes y reduciendo las fases profundas del sueño reparador.

Como consecuencia, la persona puede sentirse cansada al día siguiente incluso después de haber dormido varias horas.

Impacta sobre el cerebro y la memoria

El consumo diario también puede producir efectos sobre las funciones cognitivas. Con el tiempo, el alcohol puede afectar la concentración, la memoria y la capacidad de aprendizaje. En algunas personas también se observan cambios en el estado de ánimo, mayor irritabilidad o síntomas de ansiedad.

Los especialistas advierten que el cerebro es especialmente sensible a los efectos acumulativos del alcohol a largo plazo.

Favorece el aumento de peso

Una copa de vino, una cerveza o un aperitivo aportan calorías que suelen sumarse a las de las comidas. Cuando el consumo es diario, estas calorías extras pueden favorecer el aumento de peso, especialmente si se combinan con hábitos sedentarios.

Además, el alcohol puede estimular el apetito y reducir el control sobre la cantidad de alimentos consumidos.

También aumenta el riesgo de algunos tipos de cáncer

La evidencia científica actual vincula el consumo habitual de alcohol con un mayor riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer. Entre ellos se encuentran los tumores de boca, garganta, esófago, hígado, colon y mama.

Por este motivo, organismos internacionales de salud consideran al alcohol un factor de riesgo prevenible para diversas enfermedades oncológicas.

¿Existe una cantidad segura?

La respuesta genera cada vez más debate dentro de la comunidad científica. Mientras algunas guías continúan estableciendo límites considerados de bajo riesgo, numerosos estudios recientes sostienen que cuanto menor sea el consumo de alcohol, menor será el riesgo para la salud.

Por eso, los especialistas recomiendan evitar que el alcohol forme parte de una rutina diaria y reservar su consumo para ocasiones puntuales. Lo que parece una costumbre inofensiva durante el almuerzo o la cena puede transformarse, con el paso de los años, en un factor que impacte sobre el hígado, el corazón, el cerebro y la salud general.