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Qué es el auge del "monogamish", la nueva dinámica de las parejas argentinas

Ni monogamia ni relación abierta: el fenómeno “monogamish” creció en Semana Santa. Conocé de qué se trata.

Las parejas flexibilizan acuerdos, impulsados por la distancia de los viajes en solitario, el anonimato y la tecnología y habla de un nuevo fenómeno: Monogamish.

Las parejas flexibilizan acuerdos, impulsados por la distancia de los viajes en solitario, el anonimato y la tecnología y habla de un nuevo fenómeno: Monogamish.

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Durante esta Semana Santa, uno de los períodos con mayor movimiento turístico del año en Argentina, se evidenciaron transformaciones en las dinámicas de pareja. En paralelo al incremento de los viajes, emergieron nuevas formas de vinculación afectiva impulsadas por la distancia, el anonimato y el uso intensivo de tecnologías digitales.

En este contexto, la plataforma Grindr detecta en tiempo real un fenómeno en expansión: el modelo denominado “monogamish”. De acuerdo con datos de uso de la aplicación y un estudio reciente de la Universidad de Surrey, el crecimiento del turismo se encuentra directamente vinculado a la adopción de esquemas relacionales más flexibles. Entre ellos, el “monogamish” gana protagonismo como una alternativa intermedia entre la monogamia tradicional y las relaciones abiertas.

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¿Qué es el el “monogamish”?

El término hace referencia a vínculos que mantienen una estructura principal de pareja, pero que habilitan acuerdos específicos de flexibilidad en determinados contextos, particularmente durante los viajes. No se trata de una apertura total de la relación, sino de una redefinición parcial y situacional de sus límites.

El estudio, basado en entrevistas realizadas a usuarios de dicha plataforma de entre 24 y 57 años, identifica un patrón consistente: el viaje actúa como catalizador de comportamientos que difieren de los habituales. La combinación de distancia física, anonimato y herramientas digitales genera lo que los analistas denominan “desinhibición situacional”. Es decir, fuera del entorno cotidiano, las personas se permiten explorar dinámas que no necesariamente replican en su vida diaria.

En este escenario, el modelo “monogamish” se presenta como una forma de negociación creciente. Las normas no desaparecen, sino que se adaptan a un contexto específico donde la carga emocional se percibe como menor. Así, el viaje se configura como un espacio propicio para experimentar nuevas formas de vinculación sin alterar, en apariencia, la estructura central de la pareja.

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La tecnología, los viajes y las parejas

En paralelo, Grindr se consolida como un componente estructural de la experiencia de viaje dentro de la comunidad gay, bisexual, trans y queer. La aplicación no solo facilita encuentros, sino que también funciona como una red de información local, recomendaciones y comunidad. En este sentido, A.J. Balance, chief product officer de la compañía, señaló que el concepto de “gayborhood” ha evolucionado: “No se trata únicamente de espacios de ocio, sino de una red más amplia que incluye servicios, salud y estilo de vida”.

En este cruce entre turismo, tecnología y relaciones personales, el fenómeno “monogamish” deja de ser una práctica marginal para consolidarse como un emergente cultural que refleja cambios más amplios en las formas contemporáneas de vinculación.