Orgasmo, censura y escándalo: así nació la canción más sensual de la historia
La canción fue creada para una actriz casada, quedó oculta por temor al escándalo y otra mujer la convirtió en un éxito que varias radios intentaron silenciar.
La canción considerada más erótica de la historia de la música fue interpretada por Serge Gainsbourg y Jane Birkin.
Primero se escucha un órgano de melodía envolvente. Después aparece la voz grave de Serge Gainsbourg, acompañada por el registro agudo y delicado de Jane Birkin. La respiración se acelera, las palabras se entrecortan y los gemidos crecen hasta construir un orgasmo sonoro.
Cuando Je t’aime… moi non plus comenzó a circular en 1969, el público entendió que no estaba frente a una canción de amor convencional. Sin recurrir a palabras abiertamente pornográficas, el tema representaba un encuentro sexual con una intensidad desconocida para la música popular de la época.
La reacción fue inmediata: algunas radios se negaron a emitirla, distintos países intentaron prohibirla y hasta el Vaticano se pronunció en contra. Sin embargo, la censura terminó convirtiéndose en la mejor campaña publicitaria para una canción destinada inicialmente a permanecer escondida.
La primera mujer que grabó la canción
La historia había comenzado dos años antes. Durante 1967, Gainsbourg mantuvo un romance breve con Brigitte Bardot, por entonces una de las mujeres más famosas y deseadas del mundo. Inspirado por aquella relación, el compositor escribió una pieza que buscaba trasladar la intimidad de una pareja al lenguaje musical.
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Gainsbourg y Bardot grabaron juntos una primera versión. Pero existía un problema: la actriz estaba casada con el empresario alemán Gunter Sachs y la publicación podía convertir la relación extramatrimonial en un escándalo internacional.
Ante la presión de su entorno y el temor por las consecuencias, Bardot le pidió al músico que detuviera el lanzamiento. Gainsbourg aceptó y aquella grabación quedó archivada. Según reconstruyó Le Monde, la actriz consideraba que publicarla habría sido casi como exponer su intimidad ante todo el mundo.
La versión permaneció guardada hasta 1986, cuando Bardot finalmente autorizó su edición con la condición de que los ingresos fueran destinados a organizaciones dedicadas a la protección de los animales.
Jane Birkin y una grabación rodeada de mitos
Después de terminar su relación con Bardot, Gainsbourg conoció a Jane Birkin durante el rodaje de la película Slogan. Ella era una actriz británica de 21 años; él tenía 40 y ya era un compositor reconocido por su talento y su afición por provocar. Cuando Birkin escuchó la grabación original, comprendió su potencia. Años después reconocería que aceptó interpretarla, en parte, porque no quería que Gainsbourg eligiera a otra mujer.
La nueva versión fue registrada en Londres entre finales de 1968 y comienzos de 1969. Gainsbourg le pidió que cantara una octava por encima de Bardot para conseguir una voz más frágil y contrastarla con su tono profundo.
Los jadeos de Birkin alimentaron rápidamente una leyenda: durante años se dijo que la pareja había mantenido relaciones sexuales frente a los micrófonos. Ella lo negó y explicó que todo había sido una interpretación. No hubo sexo real en el estudio, aunque la grabación consiguió que millones de personas imaginaran lo contrario.
La censura que multiplicó el éxito
El contenido erótico causó conmoción. La BBC evitó difundirla, en Italia se prohibió su comercialización y L’Osservatore Romano, el periódico del Vaticano, la condenó públicamente. En algunos mercados, el disco incluso apareció acompañado por advertencias sobre la edad de sus compradores.
Pero cuanto más intentaban silenciarla, mayor era la curiosidad. El tema atravesó fronteras y alcanzó el primer puesto del ranking británico, un logro excepcional para una canción interpretada en francés. El Instituto Nacional del Audiovisual de Francia la reconoce como el primer tema francés que llegó a esa posición en el Reino Unido.
El título, que puede traducirse como “Te amo… yo tampoco”, también encerraba una contradicción. Gainsbourg explicó que se había inspirado en un juego verbal atribuido a Salvador Dalí: una declaración que se afirma y se niega en la misma frase.
Después de 57 años, Je t’aime… moi non plus conserva su capacidad de incomodar y seducir. Su impacto no nació solamente de los gemidos, sino de haber convertido el deseo femenino, el placer y el orgasmo en parte central de una canción popular cuando esos temas todavía permanecían fuera de la radio. La censura intentó esconderla. El escándalo terminó transformándola en un clásico.