Los jóvenes cambiaron su manera de ahorrar: la tendencia que crece en la Generación Z
Frente al costo de vida, algunos jóvenes recortan salidas, hablan de sus límites y desarrollan otras formas de administrar el dinero.
Muchos jóvnes aseguran que es muy difícil ahorrar por los costos de vida. Foto: Freepik
La imagen se repite en redes sociales: jóvenes que gastan en recitales, viajes, ropa o pequeños gustos mientras aseguran que nunca podrán comprar una vivienda. Sin embargo, los estudios publicados durante 2026 muestran una realidad bastante más compleja. No existe una única conducta generacional, sino una combinación de ahorro, restricciones, consumos emocionales y decisiones destinadas a resolver el presente.
Una encuesta realizada por Ipsos para Bank of America entre 1.133 estadounidenses de 18 a 29 años encontró que el 66% consigue ahorrar, aunque sea de manera irregular. Al mismo tiempo, el 42% reconoció que llega con lo justo al siguiente ingreso y el 49% señaló al costo de vida como uno de sus principales obstáculos financieros.
Los resultados no describen a una generación despreocupada por el futuro. Por el contrario, revelan que muchos jóvenes están modificando su vida cotidiana para adaptarse a un escenario más exigente.
Menos salidas y mayor control del dinero
Cerca del 70% de los consultados aseguró haber tomado alguna medida concreta para enfrentar el aumento de los gastos. El 40% redujo las comidas fuera de casa, el 24% dejó de participar en algunos encuentros con amigos y el 16% buscó una actividad adicional para generar ingresos.
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Las limitaciones económicas también comenzaron a modificar la manera de socializar. El 39% propone actividades gratuitas o económicas, el 38% elige las opciones más baratas del menú y el 29% prefiere organizar reuniones en su casa.
Este comportamiento dio lugar al llamado loud budgeting, una expresión que podría traducirse como “presupuesto en voz alta”. Consiste en comunicar abiertamente cuánto se puede gastar, rechazar planes que superan ese límite y proponer alternativas más accesibles.
Según el mismo relevamiento, el 42% de los jóvenes practica esta forma de administrar sus gastos y el 75% busca ahorrar cuando organiza una salida. Además, seis de cada diez hablan con sus amigos sobre dinero, salarios o preocupaciones económicas.
Decir “no puedo pagarlo” sin sentir vergüenza
El fenómeno también aparece en testimonios personales. Lauren Thorpe, una trabajadora británica de 28 años entrevistada por Reuters, contó que limita sus salidas a una o dos por mes. Cuando un plan resulta demasiado costoso, propone una caminata o se suma después del encuentro. También revisó gastos habituales y estableció una suma mensual que puede utilizar sin culpa, mientras destina el resto al ahorro y a sus inversiones.
Su caso refleja un cambio de actitud: elaborar un presupuesto ya no significa necesariamente privarse de todo, sino seleccionar qué consumos valen la pena. La diferencia está en reemplazar la presión por seguir el ritmo de otros por decisiones ajustadas a las posibilidades personales.
Esto no implica que hayan desaparecido los pequeños gustos. El informe de Bank of America señala que el 92% de los jóvenes se permite alguna gratificación y más de la mitad lo hace al menos una vez por semana. Pero el 41% también experimenta culpa frecuente después de gastar.
Cuando el consumo se convierte en supervivencia
Otro estudio difundido en abril de 2026 por Operation HOPE y Beyond Finance incorporó el concepto de survival spending o “gasto de supervivencia”. El trabajo, realizado por QuestionPro entre 2.000 millennials e integrantes de la Generación Z en Estados Unidos, encontró que el 77% utiliza estrategias financieras de corto plazo, como sistemas de pago en cuotas, para adquirir productos esenciales.
Además, el 45% destinaría una devolución impositiva a pagar facturas o reducir deudas, mientras que menos del 4% usaría ese dinero para viajar o entretenerse. La prioridad, entonces, no sería darse un lujo, sino conservar cierto control sobre las obligaciones inmediatas.
El relevamiento fue encargado por una compañía dedicada a la consolidación de deudas junto con una organización de educación financiera. Por eso, sus resultados deben interpretarse dentro de ese contexto y no como una fotografía universal.
En la Argentina todavía no existen estudios representativos que midan específicamente el loud budgeting o el gasto de supervivencia entre los jóvenes. Las conductas descriptas -reducir salidas, financiar compras esenciales, buscar ingresos adicionales o reservar una pequeña cantidad para gustos personales- pueden resultar familiares para el lector argentino. Sin embargo, esa cercanía no reemplaza la evidencia local.