La aterradora muñeca poseída de San Carlos: su historia y desenlace a más de una década
Una crónica sobre los días en que una muñeca horrorosa conmovió a los vecinos y dejó una incógnita que el tiempo no logró apagar.
A más de diez años de un fenómeno que alteró la calma de San Carlos, revivimos la historia del misterioso juguete que desafió toda lógica.
Foto: Archivo MDZEntre los meses finales de 2013 y los primeros suspiros de 2014, el tranquilo paisaje mendocino de San Carlos se transformó en el epicentro de un fenómeno paranormal que acaparó la atención de toda la región. La protagonista fue una horrorosa muñeca, una figura inanimada que, según los relatos de la época, desafió toda lógica racional.
A más de diez años de aquellos acontecimientos, reconstruimos los fragmentos de una historia que osciló entre el misticismo, el terror popular y la fascinación mediática.
El hallazgo en el basural y las primeras advertencias
Todo comenzó en el predio de La Salada cuando Ana Julia Núñez, vecina de la zona dedicada a la taxidermia y aficionada a coleccionar objetos particulares, se topó con un juguete abandonado. Se trataba de una muñeca de aspecto desgastado, rasgos rubios y mirada celeste que, lejos de transmitir la ternura propia de un artículo infantil, irradiaba una energía inquietante.
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La decisión de llevarla a su hogar desató una secuencia de eventos difíciles de digerir para la lógica doméstica. De acuerdo con los testimonios que Núñez brindó en su momento, la figura no tardó en manifestar una perturbadora capacidad para emitir palabras. No eran simples grabaciones: quienes rodeaban el caso aseguraban que el objeto entablaba diálogos alternando un trato cordial con advertencias de tono hostil.
La veracidad del relato encontró un respaldo de peso en María Elena Coronel, periodista y por entonces referente cultural del municipio. Coronel decidió investigar el asunto de primera mano, entrevistó a la propietaria y presenció el fenómeno de cerca, validando públicamente la autenticidad de los hechos ante la creciente ola de rumores que ya se instalaba en la comunidad.
Altares públicos, tecnología saboteada y el calor de las llamas
Según relató la periodista, la muñeca misma decía llamarse de tres formas: "Sandrita, Fiorella y Jéssica". El temor o la prudencia llevaron a su descubridora a regresar el juguete al mismo depósito de residuos. Lejos de significar el fin de la historia, este acto dio paso a la etapa más pública del mito. Un grupo de curiosos rescató la figura del basural y comenzó a exhibirla en espacios comunales. Primero apareció apoyada en el mástil principal de la plaza de San Carlos; más tarde, colgada de un semáforo sobre la Ruta 40, en las inmediaciones de la terminal de Eugenio Bustos.
Ante la desesperación, se buscó el consejo de la iglesia local. Un sacerdote sugirió devolver el objeto al basural, pero tras comprobar que la figura retornaba misteriosamente a las plazas del pueblo con su sonrisa imperturbable y sus extremidades deshilachadas, se optó por una solución drástica. En medio de una agobiante ola de calor veraniego, un grupo de lugareños decidió introducir la muñeca en una bolsa y reducirla a cenizas, o al menos eso dijeron.
Entre la explicación racional y la sospecha de un regreso
Como en todo relato de corte paranormal, las explicaciones lógicas convivieron con las versiones más oscuras. Hubo quienes intentaron desmitificar el asunto señalando que se trataba simplemente de un modelo comercial averiado —capaz de responder preguntas sencillas mediante un chip de voz rudimentario— que una familia local había desechado tras romperse. Por otro lado, la veta comercial también se hizo presente: surgieron reportes de que la fascinación generada por los medios nacionales transformó el caso en un negocio de entrevistas pagas para sus protagonistas.
Sin embargo, en los rincones de San Carlos el fuego no logró quemar la duda. El mito persiste y, entre los pobladores más escépticos o temerosos, aún se comenta bajo cuerda que las llamas no destruyeron por completo al atroz juguete. A más de una década de su desaparición, la puerta hacia un inesperado retorno permanece entornada en el imaginario colectivo.