Impactante: el misterio paranormal en la tumba de Yoryi a 30 años del asesinato
A tres décadas del caso que marcó a Mendoza, el lugar donde descansa Yoryi esconde una actividad paranormal que ni los propios cuidadores logran explicar.
El sector mas viejo del cementerio custodia una historia de fe sucesos extraños.
Milagros Lostes - MDZEn el sector antiguo del Cementerio de Guaymallén, cruzando el umbral a mano izquierda, una pequeña construcción de techo rojo detiene el aliento de los visitantes, rincón que transmite una energía paranormal que muchos califican como sobrecogedora. Allí descansa Yoryi Godoy el niño asesinado por su padre, una tragedia que marcó a fuego a Mendoza a mediados de los noventa.
En pocas palabras
- Misterio paranormal en la tumba de Yoryi Godoy: A 30 años del brutal asesinato de Yoryi Godoy en Mendoza, su tumba en el Cementerio de Guaymallén se ha convertido en un sitio de fenómenos inexplicables, donde juguetes y luces parecen cobrar vida propia.
- Devoción popular y pedidos de favores: A pesar de la trágica historia, la tumba del niño es visitada por mendocinos que le piden protección, dejando ofrendas y placas de agradecimiento, generando una devoción inesperada.
- El brutal crimen encubierto: El caso Yoryi Godoy conmocionó a Mendoza en 1996 cuando se reveló que su padre lo asesinó a golpes, y su madre encubrió el hecho, simulando un secuestro.
- Destino de los responsables: El padre, Jorge Godoy, cumple condena a perpetua, mientras que la madre, Graciela Camargo, recuperó su libertad en 2021 y busca rehacer su vida.
Juguetes que cobran vida propia
Quienes transitan los pasillos de la necrópolis aseguran que el ambiente cambia al acercarse a la tumba con forma de "casita" en donde descansan los restos del niño. Uno de los serenos del predio, confesó recientemente que el fenómeno de los juguetes es constante: autos de plástico, peluches y muñecos que aparecen en posiciones distintas a como fueron dejados por los fieles. La leyenda urbana, alimentada por el personal de limpieza y los propios visitantes, sostiene con firmeza que al pequeño no le agrada que extraños manipulen sus ofrendas, reaccionando con movimientos sutiles pero evidentes.
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Así está hoy la tumba de Yoryi:
No son solo objetos que se mueven. Algunos empleados aseguran haber divisado luces sobre la tumba en el silencio de la noche. Estos relatos se suman a una atmósfera cargada de esoterismo en Guaymallén, donde el personal suele hallar "trabajos" de brujería, monedas sobre lápidas ajenas y ruidos de campanas que resuenan donde no las hay, mientras sombras furtivas parecen caminar al lado de los trabajadores en sus rondas.
El despertar de una devoción inesperada
A pesar de que la cruz marca el 10 de mayo de 1996 —aunque el entierro fue tres días después—, el paso del tiempo no ha borrado la memoria, sino que la ha transformado en fe. La tumba de Ayrton Brian Godoy está tapizada de placas de metal que rezan "Gracias por el favor recibido". Lo que comenzó como el duelo por un crimen atroz derivó en una suerte de canonización popular, donde los mendocinos acuden a pedirle protección al "niño milagroso", dejando a cambio juguetes que, según los testigos, él mismo se encarga de acomodar.
La farsa que horrorizó a la provincia
Para entender este fenómeno, hay que retroceder a mayo de 1996. La sociedad mendocina se paralizó ante el supuesto secuestro de un nene de tres años en el estacionamiento de un conocido supermercado VEA del barrio Unimev. Sus padres, Jorge Godoy y Graciela Camargo, aparecieron en televisión rogando por su regreso. Sin embargo, la frialdad de él y el nerviosismo delator de ella, quien llegó a hablar de su hijo en tiempo pasado frente a las cámaras, levantaron sospechas inmediatas en los investigadores y en la opinión pública.
La coartada se desmoronó gracias al testimonio de un trabajador del supermercado que vio al padre solo en el lugar que el asesino dijo haber estado con su hijo instantes previos a la supuesta desaparición. La presión judicial y la aplicación de técnicas de interrogatorio precisas terminaron por quebrar a Camargo. La verdad fue devastadora: Yoryi no había sido secuestrado. Su padre lo había golpeado salvajemente porque el niño no quiso saludarlo al irse a trabajar. Tras una agonía de nueve horas en la que su madre no hizo nada para asistirlo, el pequeño falleció en su propia cama.
Tres décadas de encierro y una vida nueva
El desenlace judicial fue contundente en 1997. Jorge Godoy fue condenado a reclusión perpetua por el homicidio. Hoy, a sus 63 años, permanece en la cárcel de Boulogne Sur Mer, donde busca redimirse a través del estudio de Ciencias Políticas y el oficio de cerrajero, a la espera de beneficios que aún le son esquivos. Por su parte, Graciela Camargo recuperó la libertad en 2021 tras cumplir su pena en El Borbollón, se divorció de Godoy y hoy intenta reconstruir su vida lejos del foco mediático.
Mientras los protagonistas de aquella tragedia transitan su presente, en Guaymallén la tumba de Yoryi sigue sumando juguetes. El lugar se mantiene como un recordatorio silencioso de la crueldad humana, pero también como un rincón de esperanza para quienes creen que, más allá del horror vivido, el espíritu de aquel niño encontró una forma de quedarse para ayudar a los suyos, manifestándose entre pequeñas luces y juguetes que se mueven bajo la luna mendocina.




