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Es conocido como el monumento a la "tutuca" de Guaymallén: qué representa

Todos los días incontables mendocinos y turistas pasan frente a esta escultura desconociendo su origen y lo que realmente representa


El paisaje cotidiano de Guaymallén esconde secretos que desafían la imaginación. Diariamente, miles de mendocinos pasan junto a una llamativa estructura en Acceso Este y Arenales. Bautizada popularmente como el monumento a la "tutuca" debido a su singular morfología, esta llamativa pieza de arte abstracto despierta tantas sonrisas curiosas como profundos interrogantes estéticos.

Las formas orgánicas que ideó Elio Ortiz para invitar a la contemplación mística en Guaymallén.

Un quiebre en la historia del arte mendocino

Lejos de responder a la tradición de estatuas realistas dedicadas a próceres, esta enigmática propuesta blanca y compacta nació de una ruptura conceptual absoluta. La creación, titulada originalmente como "Norte misterioso del ser", pertenece al reconocido ceramista y artista Elio Ortiz. El autor se consagró ganador en el Primer Certamen Nacional de Escultura en 1980, año en que la pieza se emplazó definitivamente en Villa Nueva para transformar el entorno urbano mendocino.

Qué dijeron los mendocinos sobre esta icónica escultura de Guaymallén:

Monumento A La Tutuca, Norte Misterioso Del Ser

La llamativa estructura, construida sólidamente con hierro, cemento y marmolina, alcanza los 3,50 metros de altura y supera los 600 kilos de peso. Su inauguración se dio curiosamente durante un gobierno de facto, un contexto de severas tensiones políticas donde la osadía de instalar una propuesta no figurativa en la vía pública constituyó un verdadero hito de libertad expresiva para la época.

Más allá del simpático apodo del snack de maíz inflado, la verdadera esencia que plasmó Elio Ortiz está unida a la contemplación mística. Si el espectador se detiene a observarla de frente, las luces y sombras proyectadas revelan un rostro con los ojos cerrados en estado de trance profundo. Se trata de una manifestación orgánica y espiritual diseñada deliberadamente para ofrecer múltiples lecturas interpretativas según la perspectiva de quien la mire.

Inaugurada en 1980, la misteriosa silueta blanca sigue siendo un punto de referencia clave en Mendoza.

A más de cuatro décadas de su instalación, este enigma visual sigue cumpliendo el rol fundamental de intervenir el espacio común. Al margen de los nombres oficiales o los sobrenombres cotidianos que le asigna la comunidad, la obra permanece firme en Guaymallén, recordándonos que las ciudades también se edifican con preguntas que no requieren una explicación definitiva.