El pueblo escondido entre montañas donde el agua brota a más de 50°
Fiambalá es un pueblo de Catamarca rodeado por la Cordillera de los Andes, con termas naturales, antiguas construcciones de adobe y enormes dunas en medio del desierto.
Fiambalá es un pueblo de Catamarca donde las aguas termales alcanzan temperaturas superiores a los 50°.
Gobierno de ArgentinaEn el oeste de Catamarca, entre montañas áridas y paisajes que parecen no terminar nunca, se encuentra un pueblo que guarda uno de los complejos termales más particulares de la Argentina. Fiambalá se levanta en el valle del río Abaucán, al pie de la Cordillera de los Andes, y combina aguas calientes, desierto y construcciones centenarias.
Fiambalá: un oasis termal entre las montañas
A unos 17 kilómetros del centro aparecen las famosas Termas de Fiambalá. El complejo está ubicado dentro de una quebrada, a 1.750 metros sobre el nivel del mar, y cuenta con 14 piletas de piedra construidas en distintos niveles de la montaña. El agua desciende naturalmente de una hacia otra y presenta temperaturas que van desde los 28° hasta los 51°.
Esa disposición es justamente lo que vuelve tan llamativo al lugar. En lugar de un gran complejo cerrado, las piscinas aparecen escalonadas sobre la ladera, rodeadas por roca y con vistas abiertas hacia las montañas. El ingreso funciona mediante turnos de mañana, tarde y noche, por lo que también es posible bañarse cuando ya cayó el sol.
Descubrí la imponente Ruta de los Seismiles
Pero Fiambalá no es solamente un pueblo termal. Desde allí parte uno de los recorridos de alta montaña más impresionantes de Catamarca: la Ruta de los Seismiles. La Ruta Nacional 60 avanza hacia el Paso de San Francisco atravesando una región con casi veinte cumbres que superan los 6.000 metros, además de lagunas y paisajes volcánicos.
A pocos kilómetros también cambia nuevamente el escenario. Cerca de Saujil aparecen grandes médanos y la denominada Duna Mágica, una pared de arena de unos 90 metros con una pendiente cercana a los 45 grados. Más adelante se encuentran las dunas de Medanitos y Tatón, utilizadas para practicar sandboard y recorrer el desierto al pie de la cordillera.
La historia también atraviesa el pueblo. Fiambalá es uno de los extremos de la Ruta del Adobe, un circuito que comparte con Tinogasta y que recorre antiguas iglesias, capillas, casonas y estancias construidas con barro y paja. Algunas de estas edificaciones superan los 300 años y forman parte del patrimonio histórico de la provincia.
La localidad cuenta además con hoteles, hosterías, cabañas y pequeños alojamientos, muchos de ellos distribuidos entre el centro y el camino hacia las termas. Su ubicación permite usarla como base para alternar jornadas de descanso con excursiones hacia las dunas, la cordillera y los pueblos cercanos.
Fiambalá ofrece así una combinación difícil de encontrar en otro lugar del país. En pocos kilómetros se puede pasar de sumergirse en agua a más de 50° a caminar entre construcciones de adobe o contemplar montañas de más de 6.000 metros. Entre termas, arena y cordillera, este pueblo catamarqueño convierte el desierto en el escenario de una escapada completamente diferente.