Día del Escritor: cuando la literatura argentina se pone de pie
Descubrí por qué se celebra cada 13 de junio el Día del Escritor en Argentina: una fecha que nos recuerda que la literatura es una forma de resistencia.
Cada 13 de junio, en Argentina, se celebra el Día del Escritor y de la Escritora en honor al poeta Leopoldo Lugones, un cordobés nacido en Villa María del Río Seco en 1874 que con el tiempo se convertiría en un pilar de nuestra cultura y que, a pesar de haber incursionado en el periodismo, la docencia, la bibliotecología y la política, encontró en la literatura su verdadera vocación y su legado más perdurable.
El mismo Jorge Luis Borges afirmó: "Leopoldo Lugones fue y sigue siendo el máximo escritor argentino", por encima incluso de Sarmiento y de Groussac, aunque reconociendo que "el Facundo y el Martín Fierro significan más para los argentinos que cualquier libro de Lugones".
Te puede interesar
Día del Vecino: por qué se celebra el 11 de junio
La historia detrás del Día del Escritor: Leopoldo Lugones
La obra de Lugones, que comenzó con su primer poemario Los mundos, publicado en 1893 cuando apenas tenía 19 años, incluye títulos fundamentales como Las montañas de oro (1897), Los crepúsculos del jardín (1905) y Lunario sentimental (1909). Sin embargo, a partir de 1910, con la publicación de Odas seculares, se observa un cambio en su registro: el poeta se centró en la exaltación de la tierra y su gente, en una búsqueda de una lengua nacional que lo acompañaría hasta el final de sus días.
Poeta, narrador, bibliotecario (llegó a dirigir la Biblioteca Nacional de Maestros), pedagogo y ensayista, Lugones forjó de hecho una vanguardia literaria que rompió con la herencia hispanista y sentó así las bases de una literatura moderna. Como narrador, fue el gran pionero de la literatura fantástica en Argentina gracias a Las fuerzas extrañas (1906), La torre de Casandra (1919), Cuentos fatales (1924) y La patria fuerte (1933). Volúmenes que fueron precursores de los mejores relatos de algunos de los más grandes cultivadores de este difícil género, como Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, quienes supieron leer en sus páginas un mundo de posibilidades que ellos luego expandirían hasta límites insospechados.
-
Te puede interesar
Día del Padre: cómo regalar un viaje en hasta 6 cuotas con Banco Nación
Para Leopoldo Lugones, el rol del escritor estaba unido al destino de su país y, por lo tanto, debía ser parte de su acción política. Una idea que hoy puede resultar polémica, pero que en su momento fue defendida con convicción. Y a pesar de ser considerado un poeta moderno, fue crítico de las vanguardias literarias de principios del siglo XX.
Esto lo enfrentó al grupo de literatos que participaba de la revista Martín Fierro, entre ellos Oliverio Girondo, Norah Lange, Leopoldo Marechal y el mismo Borges, quien, a pesar de las diferencias, lo retrataría con justeza en su texto La muerte de Leopoldo Lugones, donde escribió:
"Acaso es lícito ir más lejos. Acaso cabe adivinar o entrever o simplemente imaginar la historia, la historia de un hombre que, sin saberlo, se negó a la pasión y laboriosamente erigió altos e ilustres edificios verbales hasta que el frío y la soledad lo alcanzaron. Entonces, aquel hombre, señor de todas las palabras y de todas las pompas de la palabra, sintió en la entraña que la realidad no es verbal y puede ser incomunicable y atroz, y fue, callado y solo, a buscar, en el crepúsculo de una isla, la muerte."
El 18 de febrero de 1938, Leopoldo Lugones se suicidó en una pensión del delta del Paraná llamada El Tropezón, a los 64 años, dejando atrás una obra vasta y contradictoria que aún hoy sigue siendo objeto de estudio.




