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Cuánto cuesta una noche encendida en Mendoza: precios, rituales y escapadas

Hoteles, escapadas discretas y gastos reales en Mendoza durante el Día del Infiel y San Valentín. ¿Qué prefieren los amantes a la hora del sexo?


La segunda semana de febrero expone, como pocas, las múltiples formas que adopta la intimidad en la vida adulta. El 13 de febrero, Día Mundial del Infiel -también llamado Día del Amante-, y el 14 de febrero, Día de los Enamorados, funcionan como un espejo social donde conviven el deseo, la rutina, la transgresión, la celebración y el sexo.

En Mendoza, estas fechas no sólo movilizan emociones: también activan una economía específica que gira en torno al sexo, la privacidad y la discreción. En ese escenario, conocer cuánto cuesta hoy una noche de intimidad se vuelve una pregunta concreta, atravesada por decisiones personales y presupuestos cada vez más claros.

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En algunos telos de Mendoza ofrecen promociones para pasar la noche con desayuno incluido.

¿Cuánto sale ir a un telo?

La provincia cuenta con una oferta consolidada de hoteles transitorios, principalmente en el Gran Mendoza, donde la competencia ha elevado el estándar de servicios y diversificado las tarifas. En un conocido albergue transitorio de Rodeo de la Cruz, por ejemplo, durante los días de semana -de lunes a jueves- los valores para una estadía breve oscilan entre $32.000 y $80.000 por dos horas, mientras que las opciones de cuatro horas se ubican entre $43.000 y $100.000, según el tipo de habitación, la ubicación dentro del complejo y los servicios incluidos.

Los fines de semana, de viernes a domingo, ese mismo establecimiento maneja una franja de precios similar, con tarifas de entre $32.000 y $80.000 por dos horas, y de $43.000 a $100.000 por tres horas. A estas modalidades se suma la pernoctación, una alternativa cada vez más elegida por parejas que buscan extender el encuentro sin apuros. En Mendoza, este servicio se ofrece todos los días, generalmente desde las 22 hasta las 8 de la mañana, con desayuno incluido, y se complementa con servicio de bar las 24 horas, lo que transforma al hotel transitorio en un espacio de estadía completa y no sólo de paso.

Más allá de la habitación estándar -que en algunos telos céntricos puede rondar entre $20.000 y $30.000 por turno-, los establecimientos mendocinos incorporaron suites con jacuzzi, opciones temáticas, cabañas internas y categorías deluxe, superior y premium, pensadas para quienes buscan mayor confort, privacidad y una experiencia más cuidada. En un reconocido lugar de Godoy Cruz, por ejemplo, los precios actuales parten de $37.000 para la suite, $44.000 para la cabaña, $49.000 en la categoría Gold, $61.000 para la cabaña con hidromasaje, y alcanzan valores de entre $84.000 y $135.000 en las habitaciones premium.

Estas propuestas elevan el costo del servicio, pero también redefinen el sentido del encuentro íntimo, especialmente en fechas simbólicas como San Valentín, cuando el sexo aparece ligado al festejo, la celebración y el ritual de pareja.

Investigaciones plantean que durante los encuentros sexuales heterosexuales, las mujeres tienen muchos menos orgasmos que los hombres. Foto: GETTY IMAGES

El costo de cuidarse: preservativos, lubricantes y extras

A la tarifa del alojamiento se suma un gasto central: el kit de cuidado sexual, cuyo precio varía según marcas y elecciones.

Preservativos

  • Económicos (3 unidades): entre $2.210 y $3.550.
  • Premium: de $7.800 a $8.600 la caja chica.
  • Presentaciones grandes: más de $20.000.

Lubricantes

  • Gel clásico (50 g): entre $5.000 y $8.500.
  • Marcas específicas: hasta $18.000.

Juguetes íntimos (opcionales)

  • Anillo vibrador: $12.300.
  • Vibradores avanzados: entre $35.000 y $75.000.

Testimonios: usos, elecciones y sentidos del telo

Las elecciones detrás de estos gastos revelan historias distintas. Alejandro, mendocino de 38 años, soltero, habla desde la practicidad y una decisión asumida con franqueza. Tras una separación, eligió no volver a comprometerse. “Cuando se da un encuentro, el telo es claro y sin vueltas. Pagás, entrás, tenés tu intimidad y después cada uno vuelve a su vida. Para mí es libertad”, resume, sin nostalgia ni culpa.

Laura, de 35 años, casada desde hace una década, aporta una mirada distinta, atravesada por el deseo de sostener la pareja en el tiempo. “Con mi marido siempre decimos que el Día de los Enamorados no es un regalo material. Ir a un telo es salir de la casa, dejar los problemas afuera y volver a mirarnos como al principio”, explica, convencida de que la intimidad también se trabaja.

Roxana, de 50 años, separada, introduce una variable clave: la seguridad. “De joven improvisé y tuve sexo en los autos, como muchos. Hoy no lo haría por un tema de inseguridad, hay muchos robos. El telo me da tranquilidad. No llevo a nadie a mi casa ni entro en la de otro. Es cómodo y no me expongo”, dice, con la certeza de quien aprendió a priorizarse.

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Infidelidad y discreción: alquileres en la montaña

Para quienes viven relaciones extramatrimoniales, el mapa cambia. Muchos infieles evitan los hoteles transitorios por miedo a ser vistos y eligen alquileres temporarios o cabañas alejadas, especialmente en zonas como Cacheuta o Potrerillos. Allí, la intimidad se combina con paisaje y coartadas.

Verónica, de 44 años -nombre ficticio para preservar la identidad-, cuenta que sale con un hombre casado. “Yo estoy separada y disfruto del tiempo con él. Para no arruinarle la vida ni exponernos, nos vamos a Cacheuta. Él dice que viaja por trabajo y pasamos un par de noches tranquilos, sin relojes ni miradas ajenas”, relata, con una mezcla de serenidad y emoción contenida.

Andrés, también con nombre cambiado, reconoce la contradicción pero no la niega. “Sé que está mal, no me hago el distraído. Pero la adrenalina es parte de lo que sentimos. Vamos a Potrerillos, pagamos $150.000 la noche, y durante esas horas el mundo no existe. Vale cada momento”, confiesa.

Así, en Mendoza, una noche de sexo puede costar desde $30.000 en su versión más básica hasta cifras que superan holgadamente los $100.000 o $150.000 cuando se suma lujo, cuidado y distancia. En la semana del amor -para fieles, infieles y enamorados- la intimidad no sólo se desea: se planifica, se protege y se paga.

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