Cuáles son las apestosas aguas termales de Mendoza que tienen poder sanador y dónde están
Descubrí los secretos de El Sosneado, los mitos de su cierre, el impactante estado de su estructura y el poder sanador de sus malolientes aguas termales.
Entre la fascinación y el abandono, las ruinas del hotel atraen a viajeros que buscan sumergirse en vertientes minerales con propiedades únicas.
Walter Moreno/MdzEn lo profundo de la montaña mendocina, un imponente paisaje resguarda historias de misterio que desafían al tiempo. Los viajeros que se aventuran por los caminos de ripio descubren postales inesperadas, donde el silencio envuelve un rincón marcado por la mística de sus aguas termales, atrayendo a quienes buscan experiencias alternativas.
Allí se erigen las ruinas del famoso hotel abandonado El Sosneado, una estructura de piedra de tres plantas construida en diciembre de 1938 por la Compañía de Hoteles Sudamericanos Ltda. El establecimiento, que según algunos registros perteneció a Frank Romero Day y a la compañía de capitales ingleses Sociedad Río Atuel, funcionó durante poco más de una década. Su abrupto final en 1953 alimentó diversas teorías populares: desde un devastador alud de nieve y barro que inhabilitó las instalaciones, hasta una intensa protesta de los empleados sindicalizados que llevó a los dueños a cerrar las puertas definitivamente.
Entre el mito y la realidad de un gigante dormido
Hoy en día, el panorama del antiguo complejo turístico genera sensaciones encontradas. Del techo de chapa y las vigas originales no quedan rastros; muchos de sus pasillos y habitaciones están reducidos a escombros repletos de tierra, otros espacios se encuentran en pie lo que representa un fuerte riesgo para quienes deciden acampar en su tenebroso interior. A pesar del evidente abandono y de la preocupante acumulación de residuos como plásticos y latas debido a la falta de controles, el sitio sigue recibiendo una constante afluencia de turistas y creadores de contenido que son atraídos por su atmósfera enigmática.
El verdadero foco de atención para los osados visitantes son las apestosas aguas termales del hotel abandonado, este sitio en San Rafael que magnetiza tanto desde la mística hasta su impacto en la salud. Estas vertientes constantes, que descienden directamente del volcán Overo, alimentan un piletón exterior de piedra y hormigón, además otros más pequeños. El agua se mantiene siempre cálida, pero se caracteriza por un intenso olor a azufre, similar al de huevo podrido, que impregna la ropa y la piel de quienes deciden sumergirse.
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El poder terapéutico del azufre volcánico
Quienes se bañan en este particular paraje comparten advertencias y consejos en redes sociales. Los internautas señalan que es fundamental usar trajes de baño viejos porque el mineral arruina las prendas, quitarse las cadenas de plata ya que se tiñen de negro de inmediato, y evitar por completo meter la cabeza bajo el agua. Además, los usuarios aclaran que la pileta verdaderamente terapéutica y caliente se encuentra un poco más arriba, diferenciándola de otros espejos de agua helada de la zona.
A pesar de las incomodidades del fuerte olor y la falta de infraestructura básica, los beneficios dermatológicos de estas fuentes minerales están ampliamente respaldados por la medicina. En portales especializados en termalismo, revelan que el azufre y los componentes de origen volcánico actúan como un desinflamante natural sumamente eficaz para tratar afecciones de la piel como la psoriasis, la dermatitis, el acné y los eczemas, además de estimular la regeneración celular y la cicatrización.
Bienestar integral en la alta montaña
Las propiedades de estas piletas naturales en San Rafael van mucho más allá de la estética y el cuidado de la piel. La inmersión en aguas sulfurosas a altas temperaturas produce una vasodilatación que optimiza la circulación sanguínea, oxigena los tejidos y colabora en la eliminación de toxinas. Asimismo, el calor actúa directamente sobre el sistema muscular y articular, aliviando la rigidez y disminuyendo los dolores crónicos causados por dolencias como el reuma, la artritis o la lumbalgia.
Para los amantes del bienestar general, el entorno ofrece un respiro mental invaluable. La combinación de flotación y absorción de minerales relaja el sistema nervioso central, ayudando a mitigar los niveles de estrés y ansiedad acumulados en la rutina diaria. La inhalación de los vapores que emanan de la pileta también aporta un efecto positivo en las vías respiratorias, aliviando de forma temporal la congestión y los síntomas de alergias, pero en altas concentraciones puede ser un peligro.
Para disfrutar de esta aventura de forma segura, los conocedores recomiendan planificar el viaje exclusivamente en los meses de verano, dado que el crudo invierno andino vuelve el camino inaccesible. Se aconseja realizar inmersiones breves de entre 10 y 20 minutos, mantener una hidratación constante y, fundamentalmente, emprender el regreso ante la menor formación de nubes negras en la cordillera, ya que las tormentas de alta montaña transforman los badenes en peligrosos cursos de agua en pocos minutos.