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A menos de 100 kilómetros de CABA: el pueblo ideal para una escapada de primavera

Este pueblo bonaerense de calles de tierra, casonas antiguas y buena gastronomía invita a pasar el día lejos de la ciudad.


Cuando empiezan los días más templados, no hace falta alejarse demasiado de Buenos Aires para encontrar un paisaje completamente distinto. Uribelarrea es un pueblo del partido de Cañuelas que conserva calles de tierra, antiguas construcciones y un fuerte perfil rural, una combinación especialmente atractiva para una escapada durante la primavera.

Fundado como colonia agrícola en 1889, el lugar mantiene buena parte de la fisonomía que adquirió alrededor del crecimiento del campo y el ferrocarril. Las casas bajas, los árboles y las calles tranquilas permiten recorrerlo prácticamente todo caminando, sin necesidad de armar un itinerario demasiado complicado.

Uno de los puntos centrales del pueblo es la Plaza Centenario. Fue trazada por Pedro Benoit en 1889 y tiene una particular planta octogonal, con diagonales que confluyen hacia el centro. Frente a ella se encuentra el Santuario Nuestra Señora de Luján, también diseñado por Benoit e inaugurado en 1890.

La Plaza Centenario es uno de los principales puntos para recorrer a pie este pueblo durante una escapada de primavera.

Un pueblo ideal para una escapada de primavera

La antigua estación ferroviaria es otro de los lugares que conserva parte de la historia local. En uno de sus viejos galpones funciona el Museo de Máquinas y Herramientas Leopoldo Rizzi, donde se reúnen objetos relacionados con la actividad agrícola y el trabajo rural de la región.

Pero una escapada a Uribelarrea también suele organizarse alrededor de la comida. La localidad pasó de ser un importante polo lechero durante las décadas de 1930 y 1940 a consolidarse como un destino gastronómico, con quesos, embutidos, asados, picadas, dulces y cerveza artesanal entre sus productos característicos.

La primavera suma un buen motivo para conocerlo: las temperaturas más agradables permiten recorrer a pie las calles y el casco histórico, detenerse en los espacios al aire libre y extender la visita sin el frío del invierno ni las jornadas más calurosas del verano.

Así, la cercanía con Buenos Aires es solo una parte del atractivo. En pocos kilómetros, el paisaje urbano queda atrás y aparece un pueblo donde todavía dominan las calles de tierra, las construcciones centenarias y una identidad estrechamente vinculada con el campo y la gastronomía.