Susana Balbo: "Seguir hablando del Malbec es aburrido"
Es la enóloga más importante de la Argentina y tiene una vasta trayectoria dentro del mundo del vino. Ha sido una verdadera luchadora frente a los diversos obstáculos que le puso la misma industria e incluso muchas veces esto fue simplemente por ser mujer. Hoy, Susana Balbo es la indiscutida referente de las mujeres en la enología.
Fue presidenta de Wines of Argentina en tres oportunidades y trabaja a diario para continuar difundiendo la viticultura en los cinco continentes.
En esta entrevista hablamos de muchos temas que podés revivir a continuación:
Y en los párrafos que siguen, un extracto de lo conversado junto a Susana Balbo:
-¿Seguís viajando mucho? Por la promoción y la difusión…
-Y si no salís a vender, nadie te viene a golpear la puerta para comprar el vino. Entonces a las empresas que nos ha ido bien ha sido porque salimos a los mercados y los caminamos: hay que gastar suela. Todavía no somos conocidos, somos una porción muy pequeña del mercado del mundo y nos hemos enfrascado tanto en el Malbec que incluso corremos el riesgo de transformarnos en aburridos, como le sucedió a Australia con el Syrah.
Estoy abogando desde hace diez años con algo que yo llamo la revolución de los blancos y los rosados. Esto es para demostrar que Mendoza tiene la capacidad de producir grandes vinos blancos y rosados, porque además son el 50% de los mercados del mundo, de los vinos que quiere comprar la gente. Seguir solo con el Malbec implica, como mínimo, perdernos una oportunidad de negocio. Tenemos las variedades, tenemos el talento, tenemos todo. Muchas veces el agua fluye por la menor pendiente y es más fácil salir a ofrecer Malbec. Lo que hay que hacer es salir a conquistar nuevos lugares y no es solamente con el Malbec.
-Muy interesante, disruptivo lo que decís. ¿Cómo sería esa nueva conquista?
-A la gente le gustan los blancos y además hacerlos te da un equilibrio en la empresa porque te permite flujo de fondos. Los vinos blancos y rosados se venden en el año o al año y medio. Ahora estoy pensando en guardar más cantidad de los vinos que produzco para venderlos más viejos, porque realmente envejecen muy bien y son muy apreciados en el mundo. Hay que buscar acomodarse y encontrar el caminos, porque te digo que en mis 43 años de carrera profesional, el año pasado fue el más difícil de toda mi carrera.
-¿Por qué?
-Teníamos la tormenta perfecta. Yo exporto el 90% y con un dólar a $330 o $340 tuvimos que pagar a nuestros representantes en el extranjero, pagar los servicios en el exterior, los insumos... hemos tenido que pagarlos con dólar blue, porque no nos autorizaban las SIRA (sistema electrónico que se utilizó en el Gobierno de Alberto Fernández para gestionar las importaciones), no nos autorizaron las clases de transferencia, no nos permitían pagar y la verdad es que Argentina ha quedado muy mal con muchos de los proveedores. Todavía gran parte de esa deuda está. Nosotros hemos ido haciendo un gran esfuerzo pagando hasta con tarjeta de crédito. ¡Imaginate! La verdad es que el año pasado la industria vitivinícola ha pasado una de las crisis más graves de su historia.
-Ya que hablabas de blancos y rosados, ahora han aparecido los llamados “naranjos” o “vinos naturales”. ¿Qué opinás de toda esta tendencia?
-Me gusta. A los míos los llamé “de raíz” porque en realidad los vinos naranjos son como un volver a cuando hacíamos los vinos blancos hace 45 años, cuando yo estaba en la universidad. Se hacían en contacto con las pieles porque no existían las enzimas o las que habían eran muy básicas y tenían efectos secundarios de oxidación muy graves. No las usábamos porque eran para otras industrias.
Veo toda esta tendencia y tengo que decir que me perdonen muchos de los que hacen vinos naranjos, pero si hacía algunos de esos vinos yo no aprobaba enología en la universidad. Seguro que el Padre Oreglia me echaba, porque a mí me tocó rendir todas las tecnologías con el Padre y era durísimo tomando exámenes.
Es por eso que pensé: "Voy a hacer un vino naranjo o de raíz, porque es volver a la técnica del contacto con las pieles", pero demostrando que se pueden hacer bien, que no tengan ese amargor o defecto que le siento a tantos. Y esto ha sido un éxito muy importante porque realmente gustan mucho en el mercado.
Tengo un pensamiento muy particular: las personas que has estado entrevistando, como Alejandro Vigil, Sebastián Zuccardi, Mariano Di Paola, Pepe Galante, somos una mochila muy pesada para todos los enólogos que se inician, toda esa nueva generación, muy talentosa. Nosotros tenemos algo en nuestro historial, que es la revolución que se hizo en la enología de Argentina en la década del '90, y eso la gente lo recuerda: estamos activos muchos de sus protagonistas.
Hoy la búsqueda de un reconocimiento del enólogo joven, talentoso, es evidente y ese talento está. Es más, Argentina tiene la generación de enólogos más talentosos que existe en este momento en la juventud. Entonces, yo entiendo que esta generación quiera revolucionar un poco, hacer ruido para llamar la atención... por eso aparecen estos vinos naturales. Están acompañados de una generación de formadores de opinión que tienen que tener algo de que hablar.
-Vos que has hecho más de cincuenta vendimias, no sentís que hemos sido muy pendulares en pasar de vinos cargados con madera a vinos limpios totalmente y casi sin madera, sin enología. ¿Cómo lo ves?
-Mira te voy a corregir algo. Los vinos naturales no se pueden hacer sin enología, porque es la ciencia del arte de la fermentación. Y esa ciencia es indispensable precisamente para no defraudar al consumidor. Si seguimos diciendo que podemos hacer vinos sin enología, vamos a tener un problema y va a seguir cayendo el consumo, porque el vino es un producto activo, que evoluciona y puede mejorar o empeorar en función de cómo lo trataste antes de ponerlo en la botella.
Lo pendular va a seguir porque el vino está atado fundamentalmente a los hábitos de las personas y las personas van cambiando. Fíjate, hoy buscan menos calorías, están hablando de vino sin alcohol, que para mí no es vino. Creo profundamente en los vinos de bajo alcohol para aquel que quiere consumir menos y lo podemos hacer. En cambio, un producto desalcoholizado está desarmado. Responde a una moda, a aquellos que quieren menos calorías, en vez de moverse más. Es una generación que se ha criado con las bebidas dulces, se ha criado con los jugos edulcorados, y después empezó con la cerveza, que es mucho más amable en términos de acidez.
-Con todo lo que ha generado, desde los emprendimientos hoteleros, la proyección que tenés en nuevas ideas, la vinculación de Argentina con el mundo. Después de todo ese trayecto ¿Cómo te sentís?
-Con una enorme gratitud a toda la gente que me ha acompañado y me ha ayudado. Una enorme gratitud a la gente que trabaja conmigo. Una enorme gratitud a mi país, a mi provincia en particular y a Salta, que como digo, pasé por la Universidad de Salta, que es donde tenía carencia de todo y aprendí muchas cosas. Si a mí me preguntabas, cuando me recibí con 23 años, que iba a llegar hasta acá, te hubiera dicho “estás más loco que una cabra”. Ni en mis sueños más locos. Siempre digo que los pensamientos se transforman y se concretan. Entonces cuidado con lo que piensas porque se hace realidad. El dinero y el éxito ha sido una consecuencia. Siempre he pensado en la calidad, en el desarrollo. He pensado mucho en la gente porque como yo lo pasé muy mal, siempre he pensado mucho en la gente que trabaja conmigo, en ayudar y creo que por eso he podido llegar a donde he llegado, porque es la ley de las compensaciones. Mientras vos más te vacías, más recibís para llenarte.