Cómo el calentamiento del planeta provoca cambios psicológicos
Se ha dedicado mucha atención a cómo el calentamiento global y el cambio climático inciden en la salud física en general, pero no tanto en las enfermedades que afectan a la mente. Y la realidad es que tras la ola de calor en el último verano, con temperaturas récord en Argentina, y seguido de un invierno muy frío, como consecuencia del calentamiento global se espera un verano muy caluroso en el país. Ante este contexto, un número creciente de estudios científicos confirman que existe un vínculo entre el cambio climático y los trastornos del estado de ánimo, la agresión, la pérdida de aprendizaje, las enfermedades mentales e incluso el Alzheimer tiene una conexión con el clima.
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Ahora que el clima se está calentando cada vez más rápido, los siguientes estudios demuestran estos nuevos efectos del cambio climático en la salud:
- Aumento de la agresividad y la irritabilidad. Los investigadores han descubierto que cuando el clima es más cálido aumenta la delincuencia -sobre todo la violencia con armas de fuego-. Y hasta le han puesto un número: 5 millones de agresiones y 22.000 asesinatos más en Estados Unidos para finales de siglo. También se ve la agresión relacionada con el calor en publicaciones de las redes sociales: en más de 8 mil millones de publicaciones en Twitter (ahora X) a lo largo de los años encontraron muchos más tuits negativos en los días calurosos.
- El nivel de irritabilidad también afecta nuestras decisiones. Investigadores canadienses estudiaron a los jueces de Estados Unidos que determinan si los inmigrantes pueden quedarse en ese país y descubrieron que los magistrados eran menos empáticos (con los inmigrantes) en los días muy calurosos, al punto bajar un 7% las concesiones de asilo (condición jurídica que otorga a la persona ciertos derechos). En síntesis, cuando hace mucho calor la gente es más propensa a intensificar los conflictos.
- Las toxinas de la contaminación en el aire también generan una caída en la productividad y en el aprendizaje. Una gran cantidad de evidencia académica sugiere que baja la productividad, la cognición y el pensamiento crítico cuando las personas están expuestas a niveles más altos de concentración de CO2. Otro caso trabajado por científicos ha sido un seguimiento de la contaminación del aire con relación a las ganancias y pérdidas en la Bolsa de Valores de Nueva York durante un período de 15 años: cada vez que aumentaban las partículas tóxicas en el aire, en la misma jornada caían un 12% los retornos del mercado (métrica financiera que evalúa el rendimiento económico de una inversión con relación a su costo). Los autores del estudio creen que los inversores pueden estar menos dispuestos a asumir riesgos cuando tienen el cerebro nublado por las toxinas.
- Las enfermedades cerebrales como el Alzheimer y el Parkinson son más frecuentes. La contaminación atmosférica crónica - que se potencia con el efecto del calor- , puede entrar en el cerebro a través de la nariz y la boca y provocar una inflamación leve en el tejido cerebral. Si esta inflamación continúa durante mucho tiempo pueden aparecer casos de demencia y de la enfermedad de Parkinson. De hecho en Estados Unidos científicos examinaron los cerebros de más de 200 personas fallecidas que habían vivido en los alrededores de la ciudad de Atlanta y descubrieron que quienes vivían en las zonas con mayor contaminación relacionada con el tráfico presentaban los niveles más elevados de placas cerebrales asociadas con la enfermedad de Alzheimer. También se está dando que en días muy calurosos, más personas acuden a urgencias para recibir tratamiento por ansiedad, esquizofrenia y otros trastornos. Lo mismo sucede con las muertes por suicidios: se dan más casos cuando aumenta la temperatura.
- También afecta al descanso: Recientemente se descubrió que las temperaturas nocturnas exteriores más altas coincidían con que la gente dormía menos.
¿Por qué sucede esto?
Algunos científicos creen que el calor extremo afecta a la hormona serotonina, que regula el estado de ánimo y determina el grado en el que una persona es o no impulsiva. Más información.
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