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El pequeño pueblo de campo con una historia de reyes y solo 150 habitantes

A poco más de 160 km de la Ciudad de Buenos Aires, este pueblo casi deshabitado conserva su historia y sus pintorescas calles.
A poco más de dos horas de CABA se encuentra este tranquilo pueblo Foto: Postales de Parajes y Pueblos de Buenos Aires
A poco más de dos horas de CABA se encuentra este tranquilo pueblo Foto: Postales de Parajes y Pueblos de Buenos Aires

Los pueblos  de Buenos Aires esconden historias y tradiciones para descubrirlas en una escapada de fin de semana largo. El antiguo ferrocarril permitió construir a su paso pequeños poblados, muchos de ellos aún conservan sus estaciones de tren, calles y antiguas casas.

Ernestina es un pueblo ubicado a poco más de 2 horas y media de la Ciudad de Buenos Aires y a una hora de viaje desde el centro de Lobos. A orillas de la Laguna Salada, este poblado pequeño de solo 150 habitantes da la bienvenida a sus visitantes con su vieja estación de tren.

Si bien el pueblo da la sensación de estar prácticamente deshabitado, la mayoría de los vecinos que decidieron quedarse son adultos mayores, el lugar es muy pintoresco y conserva sus rincones, dando cuenta de la vida que llevaron los antiguos pobladores en los inicios del lugar, allá por el 1890.

Ernestina nació en 1896, esta fue la fecha en la que llegó el primer tren a la estación y que permitió construir la vida a su alrededor. Fue llamado así en honor a Ernestina Gándara Casares de Keen, esposa del fundador, Enrique Keen.

Pero el pueblo tuvo su momento de auge y fama en 1925, con la llegada del príncipe de Gales Eduardo VIII, quien durante un trayecto en tren hacia la estancia Huetel, una de las más suntuosas del país, paró en la estación de Ernestina. Si bien muchos aseguran que paseó por las cuatro cuadras que forman el pueblo, otros sostienen que el hombre en realidad nunca descendió del vagón que lo trasladaba.

Lo cierto es que todo el pueblo se preparó para recibirlo y hubo grandes cambios en las calles. Son dos cuadras que se lucen con un cantero central, una vistosa fuente y una sucesión de altas palmeras Phoenix Canariensis, que llegaron desde las islas Canarias a fines del siglo XIX, en la misma época en que se plantaban en la Plaza de Mayo.

Ernestina recibió al príncipe de Gales Eduardo VIII en 1925. Foto: Ser Argentino

Además de su boulevard con palmeras y farolas, otro registro de los tiempos de antaño son el edificio con el arcada de ingreso a lo enormes patios del antiguo colegio Enrique Keen y de la hermosa iglesia neogótica, inaugurada en 1912 y el Teatro Argentino.

Este último es el más representativo de la vida que tuvo el pueblo, fue  inaugurado en 1938 con 200 butacas, fosa para la orquesta, escalera para el apuntador y una acústica digna de un gran teatro lírico. Ahora será remodelado y se espera que vuelva a relucir como lo hizo hace más de un siglo.