Todos los conflictos matrimoniales que atravesó Carolina de Mónaco
Carolina de Mónaco tiene un encanto natural. Su belleza y estilo ocupó durante años las portadas de las revistas de renombre en todos los países: el mundo soñaba con esa princesa europea que por primera vez se mostraba descontracturada, con una impronta personal tan atractiva como única.
Actualmente es de las pocas royals que luce sus canas al natural y no se hizo retoques estéticos en el rostro. Segura de sí misma, elegante y culta hipnotiza a todos con eso que siempre llamó la atención de su figura: su gran naturalidad.
Su belleza deslumbrante se destacó desde el principio por ser una princesa “diferente“ que recurría al mínimo a los tocados y los accesorios exagerados típicos de la monarquía.
De gran carácter e independencia es más bella aún en su madurez. No obstante, no hubo suerte para Carolina de Mónaco en el amor. Repasamos su historia.
Los matrimonios de Carolina de Mónaco: divorcios, desencuentros y disgustos
Carolina de Mónaco tiene un recorrido triste en materia amorosa.
Comencemos por su último matrimonio que terminó en divorcio con Ernesto de Hannover. Este matrimonio comenzó hace más de 20 años y una década ya de separación.
La boda fue celebrada el 23 de enero de 199 en el Palacio de Montecarlo y fruto de esa unión nació Alexandra.
Los Hannover son una de las familias más ricas y antiguas de Europa y aunque el matrimonio no tardó en resquebrajarse, no se separaron enseguida por cuidar las formas con entre dos familias tan importantes.
Ernesto tenía grandes adicciones y problemas de salud desde entonces, y no es diferente ahora. Mantiene un duro enfrentamiento con su hijo mayor ante la justicia y es un hombre con fama de mal humor, con peleas públicas en su haber y detenido en más de una ocasión por amenazas y destrozos.
Peleado con sus dos hijos, fruto de su enlace con Chantal Hochuli, se dedica a entorpecer la posibilidad de que sus herederos puedan acceder a su fortuna. Entre tanto, Carolina de Mónaco, su segunda mujer, tiene buena relación con ellos.
Pero remontándonos aún más atrás vemos que antes tampoco tuvo suerte. El primer amor oficial fue Philippe Junot, un hombre 17 años más grande que ella. Playboy de las noches en París, se conocieron en 1977. Ella era la princesa moderna europea más bella del momento, aficionada al arte, la literatura, inteligente y preciosa.
Por tanto, esta pareja no recibió el visto bueno de los padres de Carolina de Mónaco.
No obstante se casaron. Ella vestida de Dior y con un original tocado de flores hechas de encaje. Dos años después se divorciaron. A poco de la ruptura ella comenzó a mostrarse en cócteles y discotecas, embarcaciones y paseos en vacaciones junto a Robertino Rossellini, el hermano gemelo de la actriz Isabella Rossellini y también, del tenista Guillermo Vilas.
Entre tanto, el Vaticano le negó la anulación de su matrimonio fallido con Junot.
Ya para ese entonces vestía jeans comfy con patas de elefante y simples camisetas blancas. De noche se mostraba elegante pero original con grandes moños en el cabello semirecogido y un estilo distinguido con firmas como Valentina o Marc Boham acompañando sus noches.
Indiscutible ícono de moda y belleza de los 80 's impuso tendencia con abrigos de terciopelo, gafas de sol estilo aviador y blazers de algodón en colores vibrantes. Luego en el 90 y el 2000 subió la apuesta con su estilo refinado y el cabello corto suelto, su silueta espigada enfundada en trajes de sastre de colores y tacones al tono.
Luego de perder a su madre Grace Kelly, Carolina resurgió de sus cenizas con la boda más romántica: con Stefano Casiraghi, un italiano que provenía del mundo de los negocios que conoció tres años después de divorciarse.
Con él tuvo tres hijos: Andrea, Carlota y Pierre. La boda se realizó mientras Carolina de Mónaco ya estaba embarazada de Andrea.
La devastadora noticia de la muerte de Casiraghi en un accidente náutico fue la tragedia que interrumpió los 7 años de calma que ese matrimonio le dio.
La joven viuda huyó a la casa de la Provenza francesa a llorar su dolor lejos de la vida oficial del Principado de Mónaco y sus protocolos. De a poco volvió a su vida de vestidos floreados y paseos con sus aún pequeños hijos, que la sacaron adelante.
Jamás rompió el silencio después, pero se le conocieron romances como con el actor francés Vincent Lindon.
Poco a poco regresó a su rol oficial, a sus trajes Chanel y a los bailes de la Rosa de Montecarlo, en donde deslumbró siempre con looks originales, que promueven lo más novedosos entre los diseños de vanguardia.
Ese estilo que la hace única, que fusiona una gran personalidad son la espontaneidad natural y la elegancia que la caracteriza hace que Carolina de Mónaco siga siendo junto a su hija Carlota (su viva imagen) y sus nueras, Tatiana Santodomingo y Breatrice Borromeo, una de las royal más encantadoras de Europa, aunque tenga el corazón roto.
Y tú ¿Conocías todos los conflictos matrimoniales de Carolina de Mónaco?