Que el saco del turismo no le quede grande a Mendoza

Que el saco del turismo no le quede grande a Mendoza

Las expectativas puestas en el sector son enormes. Pero aparecen muchas dudas sobre si la provincia está preparada para llegar a altos estándares.

Federico Lancia

Federico Lancia

Es claro que la pandemia y las variables macroeconómicas han jugado una mala pasada en todas las economías del mundo y que han trastocado todos los índices de crecimientos que venían mostrando previo al desastre sanitario. 

Dicho esto y en la condiciones que ha trabajado la provincia de Mendoza, las expectativas puestas en la industria del turismo son enormes. Sobre todo porque los demás motores que impulsaban el desarrollo de la región han ido perdiendo peso y teniendo menor incidencia en la cuenta final de las arcas provinciales. Llámese minería, metalmecánica, sector agroindustrial y demás. 

Por eso, lo que queda es el turismo. Y cuando hablo de turismo no me refiero solamente a ese vinculado a hoteles de alta gama o prestigiosas bodegas, con importantes vinos e importantes precios promedio en su cubiertos. Me refiero a las demás áreas de un sector que puede ser vital para rescatar a Mendoza de su poca recaudación, producto de la poca producción. 

Por un momento dejemos de lado el vino y sus bodegas, que funcionan bastante bien. Con algunos matices, pero dentro de todo están de la mano del sector privado en un auge de crecimiento. 

La montaña y sus lagos

Tenemos unos de los paisajes naturales más asombrosos del planeta. La Cordillera de los Andes y sobre todo la presencia del pico más alto de América son un atractivo por sí mismo. Pero si uno se anima, podría intentar recorrer la ruta internacional 7 y se va encontrar con un paisaje “más que virgen”. 

La falta de servicios, el deterioro de las rutas y sus caminos vinculantes, y la falta de puesta en valor de todos los atractivos culturales e históricos que tiene el lugar no están a la altura de las exigencias de un turista mundial. 

Ir por ejemplo al lago Potrerillos y contemplarlo es muy bonito y emotivo. Pero en eso se queda. Cierto es que la falta de inversión, en muchas ocasiones, está frenada por las millones de condiciones que pone el Estado para que se instalen nuevos jugadores. 

Ni hablar de la Laguna del Diamante, una verdadera experiencia de aventura. De complejo acceso, una vez allí en el lugar la laguna, su flora y su fauna son únicos. De más está decir, que hoy hay desarrollos sustentables que preservan el medio ambiente y se adaptan a las condiciones que pide un turismo muy demandado a nivel mundial. Su puesta en marcha depende de la voluntad de hacerlo. 

Estado o privados

Es por eso que nos proponemos analizar, en una serie de notas, el estado actual de la actividad turística en Mendoza, e iremos haciendo foco de los diferentes actores que han participado y participan en la industria del turismo. Porque tengo el pleno convencimiento de que si las cosas se hacen como corresponde, puede ser un gran motor de la economía de Mendoza. 

El sector privado no puede seguir solo, con acciones aisladas subiéndose a una tendencia que si no tiene sustento con políticas de Estado, se acabará. Y el Estado no puede seguir siendo sordo y/o ciego en lo que está pasando en el sector. 

Son grandes temas que profundizaremos. La conectividad, las señaléticas, los servicios, las propuestas para todos los segmentos, lo que se hizo y lo que se dejó de hacer. Porque si no subimos todos al mismo tren, el fracaso está a la vuelta de la esquina. 

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