Cómo llegó esta joya patagónica a ser el destino de invierno más elegido de Argentina
Cada invierno ha logrado atraer a miles de turistas, pero también durante el resto del año con una estrategia que ahora buscan extender a toda la región.
El destino de invierno más elegido del país ahora extiende su estrategia al resto de su provincia.
¿Qué hace que un destino turístico deje de ser una moda y se convierta en una tradición? ¿Cómo logra mantenerse entre los favoritos durante décadas, incluso cuando cambian las generaciones, los hábitos de viaje y las condiciones económicas? Estas preguntas pueden tener muchas respuestas, pero en el caso del lugar más elegido del país durante el invierno y cada vez más visitado durante el resto del año, hay detrás una fórmula que ahora busca extenderse a toda una región.
Ese lugar donde cada invierno se repite la misma escena, con miles de turistas que llegan atraídos por la nieve, los lagos y las montañas es Bariloche y tras su éxito hay una estrategia que comenzó hace mucho tiempo y que transformó a la ciudad en una marca turística reconocida dentro y fuera del país.
Diego Piquín, actual director ejecutivo de la Agencia de Turismo de Río Negro (Atur) y uno de los protagonistas de esa transformación turística que vivió Bariloche durante la última década, charló con MDZ Online sobre los secretos de ese fenómeno: planificación, inversión, promoción y una estrategia que los llevó a romper la tan limitante estacionalidad que suele tener los destinos.
El experto en turismo llegó a Mendoza con una tarea clara, extender esa fórmula de éxito en la ciudad al resto de su territorio provincial, desde la cordillera hasta el Atlántico, bajo una propuesta que resume en una frase: "La Patagonia en un solo lugar". Así, ante operadores turísticos, agencias de viajes y prensa especializada Piquín presentó la propuesta de Río Negro con opciones que van desde el esquí en Bariloche y El Bolsón hasta el avistaje de fauna marina en el Golfo San Matías, pasando por la estepa, el valle fértil y la costa atlántica con “el Caribe patagónico”.
Además, analizó la competitividad de los destinos del sur frente a la percepción de que son "caros" y explicó cómo la provincia enfrenta problemáticas cada vez más sensibles, como los incendios forestales.
-¿Cómo se trabaja en un año donde el turismo todavía no termina de despegar y muchas actividades siguen remándola?
-Sí, tal cual. Lo que aprendí a lo largo de mi vida es que cuando la situación no es del todo fácil, hay que poner más esfuerzo, más creatividad y más foco en generar promoción, difusión, desarrollo de productos y diversidad de oferta para hacer que la rueda gire más rápido, mejor y genere más utilidad.
Lo que estoy buscando es darle más visibilidad a Río Negro, una provincia que históricamente ha tenido un perfil más tranquilo en materia turística, pero cuya oferta es tan amplia, diversa e interesante que merece ser mucho más conocida. Además, tenemos con qué.
Hoy estamos trabajando bajo el concepto de "La Patagonia en un solo lugar". Cuando uno mira Río Negro, encuentra resumida toda la Patagonia en una sola provincia. Tenés cordillera, mar, estepa y valle. Tenés montaña, lagos, ríos, nieve, trekking, esquí, aventura, tranquilidad y microclimas como los de El Bolsón. Está Bariloche, que es un destino hiperconocido; la inmensidad de la estepa, donde podés viajar en tren y descubrir toda la huella de los dinosaurios; un valle productivo y, finalmente, el mar.
Hoy incluso estamos recibiendo orcas en la costa y nos llaman el "Caribe patagónico" porque tenemos aguas que alcanzan los 26 grados. Es real.
En contextos que no siempre son favorables hay variables controlables e incontrolables. Las que no puedo controlar las monitoreo para entender cómo impactan. Las que sí puedo controlar son justamente la calidad de la oferta y la promoción. Ahí es donde ponemos toda la energía.
-¿Por qué eligieron Mendoza para promocionar Río Negro?
-Estoy convencido de que tenemos que trabajar sobre dos públicos. Por un lado, el consumidor final, el potencial turista. Por otro, un socio estratégico fundamental: el trade, es decir, operadores y agencias de viajes.
Venimos participando en workshops, congresos de FAEVYT y distintos encuentros del sector en las plazas más importantes del país, que tienen un gran potencial emisivo. No se trata solamente de estar presentes, sino de generar acciones específicas que nos permitan ganar visibilidad.
-La Patagonia suele promocionarse como una región. ¿Cómo se logra diferenciar una provincia dentro de ese conjunto?
Nos promocionamos como región y eso sigue siendo fundamental. De hecho, trabajo muy activamente dentro del Ente Patagonia junto a las otras cinco provincias. Soy un convencido del trabajo en equipo. Cuando hablamos de Patagonia, sobre todo en mercados internacionales, tiene mucho sentido promocionarnos como una única región. Si vamos a Estados Unidos, por ejemplo, no vamos como Río Negro o Chubut; vamos como Patagonia.
Después, cada provincia construye y posiciona su propia marca. Yo soy licenciado en Marketing y siempre veo estos procesos desde esa perspectiva. Así como existe una marca Mendoza, existe una marca Río Negro o una marca Bariloche, que tuve el honor de gestionar durante once años. Tenemos que trabajar en esa construcción marcaria y en un posicionamiento sostenido en el tiempo.
Además, las provincias competimos y nos complementamos al mismo tiempo. En avistaje de fauna marina, por ejemplo, Chubut es un referente indiscutido y trabajamos muy bien juntos. La ballena es la misma. Entonces, cuanto mejor trabajemos en equipo, mejores resultados vamos a obtener todos.
-La Patagonia suele ser considerado un destino caro, algo con lo que también se lucha en Mendoza. ¿Cómo vienen los precios para esta temporada?
Yo prefiero hablar de valor más que de precio. Algo es caro cuando lo que pagás no está a la altura de la experiencia que recibís. Si hablo solamente de precio, entro en una lógica muy transaccional. En cambio, cuando hablás de valor, analizás la experiencia completa.
Tanto Río Negro como Mendoza tienen una oferta gastronómica, hotelera y de servicios muy desarrollada. Eso hace que exista una enorme diversidad de opciones. Podés alojarte en un hotel cinco estrellas o en un camping; comer en un restaurante de alta gama o en propuestas mucho más accesibles.
Ayer cené en La Gloria y la experiencia fue excelente. No solamente por la comida, sino por el ambiente, el entorno y todo lo que rodea la propuesta. Entonces, ¿es caro o barato? Para mí, cuando la experiencia supera las expectativas, el valor está más que justificado.
En esquí también tenemos alternativas competitivas. El pase diario en Catedral se mantiene en $160.000, igual que el año pasado. En Cerro Perito Moreno está actualmente en $90.000 y probablemente suba a $110.000 en junio. Son dos centros diferentes, pero ambos ofrecen muy buenas opciones. Creo que hoy Río Negro es competitivo.
-Río Negro, con Bariloche a la cabeza, y la Patagonia en general lograron romper la estacionalidad turística. ¿Cuál fue la fórmula?
-Trabajo, planificación y constancia. Hay que segmentar muy bien los públicos y diseñar acciones específicas para cada uno a lo largo del año. Además, es clave desarrollar productos que permitan atraer visitantes fuera de las temporadas tradicionales.
En Bariloche, por ejemplo, el turismo estudiantil, el turismo de reuniones y el segmento de bodas ayudan muchísimo a desestacionalizar la demanda. Lo mismo ocurre cuando trabajás mercados internacionales de manera sostenida.
También hace falta inversión. Podés tener una gran estrategia, pero sin presupuesto es muy difícil que funcione.
-¿Qué rol cumpliste en Bariloche?
-Fui director ejecutivo del Emprotur, el ente mixto de promoción turística de Bariloche, un modelo muy similar al que tiene Mendoza con el Emetur. Hoy tengo la responsabilidad de trabajar sobre toda la provincia.
-Bariloche o Las Grutas son destinos consolidados y que han logrado cierta fidelidad del visitante. ¿Cómo se evita que el turista se canse de volver siempre al mismo lugar?
-Hay varios factores. Por un lado, influyen mucho las generaciones y los hábitos de viaje. Hay personas que disfrutan volver año tras año al mismo destino y otras que buscan experiencias nuevas permanentemente. Por otro lado, está la capacidad del destino para renovarse. Es difícil hacerlo en lugares tan consolidados como Bariloche o Las Grutas, pero es necesario generar nuevos productos y experiencias.
Y después están los eventos, que son grandes motores turísticos. Bariloche tiene la Fiesta Nacional del Chocolate, Bariloche a la Carta, Navidad y muchas otras propuestas. Son eventos pensados estratégicamente desde hace más de diez años para agregar valor a la experiencia del visitante.
Es algo parecido al efecto Disney: no importa cuándo llegues, siempre hay actividades, experiencias y propuestas para disfrutar. Algunas se repiten porque funcionan y otras se renuevan. La clave es reinventarse constantemente para seguir siendo atractivo para distintos públicos.
-¿Cómo manejan la situación de los incendios forestales?
-La padecemos, sin dudas. Río Negro está bastante preparada. Contamos con el SPLIF, el Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales. Además, tenemos un helicóptero hidrante único en Argentina, pensado justamente para actuar rápidamente ante cualquier foco que pueda poner en riesgo tanto a la naturaleza como a las comunidades.
Esta última temporada, especialmente con los incendios en la zona de El Bolsón y Chubut, la situación fue muy dura. Estar allí y ver las columnas de humo genera una sensación muy fuerte. Uno realmente la pasa mal. Por eso tenemos que trabajar con mucha responsabilidad. Por un lado, en la comunicación y la concientización. Por otro, en la preparación y la infraestructura.
La realidad es que el riesgo va a seguir creciendo. El cambio climático, el aumento de visitantes y las condiciones de sequía hacen que cada vez sea más importante prevenir. Hoy una colilla de cigarrillo o incluso un vidrio abandonado pueden desencadenar un incendio. Por eso la educación es fundamental, aunque también sabemos que no podemos depender únicamente de la responsabilidad individual.
Tenemos que estar preparados porque no siempre hay mala intención; muchas veces hay descuido o desconocimiento, y eso también puede ser muy peligroso. Por suerte, esta temporada logramos contener la situación y trabajamos mucho para transmitir que El Bolsón seguía operativo, que no era un destino peligroso y que las excursiones podían realizarse con normalidad. Hubo un esfuerzo muy grande para sostener la actividad turística y dar tranquilidad a quienes querían visitarnos.





