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"La vitivinicultura vive en un clima de tristeza, de derrota y frustración"

Historiador y analista económico. Opina sobre la situación de la matriz vitivinícola en Mendoza y sobre las posibilidades que otorga el desarrollo minero. El fenómeno Vaca Muerta, la corrupción y el "nacionalismo tóxico" argentino.

Conocemos a Pablo Lacoste como historiador, aunque es un mendocino multifacético que ha pasado por responsabilidades periodísticas, de investigador de temas duros vinculados a la economía y también como analista político internacional. Desde hace unos años, por razones profesionales reside del otro lado de la cordillera, en Chile, en donde además siguió aplicando lo que podríamos denominar como "multifacetismo", a la hora de inventar palabras. Allí siguió estudiando la historia del vino, pero también se metió a estudiar su evolución económica en el mundo occidental. Muy seguido se lo puede ver, además, en medios chilenos como analista de la realidad política, con el acento puesto en su país de origen sobre el que tiene tomada una posición que deja en claro cuando opina.

De vuelta por unos días en Mendoza, hablamos con el autor de libros como  "Vinos de capa y espada. Vida privada, cultura material y costumbres en la viticultura tradicional", "La mujer y el vino", " Argentina-Chile y sus vecinos 1810-2000", "Mendoza, a través de su historia. Mendoza", " Mendoza, cultura y economía" y " La imagen del otro en las relaciones de la Argentina y Chile: (1534-2000)", entre muchos otros.

¿La historia dirá que éste fue el tiempo en que Mendoza abandonó su matriz vitivinícola por otra con mejor rendimiento? ¿Es posible borrar en muy poco tiempo toda una cultura económica que se inició prácticamente con la conquista?

- Actualmente hay un ambiente de tristeza en el campo en Mendoza. Los viticultores están con una sensación de derrota. Están frustrados. Sienten que hace cuatro años que los productos que generan con su trabajo valen lo mismo, pero con una inflación altísima. Eso ha llevado a que no puedan pagar los costos de producción. Entonces es triste recorrer estos campos labrados y ver que hay fincas que se están abandonando, gente que se siente vencida, derrotada; que ha perdido la fe. Todo es muy triste. Pero hay también la posibilidad de tener una visión un poquito más optimista. Esto lo digo porque hay problemas que son específicos de esta coyuntura política que estamos viviendo en Argentina ahora.

¿Quiere decir que es la etapa política la que está jugando en contra? ¿O representa realmente un problema de época, de cambio de matriz, que la vitivinicultura ya dejó de ser un valor en la economía de Mendoza?

- Claro, dejó de ser un valor hasta que yo camino unos kilómetros, cruzo una frontera y allí sí: ¡vuelve a ser un valor! A ver: Chile está subiendo sus exportaciones este año un 33 por ciento con respecto al año pasado, ya exporta más de 2.000 millones de dólares al año en vino, ha superado inclusive a Australia, con lo que Chile se transformó en el cuarto exportador mundial de vinos. Esto era impensable en el año 2001 o 2002, la Argentina exportaba 150 millones de dólares y Chile, 600 millones. Son climas muy parecidos, con características semejantes. Incluso, Argentina tiene algunas ventajas, porque tiene el Malbec. Es reconocida por tener el mejor Malbec del mundo, mientras que Chile no tiene un varietal con esa fuerza, esa energía, esa capacidad. En estados Unidos el Malbec es sinónimo de Argentina. Eso es una gigantesca ventaja que, en materia vitivinícola, tiene Argentina sobre Chile. Además hay más amplitud, más tierras. Son ventajas considerables. Sin embargo, Chile que tiene menos recursos ha logrado triplicar las exportaciones de vinos que tiene Argentina.

¿Por qué?

- Bueno, porque el Gobierno ha logrado sostener una política de Estado permanente. Saben que lo mejor que puede hacer un gobierno para fomentar una actividad económica es permitir que hagan bien su trabajo. Esto es, no tanto subsidio ni cosas raras. Hacer su trabajo.

¿Por ejemplo?

- Controlar la inflación. En Chile es del 3 por ciento anual. Uno pide un crédito y es con esa tasa. Todo el mundo accede al crédito y eso facilita las cosas. Lo otro es el nacionalismo económico. La Argentina ha aplicado un mal nacionalismo económico que cree que vamos a hacernos ricos a medida que cerremos las fronteras y nos miremos entre nosotros. Creemos que vamos a ser campeones del mundo; que “acá nos e puede importar nada porque todo lo vamos a fabricar nosotros”. No tenemos esa posibilidad sencillamente porque ningún país del mundo se autoabastece de todo lo que le hace falta. Los países se especializan en algunas áreas y en otras importan lo mejor que generan otros países que se han especializado en otras áreas. Entonces así usted tiene “la selección”. Uno es de aquí, otro es de afuera. Entonces uno importa una parte, exporta otra. Pero aquí hemos cerrado las fronteras. Al hacerlo, hemos querido solamente mirar hacia el mercado interno y hemos obstaculizado la importación y la exportación. Entonces si el productor de vinos de la Argentina quiere exportar tiene que pagar impuestos, que se llama “retenciones” que son el 5 por ciento. El productor de Chile no tiene que pagar eso. A su vez, como Argentina no tiene tratados de libre comercio firmados con ningún otro país del mundo, salvo con Brasil, los vinos de Argentina cuando salen del país y quieren entrar a otros países tienen que pagar impuestos de entrada. Chile, como ha firmado tratados de libre comercio con muchos países, entra a esos mercados en forma directa, sin pagar nada.

Resumiendo: la historia dirá que es viable, pero que no se aprovecharon las ventajas existentes.

- Repasemos: tenemos dos viñas separadas por una frontera. La de un lado, tiene que pagar 5 por ciento de retención a las exportaciones más impuestos de entrada a otros mercados, no tiene crédito y para importar maquinarias ponen mil trabas en la frontera para no poder hacerlo y así, ir actualizando su equipamiento. Del lado de Chile es al revés: pueden incorporar todo el equipamiento completo, la última tecnología en forma muy barata.

¿Reconoce una mala organización de sector de la industria y el productor del sector que no logra poner sus reclamos en la primera línea del Gobierno o simplemente se trata de un claro complot contra la economía regional?

- Lamentablemente, el gobierno que está en Buenos Aires mira el fenómeno de la soja y dice: “Bueno, yo tengo que financiar la caja del Estado con la soja, entonces le voy a poner altísimas retenciones a las exportaciones”. Después lo hacen con la fruta, la viticultura, el vino, como también son del campo traspolan el modelo y les cobran impuestos para exportar. Han fundido la industria vitivinícola de Mendoza porque han aplicado una política que era propia de la Pampa Húmeda,. Lo que resulta una cosa disparatada.

Se entiende como que a nadie le importara reaccionar. ¿Es tan brutal la pasividad mendocina?

- Yo no entiendo cómo lo senadores y diputados que tiene Mendoza en el Congreso de la Nación no se han plantado en firme diciendo: “Señores, esto es inaceptable: Están hundiendo a mi provincia”. ¿Cómo no se aliaron con los de San Juan, con todos los que tienen problemas parecidos? No entiendo cómo el Gobernador no se ha puesto a la cabeza de esta situación. ¿Para qué lo tenemos? ¿Para qué queremos un Gobernador que no es capaz de defender los interes de su induistria madre? Usted me puede decir que hay otras industrias que son más importantes. Bueno, habrá otras que generan mayor impacto, es verdad. Pero la cantidad de empleo de la industria vitivinícola es única, es gigantesca.

Hay que decir que ahora justamente estamos viendo los problemas de otro tipo de industrias en Mendoza...

- También están en problemas, es cierto, perjudicadas por las políticas macroeconómicas del Gobierno.

¿Es justo en este contexto que apelemos a una fuerte polarización entre vitivinicultura y explotación de recursos subterráneos, como petróleo o minería?

- Acá hay un tema estratégico y es que debemos aprender a trabajar en armonía. La minería todos sabemos que es una actividad económica de alto riesgo y que tiene muchas chances de generar contaminación, un alto impacto ambiental negativo. Pero también es posible encontrar sistemas para controlar eso. Hay crearlos. Por eso somos personas, inteligentes, con cabezas. Hay que apoyarse en los grupos ambientalistas, pero no ambientalistas militantes fanáticos que se opongan a todo, sino aquellos que estén a favor del desarrollo y del cuidado del medio ambiente. Si se decide implementar un proyecto minero, que se ponga a funcionar un sistema transparente, con control de gestión, en donde puedan participar las agrupaciones ambientalistas, que tenga un control ciudadano, con gente que no pueda ser corrompible, “comprable”, gente insobornable. Realmente es muy triste tener una inmensa cantidad de riqueza que no se puede desarrollar porque somos tan tontos que no somos capaces de buscar un sistema amigable con el medio ambiente para poder generar esa riqueza, habiendo problemas de pobreza, marginalidad. Hay una actitud muy irresponsable. Es cierto que muchas empresas, sobre todo de la gran minería, han hecho abusos, han contaminado. Vienen y dejan un pasivo ambiental que es ilevantable: eso es cierto. Es lo que hizo Chevron en Ecuador. O sea, los aliados que tiene el gobierno argentino en la minería nacional han dejado un pasivo de 20 mil millones de dólares. Ya sabemos que eso pasa. Ya sabemos que el jabón se puede caer y llenarse de pelusa. Bueno, hay que tener cuidado y ver que eso no ocurra y buscar las medidas del caso.

Abocarse a Vaca Muerta no debería implicar eliminar todas las economías regionales. Abandonar todo lo que está haciendo el país para abocarse a la minería “a lo tonto” en todo el territorio.

- No, lo que tiene de bueno Vaca Muerta es que es un área que no tiene desarrollo agrícola. Está en una zona desierta, que no tiene población ni cultivos. El impacto va a ser bastante menor, pero claro, igual se pueden contaminar los ríos. Entonces aguas abajo se puede producir un desastre. En caso de ponerse en marcha Vaca Muerta, lo que hace falta es poner en marcha toda una política transparente, con gente insobornable, porque ya sabemos que la fuerte pauta de corrupción ha sido la nota de los últimos 20 años de gobierno. Hay que buscar gente muy proba que garantice una tarea eficiente de control, y que sea totalmente independiente.

¿Qué se imagina?

- Una tarea ciudadana independiente de la empresa que va a explotar Vaca Muerta y del Gobierno, porque ahí muchas veces está la corrupción, cuando el Gobierno está más cerca del problema que de la solución. Hay una parte ciudadana que habría que involucrar para que lo garantice. El Fiscal de Estado, por buscar una figura más o menos independiente, o la Suprema Corte, que se ocupe de seleccionar o apoyar a los integrantes del tercer sector, con una financiación oviamente, y poner en marcha estos emprendimientos. El mundo necesita energía, Argentina necesita energía. Sin energía la industria no es competitiva. Entonces hay que hacer licitaciones transparentes, evitar los casos de corrupción con las licitaciones ganadas sistemáticamente por los amigos del poder, como se ha visto escandalosamente en los últimos 12 años en la Patagonia argentina, con el caso de Lázaro Báez, que es una cosa de público conocimiento. Pero lo cierto es que Vaca Muerta es un asunto estratégico.

Finalmente y pasando a otro tema. Un país como Argentina, con condiciones especiales para ejercer libremente un multilateralismo, ¿con quién estamos “casados”? ¿Cuáles son nuestros amigos? Si bien recibimos apoyo internacional en condiciones de debilidad, como frente a los “buitres”, en el ejercicio cotidiano del comercio, por ejemplo, nos peleamos con todos.

- Primero hay que trascender esta situación de un nacionalismo tóxico antiguo. En Europa había un gran nacionalismo. Hace 100 años todos los europeos eran fanáticos nacionalistas. Todos los europeos odiaban al país de al lado. Los gobiernos demonizaban al otro país, reivindicaban territorios irredentos. Crearon todo un ambiente de tensión, de codicia, de querer recuperar territorio por alguna vez fue propio. Todo ese discurso de nacionalismo territorial o económico se puso en marcha. Europa se curó de ese nacionalismo tóxico con dos guerras mundiales que se cobraron cerca de 100 millones de muertos. Nosotros hemos entrado en una dinámica de ese mismo tipo de nacionalismo: reivindicaciones territoriales, cerrar las fronteras, nacionalismo económico que termina favoreciendo a tres o cuatro empresas de amigos del poder, no hay un sistema transparente de gestión. Este es un problema cultural que habrá que superar. Lo otro es volver a mirar a América Latina pero con honestidad. Con una actitud constructiva, con generosidad. Si sale el sol, que salga para todos. Pero lo que se ha hecho en los últimos 12 años ha sido agredir sistemáticamente a los vecinos. Hemos agredido a Uruguay con los cortes de puentes, con licitaciones que por corrupción para el dragado del Río de la Plata no pudieron llevar adelante. Con Brasil, con lo que le hicimos a Vale, a Petrobrás. La política argentina ha sido maltratar las inversiones brasileñas dentro de Argentina. También, hemos tenido con Chile el corte del gas. Se hizo una inversión de 5 mil millones de dólares para los gasoductos, se cambió toda la matriz energética de Chile porque le íbamos a vender el gas y después se lo cortamos. Ellos jamás entendieron nada de esto. Tuvieron una sensación de frustración que se mostró en la tapa de los diarios chilenos. Ha sido ofensivo. Hubo maltrato a las empresas chilenas en Argentina, pérdida de confianza. El problema del bloqueo de importaciones: los empresarios chilenos que trabajaban en la Argentina no han podido entender la cantidad de problemas que les puso el Gobierno, que les prohibía exportar o que les ponía impuestos para hacerlo. Ellos se agarraban la cabeza al ver ese tipo de decisiones. El país cae en una especie de autismo, un nacionalismo económico un poco absurdo y se aisla del resto. Lo que hay que empezar a hacer es cordializar la relación con América Latina. El Mercosur hoy está muerto, con todo lo que se construyó y lo que costó amigar a la Argentina con Brasil. Se destruyó todo eso y los brasileños no quieren ni siquiera oir hablar de Argentina. Les ha ido tan mal, han perdido tantos miles de millones de dólares invirtiendo aquí… Por ejemplo, el caso de Vale hay que estudiarlo a fondo. Es escandaloso. Hay que empezar de vuelta a construir confianza y eso se hace reconociendo los errores, que es lo principal.