Presenta:

Dos trabajadoras sexuales cuentan cómo las contactan los turistas que visitan Mendoza

Ambas pertenecen a la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina en Mendoza. Estas mujeres defienden su profesión y no están de acuerdo con la figura del proxeneta.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

Fátima y Lara son prostitutas. Una tiene más de 50 años y la otra 25. Ambas pertenecen a la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina en Mendoza (AMMAR). La primera lleva 37 años en el rubro y la otra 4.

Fátima aseguró que toda su familia sabe que trabaja ejerciendo la prostitución, mientras que Lara afirmó que su familia no lo sabe, aunque tiene una hermana menor que también se prostituye. 

Las mujeres recuerdan que los inicios fueron difíciles, pero después lo tomaron como lo que es: un trabajo. "Mi primera vez me dio mucha vergüenza. Y me daba más vergüenza tener que cobrarle al hombre con el que había estado", rememora Fátima. Mientras que la más joven cuenta que comenzó en un sauna céntrico y que su primera vez fue con un discapacitado.

Las trabajadoras sexuales confiaron a MDZ Online sus experiencias y las necesidades que tienen las que ejercen este oficio. Además, aseveraron que muchas chicas son llamadas de algunos hoteles para ofrecerle "compañía" a algún turista. Obviamente, deben dejar una comisión.

La entrevista se realizó ayer en la sede de CTA, donde funciona la sede local de Ammar. Allí estaba Fátima tomando mate y 30 minutos más tarde se sumó Lara.

-¿Cuánto hace que ejercen la prostitución?

Fátima: 37 años. Toda mi vida. Empecé a los 24 por necesidad. Actualmente tengo ocho hijos y en ese tiempo tenía siete y tenía que criarlos. Había que darles de comer. Eran tiempos durísimos. Así conocí una amiga que trabajaba de esto y me sugirió hacerlo.

-¿No tenía pareja que la ayudara?

-Nunca estuve casada. Siempre fueron pareja cama afuera.

-¿Sus hijos son todos del mismo padre?

-Los dos primeros sí.

-¿Recuerda cómo fue la primera vez que tuvo que prostituirse?

-Fue horrible. ¡Horrible! Me daba vergüenza cobrarle al hombre… Él me dio la plata porque me la tenía que dar. Pero fue horrible. Después de eso ya está. Es como todas las primeras veces. Empecé trabajando en la calle y siempre fui exhibida, nunca trabajé en cabarets ni en saunas.

-¿Tuvo o tiene clientes extranjeros?

- Claro. Yo tuve clientes extranjeros en mi juventud. Ahora las chicas se cotizan más y está bien que se hagan valer. Pero que trabajen para ellas no para proxenetas. Nosotras queremos que se diferencie la trata de lo que son las trabajadores sexuales. Queremos una ley por la que se regularice el trabajo sexual, que tengamos acceso a una obra social, a una jubilación, a una vivienda y a un estudio. La prostitución nunca se va a terminar y, lamentablemente, el proxenetismo tampoco.

-¿Cuál es la diferencia que hacen ustedes entre las chicas que trabajan en un local y las que están en la calle?

- Antes las que trabajaban la calle se llevaban todo el dinero para ellas. Ahora tienen que pagar las esquinas, cobran por semana. Y las que antes trabajaban en locales iban 50 y 50. Antes no había departamentos privados como ahora, lo común era el cabaret. Hay muchas chicas que están afiliadas a Ammar que trabajan como si fuera una cooperativa y se juntan y pagan un alquiler. Mientras que hay boliches en los que se sigue trabajando 50 y 50 y, en otros, los dueños se quedan con el 60 por ciento. Lo que yo veo feo es que se les cobre a las chicas que trabajan en las esquinas. Yo siempre trabajé en la calle -tengo clientes de años y por eso sigo trabajando-, pero nunca pagué por estar en una esquina. Además, nunca le cobraría a una compañera. Mi etapa ya pasó. Ahora hay chicas jóvenes y hermosas que necesitan trabajar. Nosotros desde Ammar tratamos de que entiendan esto, pero no nos escuchan.

-¿Sus familiares saben que son trabajadoras sexuales?

- Mis hijos toda la vida lo supieron. Se criaron sabiendo que su madre hacía esto. Tengo cinco mujeres y tres varones. Las cinco mujeres se casaron: una vive en San Juan, la otra en Santa Cruz y las tres restantes acá. Todas me aclararon siempre que no iban a ejercer esta profesión y me pareció bien. Y mis hijos varones trabajan para una minera.

-Y, actualmente, qué dicen sus hijos…

- No me dicen nada. Yo hago mi vida.

-Dijo que lleva 37 años en la profesión, entonces comenzó con el último proceso militar…

-Sí. Muchas chicas eran perseguidas. Nos llevaban presas, nos largaban en Lavalle y desde allá teníamos que volver caminando. A veces no pasaban ni 24 horas que nos volvían a detener. A veces nos llevaban a San Rafael, allá nos largaban y no podíamos hablar con nadie al respecto. Había chicas a las que los policías les tenían bronca y les tiraban con balas de gomas. (Julio César) Santuccione, que era el jefe de la Policía en ese momento, era un tipo terrible, te perseguía… Una vez yo andaba con el papá de mi hija y la nena por calle Primitivo de la Reta y cuando nos vio, nos entró a perseguir. Eran tipos terribles que no te los podías sacar de encima... Me acuerdo que en ese tiempo era común que usáramos pelucas y una vez se quedaron con las pelucas en las manos los tipos.

-En algún momento, ¿la policía les pidió coima para dejarlas trabajar?

-Claro que sí. Nos han pedido para un sánguche o una cerveza. Pero te aclaro que no los de Investigaciones…

-¿Y favores sexuales?

-Hay chicas que han sido parejas de policías…

-¿Hoy las prostitutas son más aceptadas por la sociedad?

- Sí. Antes la prostituta era la mujer más baja, ahora no. Ya estamos organizadas y tenemos alguien que nos representa y por eso somos más respetadas. Antes cuando no había nadie que nos defendiera, nos llevaban presas y nos tiraban en cualquier lado porque éramos la lacra más grande.

-¿Cuáles fueron los peores momentos que pasó? ¿Alguna vez fue golpeada…?

-(Interrumpe) No, no, no. Nunca fui golpeada ni por la policía ni por los clientes. Siempre arreglé los servicios afuera de la habitación, por eso no tuve problemas. Adentro de la habitación se hacía lo que habíamos acordado.

-¿Qué tipo de clientes tenía?

-Eran clientes que tenían a su esposa y a mí. No eran clientes que andaban con muchas mujeres.

-¿Alguna de esas esposas se enteró de su existencia?

-Una vez me pasó. Yo le dije: "Si él no te respeta por qué tengo que hacerlo yo". Para mí era un trabajo, nada más…

-¿Qué le reclamaba la mujer?

-Que le había quitado el marido y yo no se lo quité nunca. El tipo venía y pagaba. Sólo eso.

-¿Cómo decide empezar a participar de Ammar?

-Al principio era incrédula. No les creía. Hasta que una compañera me acercó y me hizo ver lo que hacían. Hoy creo en todo lo que trabajaron aquellas mujeres para abrirnos camino. Trabajaron mucho para que seamos respetadas.

Fátima pide que se diferencie entre quienes ejercen la prostitución y quienes son obligadas a hacerlo privadas de su libertad. Mirá el video:

 

Media hora más tarde, alguien golpea la puerta de la oficina. Fátima abre y aparece Lara. Una jovencita muy delgada y esbelta. Ella venía, en un principio, a registrar la entrevista con una cámara fotográfica para enviar las fotos a la sede central del Ammar en Buenos Aires. Pero accedió a participar de la misma.

Así, Lara contó que primero probó teniendo otros trabajos: "Hace cuatro años que ejerzo la prostitución. Empecé trabajando en un sauna y después me independicé. La necesidad me llevó a esto. Trabajé en una panadería y en una verdulería y las ganancias no son las mismas. Ahora tengo un hijo y me estoy haciendo mi propia casa, todo gracias a mi trabajo".

-¿Quién te contacta con los dueños del sauna?

-Busqué un aviso en el diario, llamé, me presenté y empecé a trabajar. Ahí ganaba el 50 por ciento de lo que cobraba, como se hace en todos los saunas.

-Cuando decidiste abrirte, ¿no te hicieron problema?

-No. De entrada les dije que yo quería probar como era el trabajo y estuve con ellos dos años. Teníamos un trato tipo familiar. Como trabajaba ocho horas, a veces tomábamos la media tarde o cenábamos.

-¿Tu familia sabe que ejercés la prostitución?

-No, no lo saben.

-Actualmente, ¿cómo hacés contacto con tus clientes?

-Publico en una página web el aviso. Antes podíamos hacerlo en el diario, pero después no nos dejaron hacerlo más así que recurrimos a internet.

-¿Trabajás en la calle?

-Comparto un departamento con otras dos chicas con las que compartimos los gastos de alquiler. Pero cada una se maneja de manera independiente.

-¿Tus clientes son mendocinos o tenés extranjeros?

-Hay mendocinos, también muchos de Chile, Buenos Aires y Córdoba que vienen por cuestiones de trabajo y nos llaman. Nos manejamos mucho con hoteles. Tenemos dos aranceles: media hora y una hora. Sale 400 la hora. En los hoteles nos manejamos con otros aranceles por una cuestión de que tenés que movilizarte.

-¿Quién te hace el contacto con los turistas?

-Nos llama el cliente. Pocas veces nos ha llamado el conserje para decirnos que tiene un huésped que quiere una chica y para preguntarnos cuánto cobramos. ¿Por qué pregunta? Porque ellos se quedan con una comisión.

-En el caso de que no sea el conserje quien te hace el contacto, ¿cómo hacés para ingresar al hotel?

-Te hacen registrar. A mi eso me sirve porque me quedo más tranquila.

Escuchá el audio y conocé cómo hace para ingresar Lara a los hoteles.



-En MDZ hemos entrevistados a varias personas que pertenecen al rubro de los hoteleros y desmienten que esto ocurra…

-Lo que pasa es que en los hoteles por ahí tienen miedo y no saben si las chicas trabajan de manera independiente o para alguien. Tal vez en algunos evitan el ingreso para no tener problemas.

-¿Cómo llegas a Ammar?

-Un cliente me pasó el teléfono de Fátima. Y la llamé para que me asesore, a pesar de que tengo mi abogado. Así empecé a participar y estamos trabajando para que las chicas se independicen...

-¿Qué tipo de clientes tenés?

-El 90 por ciento son casados y todos tienen de 30 años en adelante. A veces hacemos de psicóloga. Capaz que te pagan una hora y estuvieron 15 minutos y después cuando empezás con los masajitos empiezan a contarte hasta de sus esposas.