El área petrolera fuera de Vaca Muerta que sorprende por su producción
Mientras todos los ojos, las inversiones y expectativas de la industria petrolera están puestos en Vaca Muerta, hay un grupo de yacimientos antiguos y convencionales que generaron un “boom” de producción y en algunos casos, como ocurre en Mendoza, salvan las cuentas provinciales y la actividad. Se trata de las áreas petroleras donde se usa recuperación terciaria, un complejo mecanismo de extracción de petróleo que ayuda a “rascar” el subsuelo; sin intervenirlo de manera no convencional, pero con tecnologías complejas.
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En el caso de Mendoza, por ejemplo, es esa técnica la que generó un aumento en la producción del área Chachahuen Sur, en Malargüe, y que hizo mantener en una meseta la producción de petróleo, los ingresos provinciales y en parte la actividad industrial ligada al oil&gas, es decir una de las más importantes de la provincia.
Mendoza produce 9.000 m3/día en promedio, y es el cuarto productor nacional, con algo menos del 10% de participación. Pero sus yacimientos están en decadencia por la antigüedad. La cuenca Cuyana, con áreas como Barrancas, Vizcacheras y La Ventana, están con el cartel de venta porque YPF tiene otras prioridades. De hecho la actividad está en stand by. Vaca Muerta es una posibilidad y hay un proyecto piloto que pasó a la segunda etapa de exploración. Pero la recuperación terciaria es el proceso que logró cambiar la curva descendente en Mendoza.
El área “estrella” es Chachahuén Sur, una zona que tuvo varias idas y vueltas e intrincados cruces de empresas para entrar en producción. Allí YPF ejecuta uno de los planes más ambiciosos, junto con áreas en el sur de la Patagonia, para estirar la vida útil de los yacimientos. De hecho la petrolera estatal dejó ese activo dentro de los planes de inversión que considera rentables y con futuro.
La técnica es sencilla de explicar, pero compleja para ejecutar. Los yacimientos petroleros tienen muchas formas de producción. La extracción primaria ocurre cuando el crudo fluye naturalmente o se extrae con “bombas”. La recuperación secundaria se ejecuta con la inyección de agua a presión para que impulse el petróleo o con técnicas para aumentar la presión de ese fluido. En Mendoza es una de las técnicas más usadas. Cuando la producción declina pero hay indicios de que hay petróleo contenido, se analizan las técnicas de recuperación terciaria, con el uso de otros agentes.
“Cuando la madurez de un yacimiento es avanzada y la producción sigue declinando, la opción es avanzar hacia las técnicas de recuperación terciaria. La relevancia de estas técnicas se refleja en que hay estimaciones que señalan que alrededor del 70% del petróleo permanece en un yacimiento si solo se emplean los métodos tradicionales de recuperación de petróleo”, explica un documento técnico de YPF. “Por esta razón, se vuelve necesario desarrollar y adoptar metodologías más complejas para recuperar económicamente el petróleo restante”, agrega.
En el caso de Mendoza esa técnica se usa con la inyección de polímeros. Se trata de agentes químicos, geles y detergentes que “raspan” el yacimiento para arrastrar el petróleo. A diferencia del fracking, no se “rompe” la roca madre, sino que se busca que el petróleo quede adherido a los polímeros. Por eso en el lugar también se instalan plantas de producción de esos polímeros.
Chachahuén Sur se acerca a los 60 metros cúbicos de petróleo por día. Según los datos de la Secretaría de Energía, la producción mensual ronda los 1700 metros cúbicos, con una tendencia creciente.
El proyecto de recuperación terciaria es uno de los pocos con los que se quedará YPF. La inversión comprometida es de 54,6 millones de dólares y fue producto de un trabajoso acuerdo con el Estado de Mendoza. La clave fue la reducción de regalías: Chachahuén pagaba el 18%, 6 puntos por arriba del piso, tras la concesión otorgada originalmente en 2008. Pero el porcentaje fue reducido a la mitad a cambio de la promesa de inversión y desarrollo del proyecto de recuperación terciaria. Los resultados fueron positivos porque la producción aumentó sensiblemente. Esas regalías recortadas se pagan sobre el petróleo que excede la producción promedio y tiene cláusulas de garantía sobre el precio. Es que Mendoza e YPF arrastraban largas tensiones porque la petrolera estatal tiene toda la cadena de valor y se “compra su propio petróleo” para producir.
Chachahuen tiene una historia particular que está plasmada en la integración que tiene la concesión. YPF es el operador, pero tiene no el único dueño. Esa empresa posee el 70% de la participación. Las empresas Ketsal y Kilwer tienen 10% cada una. Se trata de firmas del grupo liderado por José Luis Manzano que había obtenido originalmente la concesión con enormes promesas de inversión y las regalías al 18%. El concesionario original no la explotó y, en cambio, trianguló el activo. Una de las empresas que ingresó en ese proceso fue Energía Mendocina S.A, del grupo Álvarez (que ahora tiene otro 10% de participación). Pero fue YPF el “comprador real” y quien invirtió. Por eso el éxito de Chachahuén Sur es compartido entre el operador y las tres empresas que recaudan tras haber logrado los permisos originales.
Hoy es el área petrolera de mayor inversión en Mendoza. El cambio de tendencia es notorio, pues hasta 2020 era Barrancas, la más grande de todas las zonas que YPF dejará de lado.