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Vuelve el FMI, con la recaudación en la mira: entre el aval al superávit y la duda por la "cuarta meta" no escrita

Aunque el Gobierno exhibe equilibrio financiero y cero emisión para el Tesoro, el organismo posará la lupa sobre la caída real de la recaudación impositiva y su impacto a largo plazo.


La primavera traerá un clásico. Vuelven a Buenos Aires los encargados del caso argentino del Fondo Monetario Internacional (FMI), como siempre, comandados por el venezolano Luis Cubeddu. El objetivo de la nueva misión es controlar (y eventualmente cerrar) las metas correspondientes al primer semestre del año, como parte del acuerdo vigente desde junio del año pasado.

El examen tendrá tres grandes capítulos: resultado fiscal, financiamiento monetario del Tesoro y acumulación de reservas. Pero en las conversaciones aparece además un cuarto elemento, que no constituye formalmente una meta cuantitativa del acuerdo pero que comienza a adquirir relevancia: la evolución de la recaudación impositiva frente a la inflación.

El estado de situación del resultado fiscal y el cumplimiento de la meta con el FMI

El Gobierno llega relativamente cómodo en dos de los tres pilares centrales. El primero es el fiscal. El acuerdo establece para 2026 un superávit primario del Gobierno nacional cercano a 1,4% del PBI y mantiene como principio el equilibrio financiero. Durante el primer semestre, el Sector Público Nacional consiguió un superávit primario equivalente a aproximadamente 0,6% del PBI y un resultado financiero positivo de 0,1% del producto.

Sin embargo, la comparación estricta con la meta del Fondo requiere una aclaración. El piso pactado para fines de junio había sido fijado en $6,861 billones bajo la metodología del programa. Cálculos privados estimaron un resultado computable cercano a $6,287 billones una vez descontados determinados ingresos extraordinarios, lo que dejaría un desvío de unos $574.000 millones. Por eso, técnicamente no corresponde dar todavía por “aprobada” la meta de junio: será justamente uno de los puntos que deberá resolver la misión. El desvío es relativamente pequeño frente al cumplimiento general del ancla fiscal y puede ser objeto de una dispensa o de una evaluación favorable del staff, especialmente porque junio estuvo afectado por el traslado a julio de vencimientos de Ganancias.

La disciplina monetaria y la complejidad en la medición de la acumulación de reservas

La segunda meta presenta menos dificultades. El programa establece un techo de cero para el financiamiento neto del Banco Central al Gobierno nacional. Es la traducción concreta de una de las principales promesas económicas de Javier Milei: no financiar el déficit mediante emisión monetaria. En las revisiones anteriores el criterio fue cumplido y el Gobierno sostiene que continuará sin recurrir a adelantos o transferencias del BCRA para cubrir el gasto público. Para el FMI, la combinación entre disciplina fiscal y ausencia de financiamiento monetario sigue siendo el núcleo del programa de estabilización.

El tercer capítulo son las reservas y es, al mismo tiempo, el más complejo de medir. El Fondo había flexibilizado la trayectoria luego del incumplimiento de fines de 2025 y fijó para junio de 2026 una nueva meta sobre reservas internacionales netas. Desde enero, sin embargo, el Banco Central aceleró fuertemente sus compras de dólares. Hasta fines de agosto había adquirido unos US$14.095 millones en el mercado cambiario, superando ampliamente el piso de US$10.000 millones que el propio BCRA había planteado para todo 2026 y acercándose al techo de US$17.000 millones de su programa monetario.

Aquí también existe una diferencia importante: comprar dólares no equivale automáticamente a acumular reservas netas, según la definición del FMI. Los pagos de deuda, los desembolsos de organismos internacionales y otros pasivos del Central modifican el cálculo. De hecho, el Fondo ya había otorgado una dispensa por el incumplimiento de la meta de reservas de fines de 2025. La revisión de septiembre deberá determinar cuánto de las compras realizadas se transformó efectivamente en acumulación de reservas computable para el programa.

La recaudación impositiva como la "cuarta meta" no escrita de la revisión

Pero detrás de esas tres metas aparece una cuarta meta no escrita: la recaudación. No existe en el acuerdo un criterio de desempeño que obligue a que los impuestos aumenten por encima de la inflación. Sin embargo, la evolución de los ingresos fiscales se convirtió en un dato decisivo para saber si el superávit puede mantenerse sin profundizar permanentemente los recortes del gasto.

En los primeros ocho meses de 2026, la recaudación alcanzó $153 billones y aumentó 28,2% nominal frente al mismo período de 2025. Las estimaciones privadas indican que, descontada la inflación, acumuló una caída cercana al 3,8% real. Agosto mostró cierta estabilización: los ingresos crecieron 33,5% interanual, prácticamente al mismo ritmo que los precios. Pero la composición encendió algunas luces amarillas. El IVA aumentó sólo 25,3% nominal y los recursos de la Seguridad Social 31,9%, mientras que Ganancias avanzó 45,2% y los derechos de exportación 155,1%.

Ese comportamiento importa porque una recaudación que pierde sistemáticamente contra la inflación obliga al Gobierno a compensar con nuevos recortes para conservar el superávit. El propio programa del FMI advierte que cumplir el objetivo fiscal de 2026 requerirá disciplina del gasto para absorber menores impuestos al comercio exterior, nuevas erogaciones y cambios tributarios.

La discusión con el Fondo, entonces, ya no pasa solamente por comprobar si una planilla cumple tres casilleros. Argentina puede mostrar equilibrio fiscal, ausencia de emisión para financiar al Tesoro y una fuerte compra de dólares. El interrogante que comienza a aparecer detrás de esos logros es si el esquema fiscal puede sostenerse con una recaudación que durante buena parte de 2026 creció menos que los precios. Esa será, aunque no figure formalmente en el memorándum, la cuarta meta que acompañará la revisión de septiembre.