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Uno de los grandes jugadores del vino se renueva con una nueva bodega y otras novedades

Tras un 2025 complejo para la vitivinicultura y el enoturismo, una reconocida compañía sigue invirtiendo para diversificar su propuesta.

La bodega decidió apostar por la construcción de un nuevo edificio para sus vinos naturales. 

La bodega decidió apostar por la construcción de un nuevo edificio para sus vinos naturales. 

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Tras un 2025 atravesado por la desaceleración del turismo y un escenario macroeconómico desafiante para la industria vitivinícola, una de las empresas más importantes de Mendoza ha decidido apostar fuerte por la inversión para seguir creciendo. Lejos de retraerse, la compañía ha decidido avanzar en la construcción de una nueva bodega y la renovación de una de sus experiencias turísticas, dos novedades presentadas recientemente.

Se trata de Familia Zuccardi, que, más allá de las dificultades generales de la industria y las polémicas propias que le ha tocado atravesar al clan, en el arranque de 2026 los encontró con dos hitos en su historia: la inauguración de la nueva bodega de Bodega Santa Julia y la renovación gastronómica de Pan y Oliva.

Así lo contó en una reciente entrevista con MDZ Online Julia Zuccardi, tercera generación de la familia y referente de las experiencias turísticas de Santa Julia, Zuccardi Valle de Uco y Zuelo.

Por un lado, el flamante espacio de Santa Julia está concebido desde su comienzo para albergar el turismo y las líneas de mayor valor agregado y vinos naturales de la bodega. Hoy la estructura ya está abierta junto con las salas de degustación. En una segunda etapa se sumará el área de hospitalidad, con más salas, una sala de arte, un wine bar y un nuevo proyecto gastronómico.

Por el lado de Pan y Oliva, el restaurante que combina la gastronomía maridada con los productos de Zuelo y Santa Julia, se inicia una nueva etapa con la incorporación de los chefs Mechi Ferraro y Lucio Lucio Zibecchi, dos jóvenes talentos provenientes de Buenos Aires con experiencia nacional e internacional que se encargarán de la cocina y la huerta y las conservas, respectivamente.

Además, durante la charla, Julia Zuccardi habló acerca de su propia historia dentro de la empresa familiar, así como también de los desafíos que enfrenta el turismo en Mendoza, entre otros temas.

Nuevos Chefs Pan y Oliva

-Están atravesando un proceso de renovación en Pan y Oliva, ¿cómo se dio este cambio y qué implica en este contexto tan desafiante para el turismo?

-Estamos muy contentos porque hemos renovado la cocina. Nosotros teníamos un jefe de cocina hace muchos años, Diego (Rodríguez Chávez), que sigue estando en el equipo, pero se fue a Piedra Infinita en Valle de Uco y eso generó un movimiento interno. En ese proceso apareció el nombre de Mechi Ferraro.

Si bien no éramos amigas, nos conocíamos. Ella nos conocía a nosotros y nosotros a ella y a Lucio Zibecchi. Se dio de manera muy natural. Estaba cerrando un proyecto en Buenos Aires, la contactamos y fueron meses de charlas previas, también para que ellos se animaran, porque no era solo venir a trabajar: era hacer un cambio de vida y mudarse a Mendoza.

Hace un mes y medio que están instalados y creemos que es un cambio muy lindo. Pan y Oliva mantiene su identidad -cocina de huerta, fresca, con algo de nuestro origen italiano- pero con la mano de Mechi y Lucio, que son jóvenes, muy entusiastas y con una impronta muy marcada en el sabor. Están fascinados con la huerta. Cuando los cocineros vienen de Buenos Aires a Mendoza no pueden creer el nivel de producto que tenemos acá.

Para un cocinero, tener la cocina frente a la huerta, un desarrollo de conservas y todo un ecosistema alrededor como el que tenemos es muy estimulante. Es una renovación sin perder la esencia, pero profundizando en sabores y en lo que siempre hicimos desde que abrimos en 2012.

-Cuando nació la propuesta no era tan común en ese momento…

-Sí. Cuando abrimos, todas las bodegas tenían menú por pasos. Era lo que estaba pasando en Mendoza y estaba bien para esa época. Nosotros ya teníamos Casa del Visitante, con un menú fijo, entonces necesitábamos romper con esa lógica. Pan y Oliva fue eso: demostrar que se podía comer en una bodega a la carta, a un precio más accesible. Romper con la idea de que ir a una bodega era algo largo, caro y exclusivo. También contar el aceite de oliva como un producto para todos, para un público súper diverso.

Hoy hay muchas propuestas similares y está buenísimo. Pero en su momento fue innovador. Y seguimos en esa línea: apostar al público local, no depender 100% del turismo y mantener precios amigables para el mendocino. Eso lo venimos trabajando hace años y ahora queremos profundizarlo.

Nueva bodega Santa Julia 3

-Mencionabas el turismo, ¿cómo vivieron el 2025, que fue un año complejo para el sector?

-Fue difícil, no vamos a negarlo. La caída del turismo fue real, entre un 20% y un 30%, y se sintió mucho la baja del público brasileño masivo. Quizás quedó el brasileño más especializado, el que valora la experiencia, pero el volumen bajó.

Nosotros tenemos la suerte de contar con trayectoria y un nombre, entonces el público que quedó nos sigue eligiendo. Pero la caída se sintió.

Creo que Mendoza como destino está posicionada y tiene muchísimo para dar. Hubo factores macroeconómicos que fueron ajenos a los privados y que no ayudaron. Por más que uno adapte precios o busque propuestas atractivas, la coyuntura influyó.

Yo siempre fui muy fiel a la identidad de cada espacio: Casa del Visitante, Pan y Oliva y Bodega Piedra Infinita. No creo en hacer giros bruscos por una coyuntura. No bajar un menú a la mitad porque no hay público. Lo que hacemos en turismo no es solo negocio: es imagen, es contar quiénes somos.

No hacemos turismo ni gastronomía para hacernos ricos, sino para mostrar nuestro producto en el mejor lugar posible. Priorizamos la calidad y la experiencia. Hemos sido muy cuidadosos y tenemos una estructura que nos permite sostenernos en momentos de baja.

-En ese contexto, están inaugurando una nueva etapa para Santa Julia. ¿Cómo nace ese proyecto?

-La nueva bodega de Bodega Santa Julia es un proyecto que venimos pensando hace muchos años. Mi papá (NdR: José Zuccardi) siempre dice que en los momentos de crisis es cuando más hemos crecido como familia. Ajustamos lo que haya que ajustar, pero nunca paramos.

Hacemos enoturismo desde 2001 mostrando la bodega grande, que no fue pensada para recibir visitantes. Con el crecimiento productivo y turístico, esa convivencia empezó a ser menos compatible. Entonces decidimos traer la experiencia al viñedo y construir una bodega pensada desde el turismo.

Además, Santa Julia necesitaba una bodega más chica para sus líneas altas y para el proyecto de vinos naturales. Coincidieron las necesidades enológicas y turísticas.

Hoy ya está abierta la bodega y las salas de degustación. En una segunda etapa se sumará el área de hospitalidad, con más salas, una sala de arte, un wine bar y un nuevo proyecto gastronómico. Todo a 50 metros de Casa del Visitante.

La bodega está construida en tapia, en tierra compactada, con sistema antisísmico. Es un proyecto de Fernando Raganato, el mismo arquitecto que diseñó Piedra Infinita. Tiene otra identidad, pero es la misma familia y la misma filosofía.

Nueva bodega Santa Julia 1

-Vos creciste junto con el desarrollo del enoturismo en la familia. ¿Cómo fue tu camino personal?

-Cuando empezó el enoturismo yo estaba terminando el secundario. Fueron mis padres y mi abuela quienes lo arrancaron, todo muy por impulso y pasión. Yo no sabía qué quería hacer. No me veía ni en el área comercial ni en la productiva. Empecé a estudiar inglés porque era lo único que me interesaba y, de manera orgánica, me fui enamorando del turismo. En 2007 entré a trabajar full time y entendí que esto era lo que quería hacer.

Después fueron creciendo los proyectos: Casa del Visitante, Pan y Oliva en 2012, Piedra Infinita en 2016. Fue un aprendizaje paso a paso. Hoy siento que es parte del ADN familiar: nos gusta recibir, mostrar lo que hacemos, tener contacto con el consumidor y demostrar que lo que hacemos es real y auténtico.

-¿En qué momento está hoy el enoturismo en Mendoza?

-Lo que pasó en 2023 fue un boom que quizás no vuelva y tampoco tiene que volver. Fue un exceso. Tampoco lo actual es ideal. Pero no sirve quedarse esperando que vuelva ese año. En esta baja tenemos que ser inteligentes y trabajar mucho en la calidad. El destino ya está instalado. Ahora lo que hay que hacer es no fallar.

No pensar que 2023 era la normalidad ni quedarse de brazos cruzados. Hay que encontrar un punto de equilibrio y profundizar en experiencias de calidad. Ese es el desafío.