Tres certezas, un perdón y una duda: los próximos pasos de Argentina y el Fondo Monetario Internacional
Argentina llega a la revisión de febrero con el FMI mostrando superávit fiscal y cumplimiento de las metas monetarias, pero con desvíos en la acumulación de reservas que obligan al Gobierno a solicitar un waiver.
Fondo Monetario Internacional. Foto: DPA
Comienzan a apurarse algunas certezas sobre los próximos pasos (correspondientes al primer trimestre del año) entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional(FMI). Ya se sabe que la próxima misión será en febrero y que solo queda discurrir si vendrán a Buenos Aires los técnicos que acompañan al encargado de fiscalizar al país desde el organismo, el venezolano Luis Cubeddu, y su equipo. Existe la alternativa de un viaje relámpago a Washington del viceministro José Luis Daza o, directamente, una serie de comunicaciones vía Zoom.
Como casi todo está cerrado y faltan arreglar matices técnicos (no menores), podría haber comunicaciones directas rápidas, y que todo quede prácticamente definido para que, durante las primeras dos semanas del próximo mes, el staff técnico del FMI apruebe el 2025, el primer año del programa de Facilidades Extendidas vigente.
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En definitiva, Argentina demostró que continuó una histórica política fiscal, pasando de un déficit de dos puntos del PBI a un superávit de 1,8% en 2024 y de 1,4% en 2025. Décimas más o menos, lo que se acordó con el organismo. Si se tiene en cuenta que cada punto representa, aproximadamente, unos 5.000 millones de dólares (en un cálculo conservador), Javier Milei llevó al país de un desahorro de 15.000 millones a un ahorro acumulado de otros 15.000 millones de dólares en sus dos primeros años de Gobierno. En términos reales, es un movimiento de dinero de aproximadamente 30.000 millones de dólares. Y si la performance en sus últimos dos años de gestión repitiera al menos un punto porcentual, el cambio de tendencia acumulado superaría los US$40.000 millones en conjunto.
Habrá que decir y reconocer (con sus luces y sombras) que no hubo en la historia económica de la Argentina (al menos la moderna) un ajuste tan grande como el que encaró desde diciembre de 2023 el gobierno libertario. Con relación a 2024, el superávit primario cayó 0,43 puntos porcentuales del PBI y el fiscal bajó 0,13 puntos porcentuales del PBI. El FMI tiene en cuenta el primero, con lo que Luis Caputo podrá mirar en febrero a los ojos a la gente del organismo financiero internacional, cuando estos lleguen de fiscalización a Buenos Aires, y mostrarles con vehemencia el logro conseguido.
El Ministerio de Economía de Caputo también le puede mostrar al FMI que se cumplieron las metas monetarias y que no hubo emisión. Y que, en consecuencia, se completó la segunda meta pactada en el programa de Facilidades Extendidas firmado en abril del año pasado. Ni en 2024 ni en 2025. Al no haber déficit y no existir la presión ni social ni económica de ampliar la base monetaria (por convicciones del jefe de Estado y, quizá, también de la comunidad), no se registra desde el Banco Central de la República Argentina (BCRA) dinero emitido para financiar gastos corrientes. Por segundo año consecutivo.
Sin embargo, Argentina necesitará un waiver, porque en la tercera meta pública y en la cuarta meta (una no escrita) hay problemas.
El acuerdo con el Fondo incluía la obligación de aumentar las reservas del BCRA en unos US$9.700 millones por encima del nivel existente tras el cambio de gobierno en diciembre de 2023. Como en el primer trimestre hubo un incremento sustancial, al momento de la firma del acuerdo en abril de 2025 se fijó el siguiente escalonamiento: -500 millones de US$ para junio, -600 millones de US$ para septiembre y +4.000 millones de US$ para diciembre. La intención era que las reservas netas pasaran de negativas a positivas hacia fin de 2025. Sin embargo, hacia junio ya se percibía que no habría cumplimiento, con lo que la meta se ajustó primero al alza (+200 millones en junio y +5.500 millones en diciembre), pero luego fue flexibilizada nuevamente por el propio FMI debido a las dificultades para cumplirla. Finalmente, nada sucedió: las reservas quedaron prácticamente en el mismo nivel que en diciembre de 2024. Se requerían unos US$12.000 millones más de reservas netas respecto de lo acumulado para llegar a la meta ajustada positiva de aproximadamente -US$3.300 millones netos.
El problema de las metas y su incumplimiento quedó públicamente expuesto el 19 de diciembre del año pasado, cuando el equipo económico publicó el nuevo esquema cambiario vigente para 2026, donde el techo y el piso de la banda de flotación cambiaria evolucionarán cada mes al ritmo correspondiente al último dato de inflación mensual vencido informado por el Indec. Además, se anunció que desde este año el BCRA iniciaría un programa de acumulación de reservas internacionales consistente con la evolución de la demanda de dinero y la liquidez del mercado de cambios.
El escenario base de re-monetización del BCRA prevé un aumento de la base monetaria del 4,2% actual al 4,8% del PBI para diciembre de 2026, que podría ser abastecido mediante la compra de US$10.000 millones, sujeto a la oferta de flujos de la balanza de pagos. La nueva meta, entonces, implica que en este 2026 el BCRA debe aumentar sus reservas en esos US$10.000 millones. La entidad que maneja Santiago Bausili está cumpliendo al pie de la letra esta nomenclatura, ya que en lo que va del año acumula unos US$687 millones, comprando solo el viernes pasado unos US$125 millones. Las tenencias internacionales se ubicaron en los US$44.607 millones. Probablemente el mes ronde los US$1.000 millones.
Pero lo importante del caso no será el monto, sino la demostración del cambio de política del BCRA ante el FMI y los mercados. Más teniendo en cuenta que desde fines del próximo mes y hasta comienzos de junio arranca en la Argentina la temporada sojera, donde el Gobierno tendrá más posibilidades de acumulación de reservas. La idea oficial (y del FMI) es que en el inicio de esta etapa se complete al menos entre el 70 y el 80% de la meta de acumulación de reservas pactada con el Fondo, y que luego se mantenga un 2026 tranquilo en cuanto al requerimiento del FMI.
Pero antes, en febrero, y con este cambio de políticas de suma de reservas, el Gobierno espera el waiver del Fondo y, en consecuencia, el envío de unos US$1.000 millones pactados en la firma del acuerdo de Facilidades Extendidas.
Deberá tener en cuenta el equipo de Luis Caputo que hay otro ítem no escrito ni mencionado como meta que el FMI mira con desconfianza. Se trata de la evolución de la recaudación impositiva contra la inflación, que durante 2025 resultó positiva en casi 10%, pero que en los últimos cuatro meses del ejercicio pasado operó a la baja, con un alarmante 3% negativo en diciembre pasado. Se sabe que los técnicos del Fondo consideran que la evolución de la recaudación real es un síntoma ineludible de la buena salud de un plan económico y de las verdaderas posibilidades financieras de evolución de la salud monetaria y financiera de la economía argentina. Nada personal.
Este mecanismo de medición se repite desde el FMI en todo mercado inflacionario, donde la suba de los ingresos debe medirse con el movimiento de todo el esquema de precios de la economía para saber, en definitiva, si hay o no menos fondos disponibles.
Esta evolución negativa de la recaudación no será seguramente un tema definitorio (y negativo) en esta etapa de revisiones del FMI, pero sí será reprochado por la gente de Cubeddu, además de ser un capítulo que Caputo y su equipo deberán tener en cuenta para las próximas misiones del Fondo.

