Por qué bajar precios puede ser el peor error de una marca en tiempos de apertura comercial
Especialistas advierten que competir solo por precio debilita a las marcas y erosiona el valor percibido por los clientes.
La baja de precios es una de las estrategias más tomadas por las empresas para sostener ventas.
Archivo.Entre la apertura comercial y los consumidores más exigentes, la baja de precios es una de las estrategias más tomadas por las empresas para sostener ventas. Sin embargo, puede ser la reacción más costosa para el negocio.
Las empresas argentinas se preguntan seguido
¿Cómo compito si no puedo bajar más el precio? La respuesta corta es que no deberían estar compitiendo por precio en primer lugar. Sin embargo, es mucho más amplia. La apertura comercial trae aparejada más opciones en mercado pero también acarrea *el peligro de la tentación de abaratar el precio final para retener al cliente. Esta lógica, que a priori parece racional es, en realidad, un problema a futuro ya que cuando una empresa baja el precio sin cambiar nada en su comunicación, lo único que le demuestra al mercado es que busca, solamente, competir por precio. Mientras que existen marcas que están posicionadas por vender estatus o prestigio y se consumen sin cuestionamientos, la pregunta "¿por qué tan caro?" no es una objeción al precio. Es una señal de que el cliente no entiende qué es lo que compra, y eso es una responsabilidad que está en manos de la marca y no del consumidor.
No es lo mismo un producto de procedencia dudosa que uno manufacturado con materiales sustentables, con trazabilidad, detrás del cual hay una empresa con valores claros, con una política de inclusión o con compromiso ambiental. Ambos pueden parecer iguales pero el diferencial está en todo lo que lo rodea a cada uno y, sobre todo, lo que comunica la marca. En ese contexto, el cliente que entiende la diferencia no solo está dispuesto a pagar más sino que elije hacerlo porque comprar esa marca dice algo sobre quién es. Cuando la comunicación no hace ese trabajo, el único criterio de ajuste que queda es el precio. Y es ahí cuando la marca pierde antes de llegar al cliente.
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Existen marcas que están posicionadas por vender estatus
Hay tres errores que veo con frecuencia y que socavan el valor de una oferta antes de que llegue a quien debería convencer. El primero es hablar del producto antes que del problema que resuelve; el segundo es que si el cliente no tiene claro qué le pasa si no compra, el precio siempre parece un gasto; y el tercero, y quizás el más inadvertido pasa, es el lenguaje que se utiliza en la venta. Palabras como "accesible" o "económico" anclan la percepción hacia abajo y construyen una expectativa que después es muy difícil revertir porque nadie quiere ser parte de algo masivo solo porque es barato.
La pregunta que toda marca debería hacerse antes de comunicar cualquier cosa es “¿Qué pierde el cliente si no resuelve esto con mi producto?”. Cuando eso está claro en el mensaje, el precio se transforma en una inversión y, a las inversiones, no se “les pelea” el precio. En un país como Argentina, donde los márgenes se achican, la competencia importada crece y el consumidor compara con decenas de plataformas online antes de decidir, la comunicación del valor es un activo de supervivencia. Mostrar el detrás de escena, los diferenciales y los valores que sostienen cada decisión de la empresa es parte de lo que permite cobrar lo que corresponde, que el cliente lo entienda, se identifique, lo acepte y vuelva o lo recomiende.
* Natalia Vivas es consultora en comunicación estratégica con especialización en posicionamiento de marca y construcción de propuesta de valor.