Nietzsche: "La madurez consiste en recuperar la seriedad con la que jugábamos de niños"
Para Nietzsche madurar no siempre significa abandonar la curiosidad, el juego y la capacidad de disfrutar.
Nietzsche relacionó la madurez con la entrega y la seriedad que los niños muestran cuando juegan.
ShutterstockUn niño puede pasar horas construyendo una casa con objetos, inventando personajes o intentando resolver un juego. Durante ese momento no mira el reloj ni piensa si lo que hace será útil. Toda su atención está puesta ahí. Friedrich Nietzsche encontró en esa actitud una forma particular de entender la madurez.
"La madurez consiste en recuperar la seriedad con la que jugábamos de niños", dijo el filósofo. La frase aparece en "Más allá del bien y del mal" y rompe con una idea muy extendida sobre lo que significa crecer.
La adultez suele asociarse con responsabilidades, prudencia y experiencia. También con dejar atrás ciertos intereses, controlar las emociones o abandonar aquello que parece poco productivo. Sin embargo, Nietzsche propone mirar en otra dirección.
Para el filósofo alemán, algo valioso puede perderse durante el paso de la infancia a la vida adulta. No se trata solamente del juego, sino de la capacidad de concentrarse por completo, sentir curiosidad y entregarse a una actividad sin preguntarse todo el tiempo qué beneficio traerá.
Crecer no siempre significa dejar atrás
La frase no plantea que una persona madura deba comportarse como un niño ni evitar las responsabilidades. La comparación apunta a recuperar una manera de involucrarse con las cosas.
Cuando juega, un niño puede tomar muy en serio un mundo que acaba de inventar. Crea reglas, prueba posibilidades, se equivoca y vuelve a empezar. El resultado importa, pero también importa el proceso.
Con los años, muchas actividades quedan condicionadas por la utilidad, el reconocimiento o la obligación. El trabajo debe producir resultados, los pasatiempos necesitan justificar el tiempo invertido y hasta el descanso puede aparecer acompañado por culpa.
Frente a esa lógica, Nietzsche parece recordar que la madurez no consiste únicamente en acumular experiencia. También puede significar volver a elegir con entusiasmo, prestar atención y conservar la capacidad de interesarse profundamente por algo.
Una forma distinta de mirar la madurez
Recuperar la seriedad del juego no implica regresar al pasado. La infancia no vuelve y tampoco necesita ser idealizada. Lo que puede recuperarse es una actitud que a veces queda escondida detrás de las exigencias adultas.
Una persona puede encontrarla al aprender algo nuevo, cuidar un jardín, tocar un instrumento, cocinar, pintar o dedicar tiempo a una actividad que disfruta. En esos momentos, la atención deja de estar puesta solamente en las obligaciones y vuelve a aparecer el deseo de hacer algo por el valor que tiene en sí mismo.
La madurez, vista desde esta frase, no exige renunciar a la curiosidad ni convertirse en alguien completamente solemne. Tal vez crecer también sea aprender qué responsabilidades merecen ser asumidas y qué partes de uno mismo no deberían abandonarse.
Nietzsche deja así una idea inesperada: el adulto maduro no sería quien logró alejarse por completo del niño que fue, sino quien consiguió recuperar parte de aquella entrega sin perder todo lo aprendido durante el camino.


