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Mercados: inquietud por la suba de la tasa de interés de largo plazo y la euforia por la IA

Un gurú de Wall Street compara la euforia de los mercados por la IA con la burbuja de las puntocom y advierte que la fiesta podría acabar en tragedia.


Las principales bolsas del mundo, en particular Wall Street, continúan subiendo como la fiesta pudiera nunca acabar. El índice tecnológico Nasdaq encadena máximos históricos impulsado por la fiebre de la inteligencia artificial (IA) mientras los inversores compran chips, centros de datos y cualquier compañía que huela a revolución.

Sin embargo, casi al unísono, comienzan a emerger señales que la experiencia histórica dice que no suelen terminar bien. El famoso inversor, Michael Burry, que anticipó la crisis de las hipotecas subprime y se convirtió en leyenda tras la película “The Big Short”, cree que el ambiente actual se parece inquietantemente a “los últimos meses de la burbuja de 1999-2000”.

Lo que más llama la atención es que la advertencia se da en un contexto en el que el precio del petróleo se disparó por la guerra en Irán, los bonos del Tesoro de EEUU rondando el 5% y el emblemático banco de inversión Goldman Sachs retrasando sus previsiones de recortes de tasas hasta diciembre de 2026 y marzo de 2027.

Palabra de gurú

La gran preocupación de Burry no es únicamente la IA sino la sensación de que Wall Street ha dejado de reaccionar de forma lógica a los datos macroeconómicos. Dijo días atrás: “Las acciones no suben o bajan por el empleo o por la confianza del consumidor, suben porque han estado subiendo”.

Según su visión, el mercado está avanzando impulsado por una narrativa tan poderosa como simplificada: la IA lo cambiará todo y cualquier precio parece justificable.

Y la prueba más evidente está en los semiconductores: el índice Philadelphia Semiconductor Index acumula un repunte cercano al 65% en 2026 y solo la semana pasada ganó algo más de un 10%. El dinero sigue entrando en compañías ligadas a la IA, incluso mientras aparecen grietas en otras partes del mercado, y eso es precisamente lo que inquieta a algunos estrategas, la sensación de que los inversores ya no quieren mirar el resto del tablero.

Euforia en el mercado

Así mientras las tecnológicas siguen eufóricas, el mercado de deuda está enviando un mensaje mucho más incómodo. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 30 años volvió a coquetear con el 5% anual (incluso ya lo ha superado), un nivel que muchos gestores consideran un auténtico umbral psicológico para los mercados.

Es que el combo de inflación persistente, petróleo cerca de 100 dólares, déficit fiscal creciente y una economía estadounidense todavía resistente está haciendo que los expertos empiecen a asumir un escenario de tasas altas durante mucho más tiempo del esperado.

El mayor banco de inversión del mundo, el estadounidense Goldman Sachs, acaba de retrasar sus previsiones de recortes de la Reserva Federal (Fed) hasta diciembre de 2026 y marzo de 2027. La entidad cree que el impacto energético derivado de la guerra con Irán puede mantener la inflación subyacente cerca del 3%, lejos todavía del objetivo del 2% de la Fed.

Un mal recuerdo

Para los expertos, el mensaje es demoledor para un mercado acostumbrado durante años al dinero barato. En este contexto reaparece el fantasma de 1999 en Wall Street y así las comparaciones con la burbuja de las puntocom empiezan a multiplicarse.

Por ejemplo, el legendario inversor Paul Tudor Jones ha reconocido similitudes con el mercado de finales de los noventa, aunque cree que el rally aún podría durar uno o dos años más. Incluso, lanzó una advertencia: “Imaginen que la bolsa sube otro 40%”.

El problema no sería únicamente la suba, sino las valoraciones que dejaría detrás. Sin embargo, para algunos especialistas, la diferencia respecto al año 2000 es que muchas de las grandes compañías tecnológicas actuales sí generan beneficios gigantescos y tienen balances sólidos, es el caso de Nvidia, Microsoft o Meta, que no son empresas sin ingresos.

Pero eso no elimina el riesgo de exceso de euforia. Porque las burbujas rara vez explotan cuando el entusiasmo desaparece. Normalmente lo hacen cuando algo externo rompe la narrativa dominante.

Qué pasa con los bonos

Por ello algunos no ven que el verdadero riesgo pueda no ser la IA, sino el mercado de bonos. Michael Hartnett, estratega de Bank of America (BofA), alertó que un movimiento sostenido del bono del Tesoro estadounidense por encima del 5% es el punto en el que “la puerta a la perdición empieza a abrirse”.

Históricamente, fuertes repuntes de rentabilidades en la deuda han terminado provocando episodios severos de volatilidad bursátil. El problema es sencillo: cuanto más caro es el dinero, más difícil resulta justificar valoraciones extremas en bolsa.

Por eso el gran dilema de Wall Street empieza a ser cada vez más evidente: la IA promete revolucionar la economía y disparar la productividad, pero los mercados financieros empiezan a convivir con un escenario que parecía lejano, inflación resistente, petróleo caro y tasas elevadas durante años.

Dicen los analistas de BM, la fiesta continúa, la música sigue sonando, pero debajo de la mesa, cada vez más inversores empiezan a comprobar discretamente dónde está el matafuego. La tasa a 30 años en EEUU puede ser el canario de la mina.