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Los griegos que apostaron por Mendoza con una bodega de "geometría sagrada" y vinos naturales

Considerados la primera bodega en Argentina basada en la filosofía biodinámica, hoy son referencia en el segmento con sus multipremiados productos.


Iniciado hace más de 20 años, lo que comenzó como una excusa para volver recurrentemente a Mendoza para el empresario griego Constantino Krontiras y su esposa argentina -de raíces griegas- Silvina Macipe, se transformó en un proyecto modelo de un nicho que hace tiempo dejó de ser una tendencia para convertirse en una seria realidad en el consumo de vinos en el mundo en los últimos años.

Dedicado al rubro naviero, Krontiras llegó a Mendoza con la idea de elaborar sus propios vinos bajo la filosofía iniciada por Rudolf Steiner, toda una novedad en los comienzos de los 2000 en Argentina, de la mano del enólogo también griego Panos Zoumboulis. Dos décadas después, no solo se puede decir que lo logró sino que la bodega que lleva su apellido se convirtió en una referencia en el segmento de naturales y orgánicos con multipremiados productos que se comercializan en Grecia, lógicamente, pero también en Canadá, Brasil, Estados Unidos y otros mercados.

Ver para entender

Aunque los términos “biodinámico”, “orgánico” o “natural” parecieran estar de moda desde hace ya un tiempo, para comprender por qué se habla de una filosofía que va más allá del marketing o lo comercial para vender botellas de vino es necesario estar en el lugar. En un microclima que se esconde detrás de los Baños de Lunlunta se encuentra el viñedo de Krontiras, donde rodeado por arboleda estratégicamente plantada yace entre animales, frutales y corredores biológicos.

Allí también se encuentra la bodega, la cual, al igual que la plantación de la vid fue diseñada bajo una “geometría sagrada” basada en la proporción áurea y el número pi. “No hay ángulos rectos, porque se dice que representan la muerte de las energías. Todo se diseñó siguiendo proporciones basadas en el número áureo y el número pi”, contó Maricruz Antolín, quien desde hace más de una década es la responsable de los vinos y la agronomía de Krontiras.

Desde lo arquitectónico, la estructura de la bodega que se conecta bajo tierra con la propiedad de la familia, donde también funciona el espacio de enoturismo, está parcialmente enterrada para mantenerla fresca la temperatura, sobre todo para la sala de tanques y de barricas. Con la sustentabilidad como uno de sus pilares, cuentan con paneles solares que cubren el 40% de la energía anual.

Bodega Krontiras

La bodega y el viñedo cuentan con un diseño pensado bajo la filosofía biodinámica.

Biodinámica, donde todo tiene un por qué

Una de los detalles que resaltan en el viñedo es la biodiversidad, pero no como un concepto abstracto, sino como una estrategia que atraviesa cada decisión: desde los jardines de bajo requerimiento hídrico, pasando por la cobertura vegetales de las hileras de los viñedos, hasta las cajas nido colocadas para atraer aves insectívoras. “Esto nos ayuda a formar corredores biológicos. Sirven para incrementar la biodiversidad -de plantas, insectos, pájaros y microorganismos- y a la vez hacen que el agroecosistema sea más diverso y, por lo tanto, más resiliente”, resaltó la enóloga.

“La resiliencia significa ser más resistente y adaptarse mejor a los cambios ambientales, ya sea que un año sea más cálido o que aparezca una plaga nueva. Esa biodiversidad nos permite reacomodar el ecosistema ante cualquier cambio inesperado”, argumentó Antolín en medio de un recorrido por la propiedad.

Y aunque desde lo visual dan una postal que sale de lo normal dentro la foto vitivinícola de Mendoza, estas decisiones no tienen que ver con lo estético o el diseño del paisajismo. Todo está sembrado con especies nativas y naturalizadas, adaptadas al clima mendocino. “Son plantas palatables, que sirven también de alimento para nuestros animales”, aclaró la agrónoma.

Durante el año, los animales pastorean de manera rotativa, recorriendo distintos cuarteles de la finca. “Desde que cosechamos hasta que empieza la brotación, los encerramos en diferentes sectores para que hagan un pastoreo ordenado. Luego, cuando terminamos de podar, los soltamos en el jardín. La idea es que mantengan el equilibrio y aprovechen todo el sistema”, añadió.

Más allá de la existencia de vacas, caballos, ovejas y otros cuadrúpedos, la presencia de pájaros es parte esencial del equilibrio. “Hicimos un estudio y encontramos más de 36 especies. Hay granívoras, insectívoras y predadoras. Nosotros incentivamos sobre todo a las insectívoras, porque ayudan al control biológico”, comentó Antolín. Para eso, colocaron cajas nido específicas para pititorras y lechuzas campanario: “Las pititorras controlan insectos, y las lechuzas, roedores. Las pusimos cerca de la casa y la bodega, donde hay más presencia de ratones”.

Los efluentes se tratan en un biofiltro con viruta de madera y lombrices californianas. “El agua sale cristalina y la usamos para regar los eucaliptus y sembrar avena, centeno y cebada. El humus que producen las lombrices lo reincorporamos al viñedo. Nada se desperdicia”, comentó. También, realizan el famoso compost de la biodinámica, donde aprovechan todos los orujos, hojas y otros elementos que para muchos serían considerados “desechos” de la industria para luego fertilizar el viñedo y completar un ciclo.

geometria Krontiras

Las curvas de la proporción áurea y el número pi forman parte de la arquitectura de Krontiras.

Vinos naturales: del prejuicio a la distinción

Aunque hasta hace un tiempo existía cierto prejuicio sobre los vinos naturales y su elaboración, desde Krontiras han sido pioneros en el segmento, sobre todo con su Malbec, el cual es una de las estrellas del portfolio que logra quebrar stocks en exigentes mercados en cuestiones de calidad como el canadiense.

La producción de estos vinos es completamente manual: cosechan en cajas de quince kilos y seleccionan la uva en cinta. “Fermentamos con levaduras indígenas y, en lo posible, sin sulfitos. No es por complicarnos la vida, sino porque creemos que es la única forma de reflejar la verdad del viñedo. Los vinos naturales nos muestran la añada, cuentan la historia del año”, resaltó Antolín.

De acuerdo a su explicación técnica, la ausencia de sulfitos permite una mayor diversidad aromática: “Las levaduras no sacharomices, que son las que actúan en la primera etapa de la fermentación, aportan complejidad. Pero son muy sensibles al sulfito. Al evitarlo, fomentamos su desarrollo y obtenemos vinos más expresivos”.

El resultado de esa búsqueda fue el primer Malbec natural elaborado en Mendoza. “Lo hicimos como una prueba, cuando casi nadie hablaba de vinos naturales. Hoy tenemos toda una línea, con gran aceptación. Y nos llena de orgullo que ese primer Malbec haya sido reconocido como un vino pionero”´, dijo con orgullo.

Para Antolín, el sentido de todo el trabajo está en esa coherencia entre tierra, planta y vino: “Cuando los vinos se hacen en el viñedo, con uvas sanas, suelos vivos y sin maquillajes, reflejan el lugar. El importador que viene quiere eso, poder decir ‘este vino nació acá’, y contarlo sin artificios. Eso es lo que buscamos, que cada botella cuente su paisaje”, completó.