El municipio de Necochea privatizó su histórico casino por $5.000 millones
Tras una única oferta, la empresa A Toda Vela Mar S.A. adquirió el Casino de Necochea en $4.878 millones.
El municipio de Necochea subastó el histórico edificio.
Municipalidad de NecocheaDespués de permanecer cerrado y en estado de abandono durante casi diez años, el emblemático Casino de Necochea pasó a manos privadas.
Tras una subasta realizada por el gobierno municipal, propietario del complejo, la empresa A Toda Vela Mar S.A. se quedó con los activos de la empresa de juegos por un monto de $4.878 millones.
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La subasta se llevó a cabo en la sede municipal y estuvo encabezada por la martillera Mariana Ortega, con la presencia del intendente Arturo Rojas y otras autoridades locales. Debido a que se presentó un único oferente, el acto tuvo un carácter principalmente protocolar, aunque significó el cierre de un largo proceso destinado a definir el futuro del histórico inmueble.
La operación otorgó a la firma compradora la propiedad de buena parte del complejo, incluyendo el estacionamiento ubicado en la parte trasera, la antigua sala de juegos, la ex confitería, el sector de bowling y la pista de patinaje. En tanto, la calle que separa el edificio principal del estacionamiento permanecerá bajo jurisdicción municipal.
La venta representa un punto de inflexión para una estructura que durante décadas fue símbolo del desarrollo turístico de Necochea y que en los últimos años se había convertido en una de las principales postales del deterioro urbano sobre el frente marítimo.
Un proyecto monumental para la época
El complejo fue inaugurado en febrero de 1973, tras cinco años de obras. Concebido como una de las mayores inversiones turísticas de la región, el edificio ocupó una superficie de aproximadamente 22.000 metros cuadrados frente al mar y demandó una transformación significativa del paisaje costero.
Entre las intervenciones más destacadas figuró la remoción de un médano de doce metros de altura para despejar la vista hacia el océano, una obra inédita para la ciudad en aquel momento.
Dos años más tarde, a comienzos de 1975, quedó habilitada la segunda etapa del proyecto, que incorporó el Teatro Auditorium con capacidad para 350 espectadores, una boite, piscina, sauna, pista de patinaje, bowling y diversos espacios recreativos. El objetivo era consolidar un polo de entretenimiento capaz de atraer turismo durante todo el año.
Sin embargo, el período de auge fue relativamente breve. Hacia fines de la década de 1970 comenzaron a evidenciarse los problemas derivados de la falta de mantenimiento. A ello se sumaron tres incendios que afectaron distintos sectores de la estructura y aceleraron su deterioro.
En 1997 el complejo pasó a la órbita municipal, aunque las distintas administraciones no lograron revertir el proceso de decadencia ni recuperar el brillo de sus primeros años. La situación se agravó en 2016, cuando vencieron las últimas concesiones de los espacios comerciales que aún funcionaban en el lugar.
Desde entonces, el edificio permaneció prácticamente desocupado y sin actividad, mientras se multiplicaban los debates sobre su recuperación, reconversión o eventual venta.