Dejó medicina para hacer vinos y hoy lidera una bodega ícono de Mendoza
Aunque su primera opción al momento de elegir una carrera profesional no fue la enología, hoy Gustavo Rearte es uno de los referentes de su generación.
Gustavo Rearte, el director de Enología de Achaval Ferrer.
Milagros Lostes - MDZEl mes de abril en la vitivinicultura argentina es sinónimo de Malbec. La cepa insignia del vino nacional que logró conquistar las copas del mundo con su calidad y diversidad. Pero en el caso de una de las bodegas boutique más importantes de Argentina, el cuarto mes del año significa también el momento de mostrar en público lo mejor de lo mejor que tienen en su cava, con la salida al mercado de las últimas añadas de su línea ícono.
Estamos hablando de Achaval Ferrer, que por esto días está presentando en sociedad la cosecha 2022 de Finca Mirador, Finca Bellavista y Finca Altamira, los tres componentes de este año de la línea Fincas, con la que vuelve a poner en escena el valor de los viñedos antiguos y la interpretación de cada parcela como una identidad única que les da el Malbec desde Medrano hasta Perdriel, pasando por Agrelo y el Valle de Uco.
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Detrás de esta línea, que ya cuentan con más de dos décadas en el mercado, está hoy Gustavo Rearte, director de Enología de la bodega. Aunque en sus planes iniciales estaba dedicarse a la medicina, su amor por el aire libre lo llevó a buscar otra salida. Así, en un giro del destino apareció el vino y un par de años después se convirtió en uno de los referentes de su generación con una mirada que combina precisión técnica y sensibilidad.
De ese recorrido, de la nueva línea, del Malbec, de la realidad de la industria y muchos otros temas charló Rearte durante una entrevista con MDZ Online.
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-¿Qué representan estos lanzamientos?
-Abril para nosotros significa el mes del Malbec, pero también el lanzamiento de nuestras nuevas añadas de vinos íconos. La empresa empezó hace ya 27 años haciendo Malbec de viñedos antiguos, tratando de expresar el terruño y las diferencias en las características de estos Malbec centenarios.
Hace varios años decidimos que abril, siendo el mes del Malbec, debía ser también el mes de lanzamiento de nuestros vinos íconos. Este año lanzamos la añada 2022 de Finca Mirador, Finca Bellavista y Finca Altamira.
-¿Por qué esta línea está enfocada en el Malbec y en viñedos antiguos?
-Creo que, afortunadamente, cuando se empezó a transformar esta empresa, entre fines del 98 y principios de los 2000, se entendió que Mendoza era cuna del Malbec y también cuna de inmigrantes que llegaron hace muchos años a Argentina y particularmente a Mendoza.
El Malbec era uno de los varietales que hacía décadas estaba plantado. Con distintas degustaciones y, obviamente, con el conocimiento de ese momento, se dieron cuenta de que el Malbec iba expresando distintas características: no solamente el suelo, sino también el aire, el clima que cada uno de estos viñedos recibía, ya fuera en el Este, como bien dijiste vos, en Luján de Cuyo o también en el Valle de Uco.
Desde ahí teníamos que empezar a comunicar el Malbec desde otra perspectiva: no solamente el Malbec con fruta, fresco o jugoso, sino también darle características propias de cada uno de los lugares. Eso desencadenaba otras preguntas y nosotros estábamos muy felices de contestarlas.
-Empezaron hace ya dos décadas a identificar lugares como instrumento para transmitir el Malbec y en el mundo no solo se comunican varietales o productores, sino regiones. ¿Crees que vamos hacia ese modelo?
-Sí, totalmente. Creo que la evolución del Malbec pasa por seguir conociendo más sobre los Malbec, pero particularmente en las distintas regiones donde hace muchos años venimos produciéndolo.
Hoy, afortunadamente, muchísimos productores están indagando, estudiando y mostrando sus perfiles de vino de zonas que son súper conocidas y también de otras que se han empezado a desarrollar en los últimos 10 o 20 años.
El consumidor está cada vez más feliz de poder descubrir estos aromas, estas características del vino en la boca, y desde ahí ampliar su mundo de Malbec, que parece interminable.
-¿Cómo ven la tendencia de la premiumización del consumo?
-Creo que, como todo en la vida, cuando uno le pone más detalle a lo que hace, eso habla de un esfuerzo extra que todas las empresas estamos haciendo para alcanzar esos estándares, para definir nuevas características y nuevos conceptos de los vinos.
No sé si llamarlo premiumización o no, pero sin duda habla de un esfuerzo extra que estamos haciendo y que, humildemente, se nota en lo que compartimos desde nuestros viñedos.
Hoy trabajar con un viñedo de más de 100 años requiere muchísimos costos y muchísimos manejos que tal vez un viñedo nuevo no necesita. Eso, en algún punto, se expresa en el vino y es lo que venimos trabajando hace 20 años.
-Si le tenés que explicar a alguien que no sabe qué es un vino ícono y por qué los Fincas son diferentes a otros Malbecs del portfolio de Achaval Ferrer, ¿cómo lo harías?
-Creo que para nosotros un vino ícono, como son Las Fincas, primero describe al Malbec, que es nuestra cepa insignia y lo que más disfrutamos compartir.
Segundo, tiene que ver con la historia: la historia de la inmigración, de gente que llegó desde otros continentes con ánimo de crecer, de desarrollarse y que, afortunadamente, nos dejó acá su legado. Entonces, tener viñedos de más de 100 años para nosotros es un privilegio y debemos honrarlos desde ese lugar.
Y tercero, poder compartir lo que estas viñas viejas nos dan, lo que esta fruta nos entrega todos los febreros y todos los marzos cuando las cosechamos, y que eso se pueda distinguir en un sabor totalmente distinto de una finca a otra, y luego trasladarlo al vino, creemos que es algo magnífico, algo único.
Eso nos hace sentir muy orgullosos de tenerlo, muy orgullosos de profundizarlo y, obviamente, de compartirlo con toda la gente a la que le gusta el vino y que disfruta, como dijiste vos antes, aprender mucho más de esta industria.
-¿Cómo llegaste a la enología?
-Empecé con mucha insatisfacción saliendo del secundario, hace muchos años atrás, creyendo que iba a ser médico porque toda la vida quise ser médico. Estudié dos años y me di cuenta de que me gustaba tanto el aire libre que lamentablemente en ese momento no lo estaba disfrutando. Necesitaba buscar algo que me tildara todos los casilleros de lo que quería en mi vida.
A través de un amigo que estudiaba enología conocí la carrera. No vengo de familia vitivinícola y me enamoré. La verdad es que agradezco haber sufrido tanto tiempo esa incertidumbre de no saber qué hacer y hoy, 20 años después, haber encontrado algo que me apasiona y que disfruto día y noche.
-¿Y cómo fueron tus primeros pasos? ¿Cómo llegaste a Achaval Ferrer?
-Fueron difíciles, porque cuando uno se va formando nunca nada es fácil, pero creo que eso también nos forja y nos ayuda a valorar lo que tenemos en el futuro. Empecé trabajando como pasante en otras bodegas. Tuve la suerte de poder viajar y vivir en otros países gracias a la enología, crecer personalmente y aprender nuevas técnicas y nuevas maneras de entender el vino.
Después tuve la fortuna de conocer a alguien que trabajaba en esta empresa y me ofreció ser parte del equipo en la cosecha 2013. No me voy a olvidar más: me llamaron un 5 de febrero de 2013. Yo estaba visitando a mi madre y estaba tirado en su cama cuando sonó el teléfono para preguntarme si quería empezar el 12 de febrero a trabajar acá.
Para mí fue una idea súper interesante. En ese momento no tenía mucho conocimiento de lo que era Achával Ferrer, pero cuando entré fue como abrir los ojos y darme cuenta de que la enología tiene muchas facetas y muchas formas de verla.
Acá particularmente, Santiago Achával y Roberto Cipresso fueron las personas que me iniciaron en esta manera de ver el vino desde una perspectiva mucho más sensible, que tiene que ver con los viñedos antiguos y con lo que hicieron personas hace muchos años atrás. Eso me cambió la forma de verlo y hoy lo disfruto muchísimo.
-En el medio también sumaron otra bodega, que es Quimera. ¿Cómo fue ese crecimiento, siempre dentro de un segmento de media y alta gama?
-Fue súper necesario y esperado. Habíamos llegado a un punto en el que necesitábamos expandir nuestro edificio porque nos estaba quedando chico y, sobre todo, expandir nuestras ganas de hacer vinos nuevos, algo que este edificio no nos permitía.
La adquisición de lo que hoy es Bodega Quimera, en Agrelo, a siete minutos de la bodega histórica de Perdriel, nos permitió focalizarnos en los vinos blancos, porque la empresa no elaboraba vinos blancos hasta 2022.
También nos permitió lanzar nuestros nuevos vinos blancos y desarrollar todo un portfolio de blends bajo el nombre de Quimera. Hoy debemos estar cerca de las 18 etiquetas entre vinos varietales y vinos blends, que tanto nos gusta hacer.
-¿Qué visión tienen de este momento de la industria?
-Creo que la palabra que mejor nos describe es: desafío. La industria está atravesando un desafío constante, pero si uno lo puede mirar de una manera positiva, eso nos lleva a hacer vinos nuevos, desarrollar nuevas propuestas y tratar de ingresar a mercados distintos.
Cuando todo fluye, a veces no se le presta la atención suficiente. En cambio, bajar a la realidad que estamos viviendo hoy nos ayuda a reformular ciertos criterios y, sobre todo, a enfocarnos. Las 50 personas que trabajamos acá hacemos el esfuerzo diario de obtener lo mejor posible para expresarlo de la mejor manera.
Hoy el esfuerzo está en tratar de tener la mejor calidad al menor costo posible, en capacitar a nuestros equipos para que puedan entender la actualidad del mundo del vino y que comprendan que este esfuerzo tiene que ser total, porque si no es mucho más difícil de afrontar. Desde ese lugar lo vamos batallando, lo vamos surfeando. Afortunadamente, la empresa tiene hace muchos años clientes y degustadores que esperan ansiosamente el lanzamiento de los Fincas o de las nuevas etiquetas que hacemos, y eso nos ayuda muchísimo a continuar e invertir en otros aspectos.
-Te ha tocado ser premiado en distintas ocasiones, sos uno de los referentes de tu generación. ¿Lo sentís así? ¿Te asumís como parte de esa nueva camada de enólogos?
-No sé si lo estoy o no lo estoy, no me siento comandante de nada. Pero sí creo que hay muchos colegas de mi generación con muchas ganas y mucho hambre de continuar lo que las generaciones pasadas hicieron, y lo hicieron muy bien.
Ellos fueron los que movieron todo el campo, plantaron la semilla y la hicieron crecer. Hoy a nosotros tal vez nos toca profundizar ese desarrollo, poder llegar a otras generaciones que quizás por una cuestión etaria es más difícil alcanzar.
Sin duda este trabajo es en conjunto. Si uno no se apoya en el otro, como sé que lo hacemos entre todos, va a ser mucho más difícil sobresalir y, sobre todo, volver a poner a la industria argentina en lo más alto del mundo y que sea bien valorada.
-Hay otro concepto que aparece mucho en el mundo de los enólogos: la figura del enólogo rockstar, que en un momento estuvo bastante de moda. ¿Qué opinás de eso? ¿Creés en esa figura?
-Creo que eso tiene más que ver con la personalidad de cada ser humano. Si alguien tiene esa personalidad, lo va a hacer aunque no esté de moda en la industria del vino. Yo particularmente soy mucho más de perfil bajo, porque me gusta más que lo que hacemos acá en la bodega demuestre quiénes somos. Y estoy seguro de que muchos de esos “rockstars” también están muy seguros de lo que hacen y lo demuestran a su manera, y está bien también.
Hoy me parece mucho más válido poner el foco en lo que está dentro de la botella que en lo que está fuera, porque hoy podés estar arriba y al día siguiente podés estar abajo, y eso te puede hacer perder de vista lo importante, que es el vino. Entonces, para mí y para nosotros, siempre el foco va a ser el vino. Y si hoy me toca estar al frente a mí, estoy muy feliz y voy a dar el 101%. Y si no me toca estar a mí en el futuro, voy a desear que la persona que esté tenga la misma idea de lo que hacemos acá.







