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De consumidor y aficionado a creador de la primera etiqueta lenticular del mercado del vino

Agustín Palazzo, fundador de Shovel Brands, irrumpió en el mercado vitivinícola con una presentación inédita en Argentina.


ENTREVISTASEl negocio del vino es conocido por su naturaleza de competencia perfecta. Si a eso le sumamos un contexto desafiante como el argentino, donde el consumo interno se contrae, destacarse en la góndola es realmente un desafío. Pero en ese panorama surgen propuestas que buscan romper con los esquemas tradicionales, como el caso de la primera etiqueta lenticular en el plano local.

El responsable es Agustín Palazzo, licenciado en Comercio Internacional, sommelier y emprendedor, quien apeló a la innovación para meterse en el negocio vitivinícola con Shovel Brands y decidió desarrollar un vino pensado desde el consumidor y no desde la lógica clásica de la industria en una línea debut llamada Inmutable.

Como lo contó en su entrevista con MDZ Online, la propuesta combina un perfil accesible -un vino fácil de tomar, orientado a un público amplio- con un fuerte diferencial en su presentación. Esto se da a través de una etiqueta con tecnología lenticular, es decir, que cambia dependiendo desde dónde se lo mire. Así, el producto introduce una experiencia visual que apunta a captar la atención en el punto de venta, sin necesidad de dispositivos adicionales.

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Entrevista Agustín Palazzo

-Siendo especialista en Comercio Internacional, ¿por qué decidiste tener tu propio vino?

-Soy, como bien dijiste, licenciado en Comercio Internacional, sommelier y, desde siempre, comercial y vendedor de vino. Desde ese punto creo que parte la creación de este vino. Es pensar el vino desde el consumidor y no desde la enología o desde la tradición, como acostumbra la industria. Esto partió al revés: de qué cosas valora el consumidor promedio, el que quiere tomar un vino en un asado, algo más descontracturado. Lo pensé desde ese lado, en función de lo que valora ese consumidor.

-¿Y qué encontraste en eso que valora el consumidor?

-Primero, que muchas veces está medio despegado lo que piensa un enólogo o quienes están a cargo de crear los vinos respecto de lo que valora la gente. En cuanto al vino en sí, es un vino fácil de tomar, con taninos redondos, frutado, que lo puede apreciar cualquiera sin dificultad.

Pero también, para que ese vino llegue a la mesa, tenés que generar impacto. En una góndola repleta y en un mercado en contracción, hay que diferenciarse. Ahí aparece lo interesante de la innovación.

-Ahí entra en juego la etiqueta…

-Exactamente. Es lo primero que alguien que no sabe de vino ve en una góndola. Si no tenés recomendación, muchas veces elegís por la etiqueta.

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-¿Por qué fuiste por esta propuesta?

-Es una etiqueta única en el mercado. Hice una investigación a nivel mundial y hay muy pocas. En sí, no he visto nunca un video de una etiqueta lenticular como esta.

La idea surgió de fantasear con que la etiqueta cambie o se mueva, que tenga interacción con el consumidor en la góndola. Ya hay proyectos con realidad aumentada, pero necesitás un celular. Yo quería que se mueva sola.

Entonces pensé en hacer una etiqueta con relieves verticales donde se imprima una cosa de un lado y otra del otro. Cuando vas pasando, va cambiando. Investigando, encontré que eso existe: es la impresión lenticular, como las reglas de antes.

Empecé a hablar con empresas de Estados Unidos, México y Francia. Finalmente trabajé con una de Francia. En Argentina no hay esta tecnología, así que las etiquetas se hacen en Europa. Fue todo un desarrollo, porque en definitiva es hacer algo sin tener referencia local.

-¿Cómo impacta eso en los costos?

-Me sorprendió porque, incluso sin impuestos, sería más barata que muchas etiquetas locales. Con impuestos, queda más o menos en línea con una etiqueta de gama media-alta, con terminaciones como stamping. No es más caro que lo que ya existe en el mercado.

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-También hablás de una historia detrás del producto…

-Sí. Para mí hay tres pilares: que el vino sea apto para un amplio perfil de consumidor, que tenga impacto en la etiqueta y que tenga una historia.

En este caso, “Inmutable” juega con una paradoja: la etiqueta cambia, pero habla de lo que no cambia. Representa el paso del tiempo y lo que permanece en la vida de una persona: la familia, amistades, pasiones.

La idea es que cada vino represente una persona distinta. Hoy es un Malbec. El próximo va a ser un Cabernet Franc, con otro perfil, más bohemio, con otras motivaciones. También define el estilo del vino.

-¿Qué considerás que es la clave de la innovación hoy en el vino argentino?

-Depende a quién le preguntes. Puede ser en prácticas enológicas, en la presentación o en la forma de venta.

En mi caso, fue lograr que se destaque en góndola y que invite a una experiencia de consumo más inmersiva. No necesitás un celular: la etiqueta cambia sola. Me ha pasado que la gente se queda mirando y tratando de encontrar qué cambia. Hay alrededor de 13 cosas distintas.

-¿Cómo fue la respuesta del mercado?

-Muy buena, a pesar de que llegamos en un mal momento. El vino estuvo listo el 20 de diciembre, cuando las vinotecas ya están llenas. Pero entre enero y febrero se vendió toda la primera partida. Ahora fraccionamos otra y estamos con una producción de 2.000 botellas, creciendo de forma gradual.

-¿Qué perspectivas ves en la industria?

-Es un momento complejo, pero hay oportunidades. Brasil, por ejemplo, es un mercado cercano donde el consumo está creciendo. Ya tenemos contactos con importadores.

Creo que más bajo de lo que estamos no puede caer, así que lo que viene debería ser hacia arriba.

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-¿Cómo llegaste al mundo del vino?

-Hace casi diez años trabajaba en la industria petrolera. Era algo muy frío y poco apasionante. Me gustaba el vino, pero no sabía nada. Cuando entré al sector, me gustó muchísimo. Empecé a trabajar en comercio exterior con bodegas y me di cuenta de que necesitaba formación, así que estudié sommellerie para poder hablar el mismo idioma que los importadores.

-¿Cómo sigue tu proyecto?

-Estamos desarrollando un portfolio de cuatro vinos en esta línea. Después habrá una línea reserva con tres vinos, con blends más potentes y otros más suaves. Y un vino ícono para completar el portfolio.

-¿Cómo está compuesto tu equipo?

-Somos básicamente yo, con la ayuda de mi novia. Es un proyecto muy a pulmón.

-¿De dónde viene la uva?

-De Ugarteche, en la primera zona. Es un suelo arcilloso, con buena retención, una zona muy representativa del Malbec argentino.

-¿Qué desafíos encontraste al emprender?

-Principalmente el financiamiento, porque es todo autofinanciado, y la resistencia al cambio. Hay gente que acepta lo nuevo y otra que no. Pero por ahora la respuesta viene siendo muy buena, así que estoy contento.

-¿La innovación en etiquetas va a continuar?

-Sí, en la línea “Inmutable” seguro. Después habrá otras líneas con diferenciales distintos que todavía están en desarrollo.