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Agustín Pesce: "El sistema financiero que conocíamos ya no existe y hay que ir a una regulación inteligente"

El CEO de Guardline, Agustín Pesce, advierte que en el sistema financiero urge a una regulación inteligente para abordar los nuevos riesgos.


El exdirector del Banco Central y actual CEO de Guardline, Agustín Pesce, analizó en una entrevista con MDZ la transformación del sistema financiero, los desafíos regulatorios, el crecimiento de los activos digitales, la prevención del fraude y el lavado de dinero, y el papel que debe asumir el Estado frente a la acelerada innovación tecnológica.

¿Qué regulaciones deberían tener en cuenta quienes desean invertir o administrar sus ahorros?

Agustín Pesce: El sistema financiero, tal como lo conocíamos, dejó de existir. La tecnología transformó todos los sectores de la economía y, particularmente, el ecosistema financiero. Aparecieron nuevos participantes, nuevas infraestructuras tecnológicas, productos innovadores y usuarios con mayores exigencias. Hoy se espera operar las 24 horas, los siete días de la semana, algo impensado hace algunos años.

Esta transformación mejoró la eficiencia y la accesibilidad del sistema financiero como nunca antes. Sin embargo, también es necesario comprender qué está ocurriendo. La posibilidad de realizar pagos internacionales en segundos y a costos muy bajos, junto con la interoperabilidad entre bancos, fintech, proveedores de servicios de pago, exchanges de criptoactivos, agentes de mercado y bancos digitales, modificó completamente el funcionamiento del sistema.

Esa mayor oferta implica más oportunidades, pero también nuevos riesgos. ¿Cómo deben enfrentarse?

Toda redefinición del sistema financiero genera nuevos riesgos. La incorporación de nuevos actores y la interoperabilidad favorecieron un fenómeno conocido como arbitraje regulatorio.

Muchas personas ingresan al sistema a través de entidades con requisitos de acceso más flexibles. Esto tiene un aspecto positivo porque amplía la inclusión financiera, pero también abre oportunidades para que organizaciones criminales intenten introducir activos de origen ilícito en el sistema financiero.

A ello se suma el incremento de las estafas. El avance tecnológico facilita nuevas modalidades de fraude, como la suplantación de identidad o la falsificación de operaciones. En consecuencia, existe una brecha cada vez mayor entre la velocidad de la innovación y la capacidad regulatoria de los Estados.

¿Quiénes son esos reguladores?

Principalmente los bancos centrales, las unidades de información financiera, las comisiones de valores y los organismos supervisores del sistema financiero.

¿Qué deberían hacer frente a esta nueva realidad?

En primer lugar, comprender la magnitud de la transformación. A partir de ese diagnóstico es posible desarrollar una regulación inteligente, que proteja al usuario y preserve la integridad del sistema financiero sin obstaculizar la innovación.

El Estado debe concentrarse en dos objetivos fundamentales: prevenir el lavado de activos y los riesgos sistémicos, y proteger a los usuarios. Existen estándares internacionales que sirven como referencia para avanzar en esa dirección.

En Argentina hubo un importante proceso de desregulación financiera en los últimos años. ¿Cómo se relaciona con este escenario?

Lo que se eliminó fueron regulaciones que no respondían a criterios prudenciales, sino a restricciones destinadas a contener problemas macroeconómicos. Eran regulaciones que limitaban la libre circulación de capitales y el ejercicio de derechos básicos de los usuarios.

Otra cuestión distinta es la regulación prudencial. Allí el Estado debe concentrarse en evaluar la solidez de los nuevos participantes, su capacidad patrimonial y su aptitud para responder ante eventuales situaciones de estrés financiero.

Hoy existen numerosas alternativas de inversión, desde bancos hasta plataformas fintech y criptoactivos. ¿Qué debería considerar un usuario antes de elegir?

El concepto de inclusión financiera quedó superado. Según el último informe de pagos minoristas del Banco Central, cada argentino posee, en promedio, ocho cuentas financieras. La accesibilidad al sistema es muy elevada.

El desafío actual es profundizar esa inclusión mediante educación financiera. Los usuarios necesitan comprender mejor los productos que utilizan para tomar decisiones más informadas.

¿Cómo puede identificarse a una plataforma confiable?

Es recomendable optar por entidades sólidamente reguladas. Los bancos continúan siendo una referencia en ese sentido, aunque dentro del universo fintech también existen diferencias importantes. Hay empresas con elevados estándares regulatorios y otras con menores niveles de supervisión.

Por eso, el regulador debe monitorear permanentemente a los distintos participantes para garantizar que cumplan las condiciones necesarias para operar con seguridad.

Guardline trabaja justamente en ese aspecto. ¿Cuál es su función?

Nuestra tarea consiste en fortalecer los sistemas de monitoreo de entidades reguladas para prevenir el lavado de activos y el fraude. Brindamos herramientas que permiten cumplir con los estándares regulatorios nacionales e internacionales y mejorar los mecanismos de detección de operaciones sospechosas.

¿Eso también protege al cliente?

Indirectamente sí. El usuario muchas veces no percibe esos procesos, pero cuanto más robustos son los controles internos de una entidad, mayor es la protección frente al fraude y al lavado de activos.

¿Cómo evalúa la situación de Argentina en materia de prevención del lavado de dinero?

Argentina tuvo una evolución significativa. En 2010 integró la lista gris del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) por deficiencias en el cumplimiento de los estándares internacionales. Años más tarde llegó incluso a presidir ese organismo.

Actualmente, junto con Brasil, se encuentra entre los países más avanzados de la región tanto en innovación financiera como en regulación. También presenta un elevado nivel de desarrollo en sistemas de pago y en mecanismos de prevención del lavado de activos.

Sin embargo, la reiteración de regímenes de blanqueo puede afectar la cultura del cumplimiento tributario

La confianza es un elemento central. Si las personas no confían en el sistema, buscarán resguardar sus activos fuera de él. Para revertir esa situación es necesario consolidar un sistema sólido, reglas fiscales razonables e instituciones confiables.

No existen países desarrollados cuya riqueza se canalice de manera permanente hacia el exterior. Los países que prosperan cuentan con instituciones fuertes y reinvierten internamente la riqueza que generan.

¿Qué opinión tiene sobre una eventual reforma de la Carta Orgánica del Banco Central?

No estoy siguiendo ese proceso en detalle, pero considero que toda modernización institucional que fortalezca el funcionamiento del Banco Central puede ser positiva. Es importante garantizar su independencia respecto de los gobiernos de turno y establecer mecanismos normativos que preserven esa autonomía, porque eso contribuye a fortalecer la estabilidad macroeconómica del país.