"Africanizar" el trabajo argentino: una reforma laboral antigua y anticristiana
Argentina tiene la jornada legal más larga y las vacaciones más cortas del mundo. Pero la reforma laboral de Javier Milei busca extender la jornada de trabajo.
El trabajo debe ser protegido, garantizando la dignidad humana, señaló el Papa Francisco en su encíclica Laboren Excercens.
Archivo MDZA poco de iniciar 2026 Javier Milei busca sancionar la segunda reforma laboral de su mandato y la séptima reforma laboral desde que Martínez de Hoz iniciara la cuenta en 1976. Nuevamente, como en la anterior, se trata de una extensa compilación de casi 200 artículos que lleva como título “Ley de Modernización Laboral”.
Hubiera sido de esperar que si el gobierno realmente quisiera “modernizar” la legislación laboral argentina, tomaría como base las legislaciones laborales más modernas y avanzadas del mundo, en países donde tienen los mejores estándares de vida: Noruega, Suecia, Dinamarca, Nueva Zelanda, Alemania, por solo mencionar los principales.
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Lejos de ello, el gigantesco proyecto no toma ni un solo artículo de las leyes más modernas y avanzadas del mundo. Al contrario, el proyecto parece inspirarse en la ausencia de reglas y la prepotencia que reinaba en el mundo del trabajo, antes de que fuera reconocidos los derechos del trabajo, el derecho de huelga y la libertad sindical, hace más de 100 años.
Las normas laborales más antiguas de Argentina son la jornada laboral (Ley 11.544 de 1929) y las vacaciones (Ley 11.729 de 1933). Se trata de leyes que tienen casi un siglo y que han dejado al trabajo argentino muy atrás del resto del mundo, a tal punto que hoy la Argentina tiene la jornada legal más larga del mundo y las vacaciones más cortas del mundo.
Jornadas más largas
Mientras que Argentina aún tiene 48 horas semanales, China y Brasil tienen 44, Chile tiene 42, y Estados Unidos y Japón tienen 40. Lejos de alinear la legislación argentina con las leyes más modernas del mundo que acortan el tiempo dedicado al trabajo para que las personas puedan dedicar su tiempo a la familia, la educación y el cuidado de nuestros niños y niñas, la capacitación y el esparcimiento, el proyecto de Milei busca alargar aún más el tiempo dedicado al trabajo (banco de horas, le llaman), empeorando así incluso las leyes laborales más antiguas y desfasadas de nuestro país.
El proyecto establece un fondo estatal enorme, llamado FAL, para subsidiar los despidos, pagado con la plata de las jubilaciones y del sistema de salud. Reduce severamente el poder de negociación de los trabajadores frente a sus empleadores, prohibiendo en los hechos el derecho de huelga (en caso de huelga estaría obligado a trabajar el 75% del personal), obstaculizando las asambleas de personal y reduciendo a un mínimo la financiación de los sindicatos. ¿Dónde está la modernización?
Pensar en la IA
Si el proyecto quisiera modernizar el trabajo, debería pensar en la IA. También pensar en la ciencia y la tecnología, y la capacitación de los trabajadores para producir bienes y servicios de alto valor agregado. Pero el proyecto no dice ni una palabra sobre esto y por el contrario, el gobierno insiste en desfinanciar la educación y la investigación en ciencia y tecnología.
"Africanizar" el trabajo
No es un proyecto de modernización. Es un proyecto de eliminación de todos los derechos establecidos por la modernidad en el último siglo y de reducción de la capacidad de negociación de los trabajadores, desprotegiendo al trabajo argentino frente al capital, que se vuelve cada vez más poderoso y arbitrario.
Se ha dicho que se trata de un proyecto de “africanización” del trabajo argentino, que toma como modelo las antiguas prácticas del capitalismo salvaje, impuestas en los países más pobres del mundo. Finalmente, hay que decir que se trata de un proyecto inmoral y profundamente anticristiano. P
Para la Doctrina Social de la Iglesia el trabajo tiene un componente sagrado, porque une al hombre con la obra creadora de Dios. El trabajo debe ser protegido, garantizando la dignidad humana. Como si fuera un mensaje al actual gobierno argentino, el Papa Juan Pablo II, en su encíclica Laboren Excercens, sostuvo:
“Se debe ante todo recordar un principio enseñado siempre por la Iglesia. Es el principio de la prioridad del ´trabajo' frente al 'capital'. Este principio se refiere directamente al proceso mismo de producción, respecto al cual el trabajo es siempre una causa eficiente primaria, mientras el 'capital', siendo el conjunto de los medios de producción, es sólo un instrumento o la causa instrumental. Este principio es una verdad evidente, que se deduce de toda la experiencia histórica del hombre”.
“Modernizar” nunca puede ser atar de manos al trabajo para liberar el poder absoluto de los poderosos, sino garantizar el diálogo, la negociación y el acuerdo entre el capital y el trabajo.
* Alberto “Pepe” Robles. Abogado laboralista y docente (UBA-Sociales). Director de Investigaciones del Instituto del Mundo del Trabajo “Julio Godio”.




