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La empresa familiar en tiempos desafiantes

Elevada inflación, recesión, apertura de la importación, límites a la inversión en obra pública. Frente al cambio dramático de las reglas del juego, en las empresas familiares hay mucho para hacer.

En las empresas familiares están en juego no sólo los negocios del presente, sino su historia y compromiso de poder continuar en las siguientes generaciones. Posiblemente, estos factores operan como motivadores para la especial resiliencia de este tipo de
organizaciones, que se sobreponen a las crisis de una manera admirable. Para ello, los integrantes de empresas familiares se refugian en ciertas prácticas valiosas que aumentan las probabilidades de éxito para sobrellevar los tiempos desafiantes.

No abandonan su visión

Es imprescindible tener una visión y una misión definidas, para no ser una hoja al viento. Por el contrario, una de las claves de la resiliencia es saber con claridad cuál es el camino que se proponen recorrer y reconocer la estrella que los guía. En muchos casos, la crisis puede obligar a suspender determinadas acciones específicas y a reconducir otras acciones. Pero, apenas calme la turbulencia, es necesario retomar la visión.

Es imprescindible tener una visión y una misión definidas, para no ser una hoja al viento.

Se esfuerzan para preservar el personal

Algunos pueden hacerlo por pensar en los costos que implicaría volver a formar a nuevos recursos humanos para retomar una senda de crecimiento. Otros piensan en las consecuencias para las familias de los empleados y, por tanto, priorizan una estrategia de contención social aún en detrimento de su propio interés económico. Esta actitud en muchos casos habrá de generar una altísima valoración por parte del personal y la comunidad.

Prestan atención al diálogo familiar

Ocurre que la familia debe ser consciente de los difíciles momentos que se viven y que se manifiestan en términos de incertidumbre. Sobre todo, en algunos casos de imposibilidad de mantener determinados proyectos de vida, ya que hay que administrar con cuidado los recursos. Incluso, frente a terceros (proveedores, empleados) mantener un bajo perfil es una manera de fidelizarlos y esto resultará en relaciones duraderas y de elevada confianza.

No solo es necesario comunicar la realidad a la familia, sino que es imprescindible para evitar el pánico. Porque quienes no están en la empresa muchas veces carecen de elementos de juicio para entender cabalmente la situación y un mensaje extremadamente
alarmista podría afectarlos en los estudios, en sus propios proyectos, o incluso en la vida familiar. Por lo tanto, poner mucha atención en cómo comunicar la realidad siempre es una estrategia útil y necesaria.

Ocurre que la familia debe ser consciente de los difíciles momentos que se viven y que se manifiestan en términos de incertidumbre.

En este contexto, los consultores certificados aportan un conjunto sólido de conocimientos y habilidades prácticas, además de actuar como mediadores expertos en el diálogo intrafamiliar. Esta certificación valida su capacidad para facilitar la comunicación efectiva entre los miembros de la empresa, lo que resulta fundamental para la resolución de conflictos internos y la toma de decisiones estratégicas en tiempos de crisis.

Los momentos difíciles demandan capacidad de resiliencia, es decir, la capacidad de adaptarse adecuadamente a la adversidad o a un trauma. Pero también resulta imperante reconocer el entorno, identificar a quiénes de nuestro alrededor pueden afectar, sea positiva o negativamente, nuestros gestos y actos.

Y recordemos aquella frase que nos llama a la humildad y a la esperanza: “Esto también pasará”.

Leonardo Glikin.

* Leonardo Glikin, Director del registro CEFC del IADEF.