Sergio Massa busca cerrar el acuerdo con el FMI a contrarreloj, pero aún hay cabos sueltos
En sólo algunas horas el Ministerio de Economía tomará una decisión estratégica: que finalmente vuelen a Washington el viceministro Gabriel Rubinstein y el jefe de Asesores, Leonardo Madcur, para que las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional(FMI) se cierren (o no) cara a cara con el staff del organismo.
Y que las diferencias se discutan a tiempo completo y sin intermediarios directos. Frente a los dos viajeros argentinos (y a otros locales que podrían sumarse en el vuelo de Rubinstein y Madcur) estarán presentes en el quinto piso del edificio inteligente del FMI, el director gerente para el Hemisferio Occidental, Rodrigo Valdes, y el referente del caso argentino, Luis Cubeddu. Y si todo sale bien, volará hacia la capital de los Estados Unidos, el ministro de Economía, Sergio Massa.
Casi todo está cerrado. Incluso la posibilidad de que Argentina no tenga que tener en cuenta para este año un incremento importante en sus reservas del Banco Central. Sin embargo, queda por discutir y llegar a un acuerdo en el capítulo clave que frena cualquier posibilidad de fumata, salvo que una de las dos partes se quiebre y acepte lo que exige la otra.
Para Argentina, el ritmo de devaluación del peso aplicando la estrategia de crawling peg (deslizamiento gradual y controlado del tipo de cambio) es el adecuado y estaría mostrando resultados. Y, si bien podría acelerarse, puede mostrarse que con los datos de junio se logró superar la devaluación real contra la inflación y la evolución del tipo de cambio alternativo y los dos financieros (MEP y CCL).
Para el Fondo la situación es diferente. El staff técnico del FMI considera que el ritmo de devaluación del peso contra el dólar oficial mejoró el tipo de cambio real, pero a una velocidad acumulada en el año mucho menor a la inflación, y sin poder de reacción a una evolución hacia el resto del 2023.
Visiones opuestas
La diferencia de criterio es fundamental para resolver el capítulo clave, necesario para cerrar el próximo acuerdo que reemplace el programa de Facilidades Extendidas vigente: con este nivel de tipo de cambio y de ritmo devaluatorio del oficial, es imposible que el organismo que conduce Kristalina Georgieva pueda aceptar girar unos U$S 10.000 millones para solucionar las presiones sobre el mercado local.
En todo caso, sólo se podrían negociar los vencimientos actuales y la devolución de unos U$S 2.700 millones pagados la semana pasada. Pero no mucho más. Como primera conclusión, sin acuerdo no habrá giro de los otros 1.000 millones de dólares programado para el próximo viernes.
El argumento es simple. Argentina no puede perder más dólares de sus reservas. Más teniendo en cuenta que la próxima semana se pagarán unos U$S 1.030 a los tenedores de deuda argentina emitida en dólares, correspondientes a los cupones de títulos públicos emitidos en agosto de 2020 durante la gestión del exministro de Economía, Martín Guzmán.
Sabe el FMI (y también los mercados) que la prioridad del Palacio de Hacienda es cumplir con el pago de la deuda con los privados, ya que lo último que necesita la gestión de Sergio Massa es caer en default con los mercados financieros mundiales. Menos con deuda emitida durante la gestión de Alberto Fernández. Diferente es el caso del FMI, al que se comienza a considerar en Buenos Aires como parte importante del problema y no como una ayuda o solución.
Con el problema sobre la mesa, habría llegado así el momento que el equipo económico tome una decisión política sobre el acuerdo con el FMI que deberá regir hasta fin de año.
La eterna pulseada
Justamente, este es el escenario sobre el que las partes están negociando en esta décima jornada consecutiva de discusiones; en la que, se presume, que si bien podría no ser la última, hacia el viernes podría comenzar a definirse el acuerdo final que sucederá hasta fin de año al programa de Facilidades Extendidas firmado en marzo del 2022, y que tendrá una versión ampliada hasta diciembre.
Luego, las partes ya lo saben, habrá tiempo para rediscutir la totalidad de la relación entre el país y el organismo que maneja Kristalina Georgieva, ya con el sucesor de Alberto Fernández en la Casa Rosada. Hay una novedad que se espera para las próximas horas. O días. Si bien aún no tendrá lugar el encuentro presencial entre Sergio Massa y Gita Gopinath (este se reservará para el momento final de las firmas), sí habrá reunión de máximo nivel con funcionarios de ambos bandos con capacidad de negociación y rúbricas.

El viernes pasado Argentina giró los U$S 2.700 millones necesarios para no caer en default, a la espera del cierre de las negociaciones. Las normas del organismo que dirige Georgieva no tienen tolerancia de tiempos para los países miembros que no cumplan con los vencimientos de los acuerdos vigentes, y quedan calificados en default de manera inmediata.
La situación actual del país es de negociaciones abiertas para una nueva versión del programa de Facilidades Extendidas, con metas más flexibles de reservas a acumular en el BCRA y el reconocimiento de los efectos de la sequía en las metas comprometidas ante el FMI en el acuerdo firmado en marzo del año pasado, y que hasta enero del 2022 no hubo mayores problemas en cumplir.
Desde el comienzo del nuevo programa de Facilidades Extendidas, ya se cerraron cuatro revisiones, todas exitosas en cuanto a las metas de reservas, déficit fiscal y emisión monetaria, lo que llevó a la aprobación general del 2022. Todo ahora está suspendido hasta que se llegue a una solución final, para bien o para mal.
Las partes saben que Argentina no cumplió las metas de reservas, y que las otras dos necesarias para recibir los avales pasaron a convertirse en anualizadas y no tomadas como trimestrales. Los negociadores discuten la nueva meta de reservas, mientras que las de un déficit de 1,9% para todo el año y una emisión monetaria máxima de 0,6% del PBI están en observación.


