Inflación: el Banco Central teme una suba de la carne para las elecciones
La tasa de inflación minorista mensual cedió en su medición de junio, al igual que la inflación núcleo. Sin embargo, la medición mayorista volvió a acelerarse. El equipo económico y el Banco Central de la República Argentina (BCRA) parecen no tener respiro. Si fuera por ellos “encerrarían” a la inflación en una olla a presión, por lo menos, hasta después de las elecciones generales. Pero algunos precios marcadamente atrasados, respecto de la inflación general, podrían hacer explotar la olla antes de tiempo. Es el caso, emblemático, de las carnes.
Días atrás, un informe de Macroview señalaba que entre el menú de precios estructuralmente atrasados (en los últimos 36 meses) se destacaban, de mayor a menor, los Servicios telefónicos, la Electricidad, gas y otros combustibles, el Alquiler de la vivienda, el Transporte público y el Tabaco. Pero en el ranking de precios atrasados en la coyuntura (los últimos doce meses) eran el Alquiler de la vivienda, los Combustibles y lubricantes, los Servicios telefónicos y las Carnes y derivados.
Hacían hincapié, precisamente, sobre tres precios atrasados emblemáticos: la carne (que por la sequía no hay pastos) y está más de un 25% por debajo de un año atrás, la nafta que (por Precios Justos más impuestos de suma fija) está un 20% atrasada, y los alquileres (por la ley actual) están un 22% atrasados.

De carne somos
Pero vamos a enfocarnos en el precio de la carne. ¿Por qué? Porque la semana pasada el propio BCRA se ocupó del tema en su importante Informe de Política Monetaria (IPOM) trimestral. ¿Qué dice allí?
En términos generales, adjudica a la sequía parte de la aceleración reciente de los precios de los alimentos, repercutiendo en forma directa sobre la división Alimentos y Bebidas no alcohólicas (AyB) del IPC y sobre otros agrupados vinculados como Restaurantes y comidas fuera del hogar, también de elevada ponderación en el IPC. El BCRA señala, además, que el efecto sobre el nivel general de inflación es aún más amplio si se tienen en cuenta los impactos indirectos.
En primer lugar, dice que el aumento de la inflación en los primeros meses del año, traccionado en gran medida por la aceleración de los alimentos frescos, se propagó hacia el resto de la economía al generar presiones salariales en búsqueda de la recuperación del poder adquisitivo.
En segundo lugar, que la sequía contribuyó a incrementar la incertidumbre sobre la estabilidad macroeconómica y cambiaria, presionando al alza sobre gran parte del resto de los precios de la economía durante abril y mayo, especialmente sobre los bienes. Y, por último, que la suba acumulada por el nivel general de precios en lo que va de 2023 aumentó las expectativas de inflación para el resto del año, debido al proceso de formación de expectativas.
Entonces, el mecanismo fue que la sequía gatilló una aceleración de los alimentos frescos, con efectos directos sobre los precios de frutas, verduras, carne aviar e incluso de algunos alimentos incluidos en envasados como huevos y azúcar (también las altas temperaturas habrían afectado la reproducción y alimentación de pollos).

Pero, por otro lado, la clásica aceleración de los precios de la carne vacuna, que suele comenzar entre octubre y diciembre, se demoró más de lo habitual y no ocurrió en el último trimestre de 2022, sino que se concentró sobre todo en febrero pasado, y en menor medida en marzo y abril, lo que arrastró al agrupado "Carnes y derivados", que acumuló un aumento de más del 45% en esos tres meses.
Esta fuerte aceleración de las carnes tuvo una elevada incidencia en el nivel general de inflación en la primera parte del año, sumándose a verduras y frutas. Todo esto también se trasladó a los costos del sector servicios, como por ejemplo el agrupado "Restaurantes y comidas fuera del hogar" del IPC, que acumula un aumento de más del 58% hasta junio, ritmo de suba similar al de la división AyB.
Expectativas en ascenso
Ahora bien, qué más dice el Banco Central sobre el futuro mediato: prevé una reducción gradual de las tasas mensuales de inflación núcleo ¡sin carnes! Más claro, échale agua. Dice el BCRA: la típica volatilidad de los precios estacionales, que tienden a acelerarse en septiembre y octubre, y de las carnes, influirán en el nivel general de precios.
Vale recordar que el precio de la carne pegó un salto en febrero, (*) recuperando, algo, del atraso acumulado entre julio 2022 y enero 2023. Pero luego volvió a retrasarse, y según Macroview está un 19% por debajo del nivel de febrero pasado y un 27% con relación a junio 2022.
Pero habrá otro factor que complique la ansiada desaceleración inflacionaria: el ritmo de suba de los salarios nominales implícitos en las paritarias recientes y las elevadas expectativas de inflación. Lo que el BCRA observa es que hay un acortamiento de los plazos contractuales y un aumento en la cantidad de tramos de incrementos otorgados. Al respecto, anticipa que la caída del salario real registrado en los primeros meses del año genera presiones al alza para las renegociaciones que se darán durante el segundo semestre.
A favor juega una ligera desaceleración de los precios regulados, tras la actualización de las tarifas de los servicios públicos que se verificó en el primer semestre.
Por lo tanto, los que saben advierten que cuando haya pastizales, o sea, alimento para el ganado, el precio de la hacienda volverá a reaccionar. Para algunos, entonces, hoy estoquear carne podría ser una “opción de inversión” a los pesos excedentes. Veremos si se aparece otro Viejo Vizcacha que le escupa el “asado de la inflación” al ministro Massa.

