ver más

Acuerdo FMI: se juega en tiempo de descuento para evitar el default

La undécima semana de arduas negociaciones con el organismo financiero multilateral se centra en las metas incumplidas por la Argentina y en cómo hacer para dejar correr el tipo de cambio oficial, sin que impacte en la inflación y en el blue, lo que resultaría en una reducción de la brecha.

Undécima semana de negociaciones. Y el comienzo de las últimas tres de negociaciones, antes que el país o bien llegue a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para cerrar el ya demorado nuevo acuerdo, que sucederá, al menos en su contenido de metas obligatorias, al vigente hasta abril programa de Facilidades Extendidas. O de lo contrario, entrar en proceso de default.

El nuevo límite de tiempo es el lunes 31 de julio del 2023, cuando el país deba pagar unos U$S1.300 millones, dinero que no tiene ni tendrá. En definitiva, será un compromiso que se cumplirá si hay acuerdo. Si no, habrá que hablar con el FMI en términos de supervivencia de la relación, hasta que en diciembre haya otro jefe o jefa de Estado.

Se definirá en estas horas si se verán las caras en la sede del organismo en Washington, el viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, y el jefe de asesores, Leonardo Madcur, por el lado de los funcionarios argentinos, y el director para el Hemisferio Occidental Rodrigo Valdes y el encargado del caso Luis Cubeddu.

Los cuatro se podrían encontrar por primera vez en el 2023, ya que para el chileno, que maneja la región donde se ubica Argentina, será su debut total en estas complicadas negociaciones, dado que asumió formalmente su cargo el primero de mayo pasado.

Si todo sale como se espera, para el fin de semana o la próxima viajaría a Washington el ministro de Economía, Sergio Massa, para reunirse con la número dos del organismo, la norteamericana, Gita Gopinath. Si hay fumata blanca, será para el argentino un hecho más de la campaña política y un mensaje sólido y directo para el "Círculo Rojo" y su visión general sobre el futuro de la economía argentina, imprescindible en la campaña política. Lo mismo, pero por la contraria, si no hay acuerdo. 

Por lo que se sabe, lo que continúa en negociación es la secuencia de pagos y retribuciones desde Washington, con las nuevas metas anuales de déficit fiscal, reservas del Banco Central y emisión monetaria, que suplantarán a las vigentes en lo firmado en marzo del año pasado por Martín Guzmán.

Menú a la carta

La información que se busca en Buenos Aires es que el FMI será muy flexible en el caso de las reservas, reconociendo las consecuencias de la sequía en los ingresos de dólares del primer semestre del año. Pero será difícil que haya una disminución sustancial en el déficit del 1,9% exigido originalmente, y mucho menos que haya menos presión en la exigencia de una emisión monetaria del 0,6% para todo el 2023.

La buena noticia es que la medición de objetivos sería ahora anualizada y no fiscalizada por trimestres, con lo que el próximo examen serio que tendría que aprobar Argentina se daría en febrero de 2024. Obviamente, cuando otro presidente esté en la Casa Rosada, con un poder renovado para discutir y negociar un nuevo acuerdo de largo plazo. 

El Banco Central de la República Argentina avanza con la estrategia de deslizar gradualmente el tipo de cambio oficial.

Economía promete ahora al FMI una baja en el ritmo inflacionario de junio (dato que se conocerá el jueves 13), con un nivel general inferior al 7%, lo que implicaría que el tipo de cambio, aunque sea de una manera escueta, mejoraría.

Para Economía este esquema de crawling peg (deslizamiento gradual y controlado del tipo de cambio) es efectivo y en el segundo semestre le permitiría lentamente recuperar bastante de la brecha cambiaria contra los financieros y el blue, sin necesidad de aplicar una devaluación importante a manera de shock, tal como reclama el Fondo.

Probablemente, el dúo Valdez- Cubeddu no acepte la propuesta y exija un compromiso mayor. Habrá que ver medidas alternativas, como impuestos a las importaciones o cambios en la política cambiaria para el ingreso de divisas, cuestiones que Rubinstein maneja con prudencia absoluta. 

Devaluación vs inflación

El equipo de Sergio Massa muestra que la evolución del tipo de cambio desde el comienzo de la primera corrida y con un dólar oficial inicial de 220 pesos, reconociendo, sin embargo, que esta aplicación de crawling peg tiene una velocidad inferior al retraso cambiario acumulado, y que desde el FMI se reclama un mínimo de actualización de entre el 25 y el 30% (dependiendo del valor temporal que se tome), lo que dejaría a la estrategia oficial a mitad de cambio.

En el Gobierno se pretende despejar el escenario de endeudamiento externo con organismos, pero hasta el momento sin resultados concretos.

Desde el equipo económico se contesta que era imposible en épocas de turbulencias aplicar una devaluación gradual con un ritmo superior, y que si hacia delante se espera cierta estabilización inflacionaria, se podría acelerar el tipo de cambio oficial, recortando ese 15% porcentual restante. Pero con un cronograma que incluya todo el año como escenario. 

Los negociadores del organismo que conduce, Kristalina Georgieva, que discuten con los funcionarios del Ministerio de Economía la manera de solucionar la dialéctica de la política cambiaria, el capítulo que resta cerrar para terminar de acordar las cláusulas del nuevo programa de Facilidades Extendidas, miran con atención (al menos eso es lo que se percibe en Buenos Aires), la manera en que en las últimas jornadas la devaluación del peso en la versión oficial le ganó algo de terreno al Blue y los dólares financieros.

Y cómo la brecha bajó de debatirse a un 100% a menos de 80% (dependiendo del precio de la divisa que se tome). Según los funcionarios argentinos, se estaría cumpliendo la promesa de activar una revaloralización del oficial contra los dólares libres. Según el FMI, está bien pero no alcanza.