El Fondo puso el dedo en la llaga y se lo hizo saber a Sergio Massa
La reciente crisis cambiaria no solo aceleró los tiempos, sino que modificó la partitura de la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Un nuevo round ha comenzado. Los funcionarios del equipo económico que desembarcarán en Washington van con un ánimo bipolar. A sabiendas de que pese a los tirones de oreja que se llevaron en los últimos encuentros, vuelven con algunas tareas todavía pendientes. Una de ellas involucra a una insospechada fuente de erosión de las reservas internacionales del Banco Central (BCRA).
Era de cajón. Todo el mundo venía hablando de ese tema desde el año pasado. Algo tenían que hacer. Pero al parecer optaron, por ahora, por patear la pelota afuera y postergar la definición. Ahora habrá que ver si esta vez la presión del Fondo obliga a ir limando ciertas picardías.
En uno de los últimos encuentros que compartieron funcionarios de Economía, con Sergio Massa a la cabeza, con los técnicos del FMI durante las reuniones de primavera del Fondo y del Banco Mundial en la capital estadounidense, la atención de los jerarcas del organismo financiero internacional se posó en un inquietante número: la salida de divisas vinculadas con el pago de fletes y seguros, pero sobre todo, el costo del transporte.
"Pero ministro (Massa) ¿qué pasa en Argentina, que por ejemplo en los últimos seis meses el gasto en fletes y seguros no cae como en el resto del mundo? En el mundo cae y en Argentina sube”, le cuestionaron los funcionarios del Fondo al ver los números del Balance Cambiario del BCRA.
Para los que peinan canas es una historia conocida, la subfacturación y la sobrefacturación, maniobras propias de tiempos turbulentos y de controles cambiarios, que emergieron a la luz, allá por los ’70 y que reaparecieron, con mayor o menor intensidad, en todas las décadas posteriores. Claro que con los avances tecnológicos y económicos desde los ’80 y ’90, las maniobras se fueron también aggiornando.
Efecto pandemia
No hay dudas que la pandemia tuvo efectos en los costos de transporte y logística. Sobre todo, a lo largo del primer año. Pero luego el mundo fue recuperando la normalidad y las cosas se fueron reacomodando y ajustando. Sin embargo, en Argentina no tanto.
Los técnicos del Fondo vieron que los egresos por pagos de fletes habían pasado de niveles de US$ 1.260 millones a US$ 1.360 millones en promedio por año durante la gestión de Cambiemos, previo a la pandemia, a US$ 1.720 millones en 2020 y luego a casi US$ 3.200 millones en 2021.
Huelga mencionar que como en todo el mundo el flujo de embarques se redujo drásticamente, o sea, se importó menos a raíz de las férreas cuarentenas iniciales y luego el comercio también descendió con el menor nivel de actividad global.

Claro que luego sobrevino la guerra en Ucrania, pero no solo los costos del transporte ya se habían ajustado a niveles casi prepandemia, sino que el conflicto no impactó significativamente en los fletes internacionales. Ya los puertos no estaban abarrotados de barcos estacionados, la menor oferta de containers se había corregido y los precios habían vuelto a cierta normalidad.
Sin embargo, mientras en Argentina el cepo cambiario y las restricciones se seguían extendiendo y ampliando, el gasto en fletes continuó aumentando. Veamos.
Calculadora en mano
El año pasado por fletes se fueron casi US$ 4.400 millones. Un 36% más que el año anterior, que ya había crecido un 86% respecto del 2020. Qué está pasando, preguntaron los del Fondo. Hay menos importaciones, pero los fletes suben y encima los costos internacionales han bajado.
Por eso no extrañó que en medio de la crisis, una de las medidas anunciadas por el BCRA, tímidamente, fue la de obligar a financiar por 60 días el pago de la importación de servicios profesionales y de fletes entre empresas vinculadas (más la autorización previa para el pago de intereses en deuda intraempresas). El objetivo, postergar pagos en divisas por US$ 2.000 millones hasta fin de año.

Vale señalar que, por ejemplo, los ingresos de divisas en concepto de fletes, prácticamente, no han cambiado, se mantienen en el orden de los US$ 200 a 250 millones anuales. Curioso, como si los costos subieran afuera y acá no.
Hace tiempo que se venía hablando de ciertas picardías en el pago de los fletes al exterior. No son sumas siderales, pero en medio del desierto cambiario, donde no se encuentra un dólar, todo billete vale oro. Tarde o temprano alguien le deberá poner el cascabel al gato.
Conocedores de las conversaciones entre Economía y el Fondo consideran que el próximo paso sería ir devaluando por el lado de la demanda, ya no solo por el lado de la oferta como con el dólar soja, sino, por ejemplo, esos pagos en divisas por fletes y seguros vayan por ese tipo de cambio de $300. Veremos con que se vuelven de Washington en las alforjas. Un dato a cuentas, el saldo negativo de fletes y seguros es casi la mitad del déficit del sector servicios del balance cambiario anual.

