Opinión

Lo que dejó el apagón: ¿por qué tenemos cortes de electricidad?

Cada verano (y el de este año viene extenso) la misma noticia inunda los portales, los canales de televisión y las tapas de los diarios: cortes masivos de electricidad en diversas ciudades argentinas. Julián Gadano es exsubsecretario de Energía Nuclear y opina en MDZ sobre este tema.

Julián Gadano jueves, 9 de marzo de 2023 · 13:00 hs
Lo que dejó el apagón: ¿por qué tenemos cortes de electricidad?

Gente que se queda sin un servicio que es básico, como es la electricidad, que permite acceso a otros bienes y servicios tan o más básicos. Es, definitivamente, un problema. Un problema para la gente que se queda sin esos servicios básicos, para los comercios que pierden días de trabajo (y quizás mercadería) y para la industria que debe dejar de trabajar o pagar energía más cara, generada por sus propios medios. Se desprenden de esta problemática dos preguntas: ¿Por qué ocurren los cortes? ¿Cómo puede resolverse?

Lamentablemente, la respuesta no es tan simple, porque la causa no es única. Desde el Gobierno se suele afirmar que las razones de los cortes de luz son la temperatura extrema y la mala suerte. Esto además de, por supuesto, “la pesada herencia recibida de Macri”, argumento que a tres años y tres meses de comenzada la actual administración, no vale la pena tomar en serio.

Suponer que la temperatura extrema es “la” causa de los cortes es como decir que un avión se cayó por efecto de la ley de gravedad. Hay que buscar otras causas.

La realidad es que tampoco podría decirse “el Gobierno es culpable de todo”. Ningún gobierno es un alma bella, al que sólo le pasan cosas por causas externas, ni tampoco el responsable de todas las plagas de Egipto. La realidad no es ni blanca ni negra, sino un matiz de grises.

Pongamos entonces el foco en el matiz de grises, para entender un poco qué pasa, cuando pasa. El sistema eléctrico argentino, a grandes rasgos, está compuesto de tres partes: generación de electricidad (es decir, las plantas que, con alguna tecnología, generan la energía); transporte mayorista (las redes de alta tensión) y distribución minorista (las distribuidoras que “bajan” la tensión y distribuyen la electricidad a nuestros hogares).

Suponer que la temperatura extrema es “la” causa de los cortes es como decir que un avión se cayó por efecto de la ley de gravedad. Hay que buscar otras causas.

Solemos asociar la provisión de energía eléctrica con la distribuidora, ya que de éstas somos clientes y a éstas les pagamos. Lo que significa que cuando tenemos cortes puteamos a Edesur, Edemsa, Epec, Calf, etc. Pero lo cierto es que la razón puede estar en cualquiera de las tres etapas.

Puede haber una caída o desconexión de algún generador grande de manera inesperada, una caída de una o varias líneas de alta tensión, o un problema en la distribución. De hecho, puede producirse un efecto cascada en el que un problema en las redes de alta tensión “arrastra” a plantas de generación, que se desconectan de la red cuando reciben información de problemas de tensión.

Eso es exactamente lo que ocurrió el pasado 1 de marzo. Probablemente por efecto de la combinación de las altas temperaturas más la sequía, se quemaron pastos secos. El aire caliente produce que suba hollín, que es un buen conductor de electricidad, y eso genera el riesgo de que se arme un arco voltaico que termine en corto circuito.

Para evitar eso, las líneas probablemente se desconectaron automáticamente, en forma preventiva. Se cayeron muy rápidamente cuatro líneas, la última de las cuales produjo la desconexión de la central nuclear Atucha I, y luego terminaron saliendo líneas en el sur del país. Todo eso en un contexto de alta demanda y en un sistema de transporte que no tiene mucha capacidad de aguantar caídas bruscas cuando está sobredemandado. No tiene -digámoslo así- mucha reserva.

Resultado: un sistema que se partió en dos, con la parte centro y el sur del NOA en apagón casi total. Siguiente pregunta: ¿Puede evitarse eso? ¿O debemos resignarnos a que durante 30 días al año tenemos que entregarnos a la suerte de que no nos toque a nosotros?

En primer lugar, hay que decir que no necesariamente tiene que ocurrir todos los años un apagón masivo, causado por las redes de alta tensión. En segundo lugar, que no todos los problemas de falta de suministro son causados por caídas en el sistema de transporte. Algunas redes de distribución minorista son un desastre, debido a años de falta de inversión, pero eso es tema para otro artículo.

Y, en tercer lugar, por supuesto que puede evitarse. Suele haber una solución tecnológica para la gran mayoría de los problemas, pero casi siempre esa solución suele tener un costo. Los sistemas eléctricos de los países desarrollados cuentan con sistemas redundantes que, frente a caídas de líneas importantes o efectos en cadena, permiten seguir funcionando bien.

Simplificando un poco, sería como contar con una colectora vacía para cuando la autopista colapsa porque vuelca un camión a las 6 de la tarde de un día de semana, y solucionamos el problema mandando todos los autos a la colectora.

Terminamos entonces con otra pregunta. La inversión para tener esa “colectora para 30 días al año” es de alrededor de US$ 15.000 millones. Una moneda, dirían en el barrio. Y, por cómo está diseñado el sistema eléctrico argentino, esa inversión la tiene que hacer el Estado, o sea nosotros, los contribuyentes. ¿Queremos hacer esa inversión para contar con sistemas redundantes, es decir, con la colectora vacía? Suena mucho y la realidad es que es un debate válido.

Pero lo termino con un dato: ese monto es el que se gasta por año (sí, cada año) en subsidios a la generación de energía, para que paguemos todos (no sólo los que lo necesitan) tarifas muy por debajo del costo de generación. Prioridades y lujitos que se dan algunos gobiernos en Argentina. Poniendo las cosas en perspectiva, quizás valga la pena considerar el tema.

Julián Gadano, director de Energía, Política y Seguridad Nuclear de la Fundación Argentina Global.

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